sábado, 12 de abril de 2014

Entre Morales y Corporales…

En su ya programado desfile de modelos estacional, la primavera nos vuelve a sorprender en cada rincón que visitamos con su renovada fuerza de colores, las frescas y jóvenes texturas que tapizan el territorio y elementos que lo componen, o las sugerentes formas modeladas en los paisajes por factura humana o natural… Activada por tanto nuestra capacidad de asombro, marcharemos expectantes a conocer el municipio de Corporales y su pedanía Morales, difíciles de situar a la mayor parte de los riojanos, salvo para sus vecinos de Santo Domingo de la Calzada, a quienes separan tan sólo cuatro y seis kilómetros respectivamente, o los de Grañón, también a escasos cinco, sin embargo, visitaremos  un espacio aislado, humanizado, pues la vista se pierde en los campos de cereal, pero arropado por la naturaleza y en equilibrio todavía con ella. Recorreremos caminos poco frecuentados por caminantes curiosos, algo más por ciclistas, que pasan veloces y rara vez reparan en la existencia de barrancos umbríos y herméticos, están concebidos estos amplios trazados rectilíneos para el tránsito de vehículos agrícolas y son los grandes tractores, con sus traseros cargados con los más singulares y específicos artefactos para el trabajo de la tierra, los principales usuarios de ellos.


Morales es un pequeño conjunto urbano que está poco acostumbrado a regalar sus oídos con piropos que acrecienten su autoestima, no se cree bonito, y descuida la serena belleza de su sencillez. Llegó “el viajero” una tarde de temperatura agradable y que pintaba generosa en agua,… pero él, en su afán por llevar a cabo el objetivo que le había llevado hasta allí, no lo quería ver, y tras desear buenas tardes a los reunidos en la plaza, el abuelo Agapito y dos acompañantes de quintas cercanas, pregunto,… como dejándose caer, sobre las posibilidades de lluvia las horas que restaban del día. A lo cual respondió uno de ellos con tono socarrón: “pregúntanos a la noche,… y seguro que sabemos”… Ya metidos en conversación, quiso verificar con ellos la existencia de los caminos que, sobre el mapa, había decidido seguir para conocer estos paisajes cerealistas que ascienden hacia la media montaña; también les indicó la finalidad divulgativa de esta columna periodística, … señalando entonces Agapito, que debería recalcar como hecho prioritario que… “estos pueblos están en peligro de extinción,… más que los  “aguiluchos” que seguro vienes a ver” (conclusión a la que debió llegar al observar la cámara fotográfica montada en el trípode). Comenzaron a caer las primeras gotas, justo las necesarias para disolver la reunión y poner así fin a la conversación entablada… Inició “el caminante” la ruta elegida por cabezonería, que no por lógica, y acabaron empapados, él y su paciente compañía, en el corto recorrido que llevaron a cabo, más quedaron prendados de estos paisajes,… incluso en tardes como aquella.


Cuatro días después, una segunda tarde, con el sol entreverado y cierta sensación de bochorno húmedo, a comienzos de abril, les permitió conocer estos paisajes desconocidos entre Morales y Corporales. Marinas cerealistas cuyas espigadas olas se duermen en tupidas costas boscosas o en rompientes arrecifes abarrancados que se adentran sin timidez en los campos sembrados. Un mar surcado por caminos de fácil tránsito, donde la vista, sin necesidad de atender al suelo, puede navegar ligera en busca de curvados horizontes, interrumpidos únicamente por el almendro solitario o algunos álamos en formación. La mirada,  se desliza placentera por una extensa llanura ondulada, un mosaico de grandes teselas trapezoidales dibujadas por acequias invisibles o ribazos inestables y necesitados de asiento, de árboles y arbustos que los afiancen y rompan de paso la tendencia a la monotonía de estas  planicies, teselas pintadas con tonos verdes de trigos y cebadas tiernas y ocres heridos de los barbechos. Allí localiza “el viajero”, por fin,  a dos de los actores, protagonistas señalados, de este espectacular escenario paisajístico y  que  temía acabar la jornada sin encontrar… A lo lejos, una pareja de aguilucho cenizo surcan el mar calmo del cereal, sin aparentes aleteos y solo insinuados movimientos de  cola, le sirven para describir estilizados planeos y gráciles piruetas sin estridencias, más vistosos si cabe en los machos, ligeramente más pequeños que las hembras, son por el contrario más vistosos y contrastados, domina en ellos los tonos grises, blancos y negros,  frente a los pardos y blancos, rallados de las hembras  que les permite pasar desapercibidas los días de prolongada nidificación,… tan próximos a la superficie sobrevuelan que recuerdan dos veleros que navegan mecidos por la brisa en aguas esmeraldas, se cortejan, cazan o localizan el rincón, sin esquinas, donde plantaran su plataforma nidal, allí, en el suelo,… en medio de la marina cerealista.  Se ha creado entre los agricultores que laboran estas tierras una conciencia de vecindad y buenas prácticas, charlas y subvenciones han ayudado, que ha posibilitado que estos lleguen a ver a los “aguiluchos” como un valor añadido de sus tierras y  la escena que ahora contempla “el viajero” y su compañía sea cada vez más frecuente y fácil de disfrutar.





Finalmente, deciden adentrarse por el camino que discurre en paralelo al arroyo del Olmo y comprobar las muchas sorpresas que les aguardan en los paisajes previos a los robledales. Si ya durante todo el recorrido se ha sentido “el caminante” alejado del cotidiano bullicio urbano, la soledad se acrecienta al descender al barranco, arrullado por el susurro meloso de la corriente lánguida de agua y bajo la galería arbolada de álamos temblones, cada vez más raros de ver,  rebollos que dejaron atrás el bosque, arces campestres, espinos albares, zarzales o clemátides, la paz se adueña del ánimo de los visitantes, con el suelo oculto por  una gran variedad de hojas secas, helechos y adornado por manos de orfebre, ahora con violetas, hepáticas y preciosos y llamativos macizos de prímulas,… resulta fantástico... Es difícil pedir más. Pues bien, todavía hay más, un ambiente amenizado por la virtuosa orquestina local, que la forman la recién llegada curruca capirotada, el pinzón real, el mirlo,… o los carboneros, ellos se atreven con los instrumentos de viento, y el cuco, alejado, espera la llegada de las codornices a los sembrados para completar los efectos de la percusión… ¿Se le puede pedir más a un paisaje,… con minúsculas?  






Planos del recorrido: tómalos como una referencia y no te importe perderte por los numerosos camino que recorren estas planicies cerealistas o adentrarte por ellos,siguiendo el cauce de los barrancos en los frondosos robledales que rodean a Morales y Corporales...








martes, 8 de abril de 2014

XI Marcha a Peña Isasa



El viernes 11 de abril, a las 20,00 h. en la Casa de Cultura de Arnedo, con motivo de la " XI Marcha a Peña Isasa"  organizada por la Asociación Amigos de Arnedo, os invito a la charla-debate que voy ofrecer con el título: 

"Las montañas enseñan su lenguaje" 

Acompáñanos, nos alegrara tu presencia...