sábado, 6 de junio de 2015

La trashumancia pincelo este paisaje




Pinares, acebedas y frondosas emboscan el Arroyo la Toba







Se adentra “el viajero” por otra vereda poco transitada, con infinidad de historias guardadas en cada recoveco de la misma, en cada construcción olvidada o entre los bosques de este nuevo paisaje… Pero lo hace hoy con esperanza e ilusión revitalizada, como hacía tiempo que no tenía, el resultado de las elecciones celebradas el domingo 24 de mayo, han puesto una “bocanada de aire renovado y fresco” en un ambiente social que era asfixiante: al hedor insoportable de la corrupción ha impregnado innumerables ámbitos  de las diferentes administraciones, hay que sumar la sensación que empezamos a tener de estar siempre bajo sospecha (fiscal, laboral, policial,… ), según el grado de discrepancia con el gobierno, y a merced del juicio arbitrario de quien tenga que interpretar las diferentes acciones de los ciudadanos. Todo lo cual ha hecho crecer un sentimiento, extendido, de ninguneo a las personas por parte de los políticos gestores de los diferentes gobiernos… Espero que esa “bocanada de aire renovado y fresco” tome fuerza y evolucione hacía una brisa mantenida, envolvente, cautivadora, que sume cada vez mas ciudadanos a estos nuevos proyectos, que han crecido como fruto de aquella dinámica floración que fue el 15M, y que apuestan por formas diferentes de relaciones sociales, económicas y productivas y medioambientales…



Aprovechemos pues los buenos aires que han empezado a soplar para ponernos en camino y conocer este rincón del Valle del Najerilla, que hoy va a recorrer “el viajero”, un paisaje difícil de valorar, a juzgar por el título y subtítulo de la columna, que pueden parecer contradictorios: pues si bien el pastoreo intensivo de etapas anteriores deforestó las laderas de estos valles, favoreció el modelado de amplias extensiones de pastos montanos y relego a las cabeceras y al fondo de estos mismos valles la presencia del bosque original;  no es menos cierto que, en la actualidad, resulta complejo observar el discurrir de las aguas del Arroyo la Toba, salvo en el tramo final, pues se oculta bajo una densa cobertura arbórea que cambia con la altitud y solo es delatada su presencia por escucharse con insistencia el atropellado susurro de sus aguas en el descenso.
El sendero tiene su comienzo en un puente de piedra, proporcionado con el Rio Canales que permite vadear, y encontrareis frente a una nave ganadera localizada a unos  500 m. de la salida de Canales de la Sierra, donde dejó “el viajero” el coche, por la LR-113 en dirección a Villavelayo. Franqueado el puente se encuentra un rincón de potenciales encantos: Un cruce de tres caminos bajo la arboleda, dos puentecillos más de humilde factura sobre el ya terminal Arroyo la Toba y una rica colección de arbustos que acompañan al conjunto; encantos que no acaban de mostrarse por la falta de mimos que sufre la mampostería de los puentes o el abundante ciemo que tapiza los caminos y el entorno.



Toma la vereda que remonta el riachuelo por la empinada margen derecha, no cruza ninguno de los dos puentecillos como lo hizo en primer intento y le costó la pérdida de unos veinte minutos, hasta comprobar que estos senderos por la margen izquierda se alejaban cada vez más del Arroyo la Toba. La vereda se estrecha, descarnada, poco transitada, asciende con rapidez por la ladera y se porta como un mirador colgado sobre el tramo final del río. Sus aguas reciben ahora las cálidas caricias solares que apenas conocían, solo rayos tamizados que lograban escurrirse entre el enramado de la cúpula arbórea, bajo cuyo amparo ha descendido. Llega la senda aun camino de mayor entidad, una pista forestal que nace en el mismo pueblo de Canales, toma dirección suroeste, y llega a las proximidades de la Ermita de San Juan…



