lunes, 9 de mayo de 2016

¿LANGUIDECE EL CASCO ANTIGUO LOGROÑES…? (II Parte)






Debe encontrar su tren hacia el futuro


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Mas como ocurre en la actualidad eran los grandes almacenes, instalados en el Casco Antiguo, Simeón, La ideal, Almacenes San Bernabé, y algunos otros, los que marcaban las pautas de la moda en el vestir de los logroñeses y, por lógica, estos grandes espacios comerciales debieran haber dado paso a la implantación allí de cadenas como Zara y sus marcas satélites (Máximo Dutti, Pull Ember, Oysho,….), Cortefiel o Mango entre otras, pero incomprensiblemente se han ido fuera del centro histórico, hecho que no ha sucedido en otras ciudades españolas o del extranjero (como Roma y Londres las últimas visitadas por el viajero)… Os imagináis a Zara en el antiguo edificio de Correos, sin uso alguno, y a Mango, enfrente, en el edificio de telefónica, vacío de personal y únicamente lleno de enlaces y terminales,… y así podríamos ubicar una tras otra marcas relevantes a lo largo de la Calle Portales y aledañas,… podríamos imaginar también, que entonces el pequeño comercio tradicional no habría dejado esta parte de la ciudad y hemos de suponer igualmente que las infraestructuras inmobiliarias del barrio no se hubieran quedado tan  obsoletas y deficientes y, probablemente, la alarmante pérdida de vecinos que ha sufrido se hubiera frenado. 



Si lo imaginado para el Casco Antiguo se lograse, unido a la vitalidad que la restauración (bares, restaurantes y hoteles) ha adquirido en los últimos años, con la Calle Laurel y la Calle San Juan casi como únicos reclamos turísticos de la ciudad, volvería a ser este uno de los principales centros de referencia al hablar de Logroño, y puesto que es el único barrio con la suficiente personalidad diferencial respecto a otras ciudades, se habría logrado así la meta deseada…



Son plausibles actuaciones que se han acometido a lo largo de los años en un intento de revertir su depresión, como reconvertir el antiguo Convento de La Merced, luego factoría de Tabacalera Española, en una sala de exposiciones, Amos Salvador, la sede del Parlamento de La Rioja y en la principal Biblioteca Pública de Logroño; se han localizado en el Casco Antiguo los Colegios Profesionales de Arquitectos, Arquitectos Técnicos o de Médicos, la sede de la Universidad de Educación a Distancia; llevado las oficinas de la Seguridad Social al rehabilitado Palacio Marques de Monesterio en la recoleta plaza de San Bartolomé, junto a la Iglesia del mismo nombre, tesoro arquitectónico intervenido en los últimos tiempos con acierto y buen gusto o la interesante recuperación integral del Museo de La Rioja, ampliación a la que solo falta que la gestión del mismo logre que los ciudadanos lo reconozcan como un encuentro permanente con su historia. Señala por último el cuestionado Centro de la Cultura del  Vino, pretenciosa y voluntarista construcción levantada con dinero público entre la Calle Mayor, Mercaderes y Barrio Cepo, que pretendía ser el revulsivo cultural de la ciudad (el Guggenheim logroñés…) y cuya gestión en manos privadas, lo ha convertido en poco más que un gran bar restaurante en un espacio privilegiado, la considera “el viajero” escandalosa. A su lado el Espacio Lagares o el Calado de San Gregorio forman parte de esa misma  trama urbana  que desde su punto de vista no ha respondido a las expectativas para las que fueron proyectadas: ser un foco de actividad cultural entorno al mundo del vino, ampliable a otros campos, que debería ser capaz de revitalizar socialmente el entorno y estimular la recuperación de nuevos elementos…



Son muchas las actuaciones en el Casco Antiguo que, según se ha manifestado, perdieron el tren de la oportunidad, mas está convencido que debe retomarse este viaje encaminado a evitar un mayor deterioro de la estructura social y económica de este barrio logroñés, y hay algunas intervenciones, piensa “el viajero” que debieran acometerse sin tardanza, ocurre con la remodelación del Mercado de San Blas que figuraría entre las prioritarias. Se le vienen a la cabeza el Mercado de San Miguel próximo a la plaza Mayor de Madrid o el Mercado do Bon Suceso cerca de la Casa da Música en Oporto, como tendencias de lo que podría llevarse a cabo con este posibilista edificio de Fermín Álamo, que sin dejar de ofertar los excelentes productos de alimentación, respondería a las nuevas demandas de los consumidores de ocio gastronómico y enológico, su número de horas de apertura y la diversificación de la actividad sería muy superior, lo cual supondría un mayor flujo de gente heterogénea en el entorno  del mismo de lunes a domingo.



También le parece de recibo poner en valor el papel de las artesanías en una pretendida recuperación integral del Casco Antiguo, se ha pasado de dedicarles el nombre de algunas calles pues su actividad era predominante en ellas, a una presencia meramente testimonial, restan en la actualidad meritorios y sufridos artesanos en la manufactura de cuero o la restauración y encuadernación de papel y documentos escritos, que hacen auténticos equilibrios para mantener abiertos los talleres, es esta una ausencia insustituible del barrio histórico de la ciudad que pierde así otra de sus señas de identidad. Se pregunta “el viajero” si sería asumible y aceptada una política de “discriminación positiva” por parte del Ayuntamiento de Logroño hacia los artesanos, con medidas como: facilitar locales en condiciones favorables para el ejercicio de la profesión a la vez que se hacen más visibles al público, incentivar económicamente a los que quedan (también sobran los dedos de una mano para contarlos…) y aquellos que en campos como la cerámica, la costura, la escultura, la herrería, la carpintería, la sedería,… desarrollan la actividad en otros barrios de la ciudad, para establecerse en el Casco Antiguo  o el asesoramiento gestor en materias legales, fiscales y de proyección de la actividad artesanal… Resulta difícil imaginar el retorno de los artesanos y sus actividades al seno del Caso Antiguo, pero torres más altas han caído si el empeño es firme y decidido.




Para finalizar, es consciente “el viajero” que quedan de abordar las más importantes de las intervenciones, las políticas que hagan frente a los problemas de concentración en esta parte de la ciudad de bolsas de marginalidad de origen diverso: el envejecimiento y caída del poder adquisitivo de los vecinos que restan de antaño, la inmigración con mayores dificultades económicas y trabas legales, o focos de actividades consideradas delictivas implantadas en algunas calles o locales, dificultan la normalización social del Casco Antiguo. También la existencia de un alto número de infravivienda en estas calles logroñesas exigiría políticas decididas para renovarlas y animar de esta manera una posible vuelta de gente joven como residentes, regeneración fundamental para lograr una estructura social equilibrada… 


Son como hemos visto todo un conjunto de complejas intervenciones las que deben abordarse, desde disciplinas muy diversas y, sería deseable, con enfoques imaginativos y tolerantes. Un tren hacia el futuro que ciudadanos y gobernantes no pueden permitirse el lujo de perder, pues como señalábamos arriba, a día de hoy, el Casco Antiguo es lo único que hace de Logroño una ciudad diferente.

 



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