Camina garboso hasta un primer conjunto de “cerradas” (1) en ruinas, sin techumbre, donde guardaban los rebaños proliferan ahora los matorrales y sestean al abrigo los lagartos verdes. Han plantado en su idílico entorno junto al arroyo numerosos árboles frutales silvestres (cerezos y ciruelos) y protegido su tronco estirado con un mallazo cilíndrico, son ramoneados sin tregua los brotes que salen del mismo y solo crecen sin castigo sus cabelleras. Simula el conjunto un paseo de vistosas esculturas vegetales muy sugerentes que le invitan a modificar el recorrido y adentrarse en él. Cruza otro puente, carente de todo interés constructivo y paisajístico, donde encuentra una enorme cruz de hierro junto a la pista, indicativa de la dirección a tomar para llegar hasta la Ermita de San Juan… de Mata, como la he encontrado nombrada en algunas referencias,… no creo que por estas tierras tuvieran fervor al Santo francés del S.XII canonizado con este nombre, mas bien me inclino a pensar que, dada la existencia de una Cruz de Malta esculpida en la clave del arco de la portada de la ermita, será San Juan Bautista el santo venerado, y que fue algún caballero de la Orden de Malta(2), vinculado a estas tierras, quien la mando construir en 1767.





Con estas cavilaciones llega “el viajero” a la recoleta Ermita de San Juan, allí subían los mozos a las novias “la mañana de San Juan” en las caballerías enjaezadas para tal motivo a honrar al santo en la romería, novias que habían encontrado la tarde anterior su balcón o ventana adornado con las “enramadas” (3)… Los canaliegos también acudían a las proximidades de la ermita a buscar y recoger los conocidos como “espántagos” (4), pequeñas piedras de brillo metálico y forma semejante a una cruz,… que tragaban para espantar males de garganta o barriga,… no en vano las llamaban algunos “lágrimas de San Juan”. Percibe decadencia, y dejadez, en la pequeña ermita y vuelven a su cabeza los fantasmas que le acompañan: no puede entender que estas bellas historias escritas en los paisajes, cuyos textos son estos elementos dispersos en ellos, no se mimen y mantengan como oro en paño,… y solo se lo explica, tristemente, si reconoce que en este país la cultura no se considera una inversión rentable, sino mas bien un gasto de escaparate, y solo aconsejables los dispendios allí donde goza de los favores del público. Pues eso se considera la cultura,… dispendios. Espera “el viajero” que la “bocanada de aire renovado y fresco” sea capaz de gestar un proyecto educativo de calidad, y por fin de consenso, que es, a fin de cuentas, una de las necesidades básicas de este país nuestro…

  

Deja atrás este sugerente rincón, pues es mucho el sendero que resta, o la falta del mismo como ahora ocurre, aunque el objetivo es meridiano, alcanzar el collado que corona este valle. Desde allí se percibe con claridad la deforestación radical que sufrieron, durante el auge de la trashumancia estas laderas, y como en el presente la fuerte disminución de la presión ganadera propicia la recolonización de los pastizales por aulagas, escaramujos, espinos albares o enebros, que confieren al paisaje esta especial textura que ahora contempla desde este paso sin nombre, a 1.321 m. de altitud. Se mueve hacia el sur por los dominios de este otero y se topa con una de las más bellas panorámicas que la Demanda puede ofrecer. ¡¡¡Esplendida…!!! La Cabeza del Valle que ha labrado el Arroyo La Toba reúne tantos elementos de interés natural y humano que lo mejor que se puede hacer es sentarse a saborearlo como hace el viajero esta mañana de primavera…


Busca el descenso hasta el riachuelo en el paso entre peñas que se desploma asequible bajo sus pies y lo hace entusiasmado de la fauna y flora que encuentra, fija su atención de manera casi obsesiva en el tapiz vegetal que forman los fantasiosos acebos, algunos en flor, entre los espinos albares y los brezos blancos con detalles morados, a la vez que escucha el discurrir apresurado del Arroyo La Toba oculto bajo el tapiz… ¡¡¡Bruff…!!! ¡¡¡Coño…!!! Una perdiz pardilla levanta el vuelo a sus pies… Nunca las había visto tan cerca… No se mueve el viajero… Mira,… y remira el lugar… Desea gravar el momento en su memoria… ¡¡¡Precioso…!!!


 Ha llegado al fondo del Valle, antes, algo más alejada, levantó el vuelo el otro miembro de la pareja de perdiz pardilla… Deseaba remontar el arroyo aguas arriba, más hoy debe renunciar, es un terreno bastante agreste, solitario, él no va acompañado y por ello deja deberes para el otoño. Comienza pues el descenso. El sendero definido no existe todavía, no obstante el recorrido se muestra claro, y sin perdida, le toca elegir en cada tramo la trocha que deja el ganado, los ciervos, jabalís o corzos, que le resulte más cómoda de transitar. Sube a media ladera, pues caminar próximo al agua resulta complicado debido a la densa maraña de árboles y arbustos que la acompañan. Desde allí contempla, enfrente, las pendientes de pastos  y pedrizas que llegan al Collado de Santa Coloma, colonizadas, por las mismas razones antes esgrimidas, aquí por genistas y acebos… Se percata que tres corzos retozan tranquilamente en este nuevo tapiz. Por allí descendía la Cañada Real de Santa Coloma procedente de Burgos, que enlazaba con la Cañada Real Segoviana, y desde aquí, por el Arroyo la Toba bajaba hacia Villavelayo.


Se pone de nuevo en marcha y desciende raudo por la margen izquierda, se consolida de nuevo una senda, disminuyen los acebos y las genistas y de nuevo predominan los enebros y la aulagas junto a rosales silvestres y espinos blancos, por contra en la margen derecha una mancha boscosa de frondosas empieza a tomar forma… Así cuando llega a otro conjunto de “cerradas”, igualmente hundidas y ocupadas por los mismos inquilinos antes descritos. El bosque bajo el cual se esconde ya sin reticencias el arroyo es denso e intransitable: arces, mostajos y sauces, cornejos, boneteros, algunos fresnos y álamos de estirado figura componen esta masa arbolada. La senda por contra transita por la margen derecha, desforestada en comparación con la boscosa, y fácil de recorrer, por ello llega presto el viajero al siguiente grupo de “cerradas” en igual estado que las anteriores y ubicadas en un rincón tan idílico como los otros. 



Este espacio era el paso de la cañada y la vida de los paisanos giraba en el ámbito del ganado y sus afanes, y así lo cuentan estos paisajes olvidados se menosprecian estos retazos de la historia cotidiana y llegarán días, no lejanos que nadie hable de ellos ni los recuerden, ese día sí habrán muerto los protagonistas de tantos esfuerzos y las enseñanzas que transmitieron. Creo que nuestra sociedad tecnificada peca de soberbia y muestra desdén por estos conocimientos de antaño, por su forma de optimizar los recursos o hacer productivo el territorio… Ha retornado al cruce de la gran cruz de hierro que llevaba a la Ermita de San Juan y vuelve ahora sobre sus pasos al paraje inicial de los tres puentes.


Sigue en el mapa los pasos que anduvo "el viajero" merecen la pena... 



Notas aclaratorias:

(1)  "Cerradas": nombre que reciben en esta comarca serrana los corrales donde se cerraba por la noche el ganado y se albergan los pastores. 
(2)   Orden de Malta: el nacimiento de la Orden se remonta aproximadamente al año 1048. Mercaderes de la antigua república marinera de Amalfi obtuvieron del Califa de Egipto el permiso para construir en Jerusalén una iglesia, un convento y un hospital para asistir a los peregrinos de cualquier fe o raza. La Orden de San Juan de Jerusalén – la comunidad monástica que dirigía el hospital – se hizo independiente bajo la dirección de su fundador, el Beato Gerardo. Con la bula del 15 de febrero de 1113, el Papa Pascual II aprobó la fundación del hospital y lo puso bajo la tutela de la Santa Sede, con derecho a elegir libremente a sus superiores sin interferencia de otras autoridades laicas o religiosas. En virtud de aquella bula el hospital se transforma en orden laica religiosa.
(3) "Enramadas": en Canales de la Sierra adornos elaborados con ramas y flores, sobretodo rosas, que los novios colocaban en los balcones o ventanas la noche de San Juan.
(4) "Espántagos":  nombre que dan los canaliegos a las piritas, mineral del grupo de los sulfuros de hierro que se presenta habitualmente en cristalizaciones en forma de macla, una de las cuales se conoce como "cruz de hierro", así aparecen en el Barranco la Toba.






jueves, 30 de abril de 2015

Naturaleza e historias de viejos afanes



Simbiosis peculiar en el Arroyo del Vallaroso


Hoy compañeros, 1 de Mayo, día del Trabajo, este paisaje es para vosotros… Disfrutadlo, pues como decía el naturalista Joaquín Araujo, en una columna periodística como esta, hay pocas cosas más democráticas que los paisajes. En ellos, todos formamos parte de la obra de arte que son y a la vez somos los artistas que la modelan,… y todavía no tenemos que pagar por ello… Pero todo es cuestión de tiempo y de que sigan mandando estos gobiernos neoliberales… 



Son las tierras cornaguesas, exceptuadas las pequeñas vegas, un territorio montaraz y abarrancado, austero como pocos, que siempre ha demandado arduos esfuerzos, mañas e ingenio para hacer posibles los terrenos cultivables y sacar provecho de los rebaños de ovejas chamaritas y cabras. Tierras agradecidas cuando allá las aguas del invierno son prodigas, como así ha ocurrido este año, entonces se produce en la incipiente primavera una milagrosa  transformación: los tonos grises, pardos y verdes agrisados, que han pincelado durante el invierno un sin número de lomas, las terrazas de cultivo y las que ya quedaron baldías, o las quebradas talladas por arroyos inconstantes, han cambiado la paleta cromática con la estación estrenada y se prodiga en colores vivos y dinámicos debido a la irrupción precipitada de infinidad de diminutos labios azulados de aliento fresco y caricia aterciopelada que rebrotan de manera profusa de las ramas del romero, o la pronta respuesta, pudiera parecer que por envidia de las anteriores, de otra nueva infinidad de boquitas, doradas ahora, que emergen compactas para ocultar los tallos con aguijones de las aulagas y cuyo soplo dulzón embriaga la pituitaria de los caminantes,  hace olvidar los olores acres de la materia orgánica en descomposición por las humedades hibernales y atrae a las abejas que recolectarán en las “calzas”(1) el polen de estas flores. Contribuyen con posterioridad a la riqueza colorista de estos paisajes la floración de los tomillos, las jaras o mil variedades diferentes de plantas, las geométricas esmeraldas cerealistas repartidas en ellos o las discretas flores arracimadas de las encinas…



Parte “el viajero” del camino que nace bajo el puente de San Martín, localizado en la carretera LR-283, km. 5, donde han dejado el coche una vez cruzado el Arroyo del Cañizal por la zona de cauce encementado y habilitada para ese fin, a pocos metros de donde unen sus aguas el Arroyo del Vallaroso y el Barranco de Muro. El camino de transito fácil se empina ligeramente en dirección noroeste y discurre acercándose o alejándose del arroyo de aguas cristalinas, que se mecen ahora en un meandro de gravas finas para luego recorrer, aguas arriba, con movimientos ondulantes y caricias voluptuosas un tramo de cantos rodados y losas relamidas. Aguas que han escapado rezongonas de los paredones calizos del  Vallaroso, valioso enclave ornitológico, que las encorsetaban; aguas que son en los rebalses el paraíso de los nerviosos grupos de bermejuelas, dardos plateados guardianes del remanso, los timoratos barbos de montaña, especialistas en sobrevivir a los duros estiajes o las cada vez más escasas lamprehuelas, pequeños peces alargados y finos, diminutas escamas, hábiles en el camuflaje y en la resistencia a contra corriente,…ranas, tritones, aclara aguas, ditiscos, libélulas o caballitos del diablo son algunos de los residentes más visibles en este ecosistema acuático…



Dejan atrás terrenos aterrazados antaño, pequeños espacios acondicionados para el cultivo de trigos, avenas y centenos, tierras que se retenían mediante ribazos reforzados con paredes construidas mediante la técnica conocida como “piedra seca”(2), con piedras planas que daban gran estabilidad al muro,… terrazas ocupadas mayoritariamente en la actualidad por romeros, aulagas y tomillos.



 Están en el hábitat idóneo para currucas rabilargas y tomilleras, tarabillas o las vistosas collalbas, una comunidad de pequeñas aves que podréis  encontrar aquí, si decidís visitar este recóndito rincón esta primavera, las tres especies de collalbas existentes en nuestro país: la collalba gris, la más habitual, y la elegante y estilizada collalba rubia, rara de ver pero frecuente en este paraje, utilizan las paredes de las terrazas para anidar; y la collalba negra está presente y anida en las oquedades de algunos de los conjuntos rocosos de las laderas. En el blog http://unpastordepaisajes.blogspot.com.es/ encontrará “la chavalería” las claves para identificarlas.



Van tomando altura sobre los dos valles irrigados por los arroyos antes mencionados y en la visión panorámica resulta evidente la práctica desaparición de las tierras cultivadas, que únicamente se mantienen en los lugares más fértiles y cercanos al agua, tienden a la conversión de las mismas en grandes parcelas, lo cual  conlleva  la eliminación de ribazos y la explanación de terrenos, y observan una cierta propensión a la plantación en ellas de frutales, reservando las fincas alejadas del regadío para almendreras u olivares. De igual manera aprecian “el viajero” y su acompañante el gran número de corrales diseminados en el paisaje, testimonios mudos de la intensa actividad ganadera (lanar y caprina) que se desarrolló en estos términos, cuando, a día de hoy, resulta casi sorprendente encontrarse con un rebaño. Las abandonas majadas, camino de la ruina, nos detallan nostálgicas pero elocuentes, los afanes de los lugareños para levantarlas en los lugares idóneos, con los materiales que proporcionaba el terreno y con las técnicas apropiadas: “piedra seca” en unos lugares, “mampostería” en otros, techumbres de una vertiente, teja árabe…



Obvian ahora un cruce del camino  que toma dirección norte para remontar el Barranco de Muro y prosiguen por el que se adentra por las laderas altas del Vallaroso, transcurrido un breve espacio de tiempo sale a su encuentro un nuevo corral, tiene una almendrera cuidada en sus inmediaciones y fue probablemente el último del entorno en utilizarse,… y ha sido “la acompañante”, avezada observadora de la arquitectura popular, quien advierte la existencia de una construcción, en las proximidades, plana, circular y de ocho a diez metros de diámetro que había pasado desapercibida para “el viajero”, descubren que bajo la cubierta de hierba hay una antigua “era de trilla” (3) en excelente estado de conservación.






 En la superficie aparece una losa central redonda de la que irradian otras muchas de manera ordenada y que dibujan un gran sol enlosado medio oculto bajo la hierba. La factura de la era es magnífica, sirva como detalle, las losas clavadas en vertical que rodean la superficie de trilla, con el fin de evitar la pérdida de parva con el transito circular de las caballerías con el trillo. Por otra parte su ubicación en aquella loma facilitaba la tarea de aventar (4)  la mies trillada, pues el viento estaba prácticamente garantizado… Mas no acaban allí las sorpresas, desde la misma era donde están, se percatan de la existencia ladera abajo, encima de la cárcava por donde fluye el Arroyo Vallaroso, de otra majada con su “era de trilla” a las espaldas, con parecida construcción y resistencia al paso del tiempo. 



Estas son las historias que todavía son capaces de contar estos paisajes, historias que hablan de los afanes que ocupaban a los lugareños para optimizar sus esfuerzos y los recursos disponibles, para arrancarles a estas tierras cicateras y rácanas, agarradas, los preciados granos de trigo, avena o centeno, para transformar los pastos en las carnes tersas y jugosas de sus corderos y cabritos. Tierras hermosas y bravas, dicharacheras y amenas para el paseo, el disfrute sensorial o detenerse a escuchar las historias que cuentan… Qué mejor homenaje se puede brindar hoy, 1 de Mayo, día del Trabajo, a los artífices y conservadores de estas increíbles obras de arte,  estos paisajes naturales y humanizados, a estas mujeres y hombres que lograron sacarle producción al territorio sin destruir su riqueza natural,… que escuchar sus historias, aprender de ellas y evitar que se pierdan.



Encuentran más adelante un tercer corral, en medio otra plantación de almendros, con la “era de trilla” cercana y en lugar bien aireado. En esta los romeros y aulagas impiden describir su dibujo enlosado. Se acercan por una senda menor que desciende hasta el río a otro corral encastillado sobre él, observan ensimismados y con discreción, desde aquel mirador excepcional, a tres corzos que beben y retozan ajenos a nuestra presencia o la grácil, mas poderosa, silueta recortada en la pared caliza de la rapaz cazadora, ella no pierde detalle… Vuelven sobre sus pasos, sin bajar al arroyo a refrescarse o retornar por él al Puente de San Martín, al camino principal que continua pleno de estímulos y alicientes… Animad ahora a “la chavalería” a descubrir entre la infinidad de romeros en flor, dos curiosos ejemplares blancos que destacan en el azul dominante. 



Notas aclaratorias:

(1)  “Calzas”: llaman así, en la Rioja baja y en muchos otros lugares, a las pequeñas bolas, de entre 5 y7 miligramos, de colores que van del blanco al amarillo intenso, que portan las abejas en sus patas traseras donde tiene dos adaptaciones para esa finalidad, a modo de cestas. Son el resultado de mezclar el polen recolectado con néctar y saliva que regurgitande su buche.  
(2)   "Pierdra seca": técnica constructiva basada en el uso de la piedra para construir sin argamasa, por asentamiento, apilando o equilibrio de las mismas. Se trata de obtener una estructura estable, que perdure en el tiempo y con una finalidad.Tiene sus origines en la revolución del Neolítico.
(3) "Era de trilla": espacio habitualmente circular, empedrado o enlosado, donde se extendía la mies, bien seca, para luego pasar sobre ella, dando vueltas durante horas, las caballerías con el trillo. Solían elevarse sobre un pequeño muro para salvar las escorrentías de la lluvia y se localizaban en pequeñas lomas o collados para facilitar la labor de aventar.
(4) "Aventar": separar por acción del viento la paja del grano después de la trilla.






 Sigue la ruta que han llevado "el viajero y "la acompañante" por este paisaje de las tierras cornaguesas.





 

sábado, 21 de marzo de 2015

El cierzo huele a miel


Moncayo apadrina desde la lejanía la belleza de este paisaje




Son marionetas en las manos caprichosas de la meteorología, la floración de los almendros dependerá de todos y cada uno de los fenómenos que propician la climatología de un territorio: precipitaciones que han empapado los suelos estoicos de las plantaciones, hielos lacerantes, nieblas envolventes o vientos lisonjeros que encaran al árbol desnudo y acarician traicioneros sus ramas maduras, las generosas en yemas florales, y movilizan así la sabia aletargada en las entrañas de los almendros… Resulta difícil prever unos días de vacaciones que te permitan coincidir y asistir a este asombroso espectáculo que cada año se representa en el agraciado Valle del Cidacos y algunos otros parajes próximos a él. Por ello, al no poder concretar de antemano las fechas propicias para acudir al evento y disfrutar del mismo, la semana pasada ha sido para el “viajero” un sin vivir de idas y venidas para encontrar estas apoteosis paisajísticas, la culminación floral de miles de almendros.
Arboles austeros y sufridos donde los haya, se permiten durante quince días, de manera escalonada y desigual, un derroche tan grande de energía vital que dotan a este territorio de una belleza sin parangón. Así pues, acarreo trípodes, máquinas fotográficas, acompañantes entusiastas, y la mente y los sentidos alerta en un nuevo intento, un año más,… una vez más,… de revalorizar estos paisajes riojabajeños, con un interés humano, natural y potencialmente económico todavía sin reconocer…



El domingo de madrugada se acercó a las laderas arnedanas de Gatún, desde Valdelavía, desplegado el espléndido mosaico de almendreras, viñas y olivares entre Arnedo y Quel, y los Pirineos nevados en el horizonte, constató que habían perdido la flor los almendros cercanos a la ribera, mientras los que le rodeaban, con las yemas reventonas, permanecían sin abrir… Un par de días más tarde, con temperaturas altas de primavera, subió “el viajero” a la Fuente del Prado de nuevo a las laderas de Gatún, esta vez entre Quel y  Autol, y la floración de los almendros estaba ya de bajón, las hojas lanceoladas comenzaban a tornar verdes sus ramas pasteleadas todavía en blancos y rosas… El jueves, último día antes del cambio que restituiría a los paisajes las sensaciones invernales, se acercó al entorno de Prejano, pues también allí, en las faldas de Peña Isasa y Peña Almonte que se descuelgan hacía el Cidacos, abundan las plantaciones de almendros entre los centenarios olivares, panorámicas sugestivas que tenían como telón de fondo los cortados bermellones de Herce y Santa Eulalia. Otra vez llegó tarde para plasmar en imágenes la singular belleza de unos paisajes en los que habían confluido los numerosos campos floridos de almendros, las luces envolventes del atardecer y la calidez de los tonos carmesís de las areniscas,… solo quedaban retazos del paño florido tejido un par de días antes… le vino entonces a la cabeza el verso inicial de un poema de Antonio Machado (1) en el que manifiesta  sus desvelos en pos de la belleza…


                           “Siempre fugitiva y siempre
                            cerca de mí…”




Fue ya el sábado pasado, con el cierzo instalado en los paisajes, cuando decidió volver a tentar la suerte y regresó al rincón que él había bautizado como “luna de almendros” en el municipio de Grávalos, allí, la floración efímera y tan supeditada a la climatología de estos árboles, suele ser más tardía y esto le daba pie a la confianza… Era el último intento, hasta el año que viene, de perseguir la inusitada perfección que encierran estos paisajes, e intentar mostrarla a través de las bellas imágenes que trataba de componer y de la búsqueda  y conjunción de las palabras idóneas y estimulantes que los describan…
A pasado un año desde el paseo que “el viajero” hizo desde esta población a la ensoñada Peña Redonda (2), para descender luego cansados físicamente y embriagados de sensaciones, y buscar la relajación en el recién inaugurado Balneario de Grávalos.   Partió de nuevo, el sábado pasado, del Lavadero  de Fonsorda y su balsa vivaracha y recoleta en dirección al anunciado Mirador de los Almendros, un camino que discurre en sus comienzos entre pequeñas huertas y algunas viñas de reciente plantación, y que deja pronto entrever que los almendros ocuparán poco a poco las laderas aterrazadas y los terrenos más pobres e improductivos. Pasó “el viajero” junto a un vertedero y le resultó inverosímil su permanencia en el tiempo, pues parece este  recorrido  un paseo apropiado para vecinos y visitantes, para los usuarios de las instalaciones termales, y no entiende pues, que no se hayan acometido actuaciones para dignificar esta infraestructura que tanto afea el tránsito por este apetecible camino… Y más aún tan implicados como aparentemente se les siente al Ayuntamiento y al Gobierno de La Rioja en el devenir del Balneario, pues, dicho por ellos, debería ser este un poderoso acicate en la regeneración del tejido social y económico de la comarca.




No dejan indiferentes las vistas desde el Mirador de los Almendros a quién goza de la fortuna de llegar allí, esta balconada habilitada cerca de los Corrales de la Costeruela (Hace pocos años y ya descuidada y bastante deteriorada… Qué poco cuesta gastar el dinero de los contribuyentes,… y luego nadie asume la responsabilidad de mantenerla…), un lugar accesible, muy aconsejable para el reposo y la contemplación de esta obra de arte laborada a partes iguales entre las sucesivas generaciones de gravaleños y una naturaleza privilegiada: la protectora Sierra de Yerga por el norte, coronada por los “gigantes tribraquiales” que fácilmente reconocería Don Quijote, enérgicos voceadores cuando sopla la cercera, y Moncayo, el vigoroso, peine de vientos y borrascas provenientes del sur, que apadrina orgulloso, desde  la lejanía, la belleza de este paisaje…
El día inseguro y frío exigía no demorarse más, descendió garboso “el viajero” hasta cruzar la Llasa de Valdeladrones, y comprobó como el cierzo, que galopaba sin riendas valle abajo, era goloso,  su aliento frío que le interpelaba con descaro olía a miel, robaba su perfume a las flores de los almendros, querenciosas de calor y calma (estímulos para la producción de néctar que atrae a las abejas para recolectarlo y aseguran así las flores su ligazón). No es el cierzo, ladrón, un buen aliado de los almendros...



Tomó una pista ancha hacia la derecha trazada en paralelo al barranco, dejó atrás una destacada corraliza medio arruinada, testigo en pie de la historia del territorio y se desvió por el primer camino a la izquierda que  subía en dirección norte hacia unos peñascales calizos que a media ladera tomaban relevancia en el paisaje, allí quería llegar “el viajero”. La subida la hizo hechizado por los muchos estímulos naturales y humanos que salían a su encuentro: una pareja de escribanos cerillos, de colores pardos, negros, grises y amarillos se dejaban ver en las copas de los almendros, aparecían desperdigados restos de cabañas y corrales, inquietas como siempre las currucas rabilargas jugaban a un escondite interminable entre los romeros ya plenamente floridos en los abrigados barranquillos que descienden de Yerga, la cara se relajaba fustigada (ahora está de moda) con pétalos blancos y sonrosados de las flores ya desnudas, por el cierzo goloso,… y en lo alto, sin perder detalle “la real”, la rapaz más poderosa de la Península Ibérica, es su territorio y casi nunca falta a la cita.



A la altura del primer conjunto rocoso se desvió a la derecha en busca de un promontorio, junto a unas redondeadas chaparras, que le permitió ser testigo de una excepcional visión: a sus pies, una “luna menguante de almendros” estaba apeada en aquel rincón privilegiado, mayoritarias salpicaduras de brillo anacarado dibujaban al capricho de la luz antojadiza e inconstante  de aquella mañana un arco lumínico impensable en el “valle almendrado” de Grávalos… La visión quiso rozar la belleza perfecta en algunos momentos,… breves instantes que son recuerdos eternos… Mas la perfección tampoco se alcanzó el sábado pasado, Moncayo permaneció oculto, no creo que por timidez, indiferente tras la nubarrada que lo coronaba.




Sereno, sentado “el viajero” en la abrigada atalaya,... recordó completos los versos dolidos del poeta: 

  

Siempre fugitiva y siempre
cerca de mí, en negro manto
mal cubierto el desdeñoso
gesto de tu rostro pálido.
No sé a dónde vas, ni dónde
tu virgen belleza tálamo
busca en la noche. No sé
qué sueños cierran tus parpados,
ni de quien haya entreabierto
tu lecho inhospitalario.
 Detén el paso belleza
esquiva, detén el paso.
Besar quisiera la amarga,
amarga flor de tus labios.


Y pensó, que quizás por la propia dificultad para alcanzar la belleza,  en cualquiera de sus manifestaciones, resulta su búsqueda tan atractiva y adictiva.  


Pequeños narcisos trompeteros que nacen entre las piedras calizas de las laderas... 


Notas aclaratorias:

(1)  “Poema XVI”: recogida en el libro publicado con el título Soledades (1899- 1907) por el poeta Antonio Machado

(2)   "Huele a miel entre Peña Redonda y el Balneario de Gravalos" Entrada del blog Un Pastor de Paisajes realizada el sabado, 1 de marzo de 2014