Un Pastor de Paisajes, con un territorio infinito por donde transitar y muchos paisajes que sumar al rebaño, ahora bien, no solo serán protagonistas de este blog los grandes espacios naturales o humanos .En él encontrarán también su hueco rincones del territorio olvidados en la memoria del tiempo, paisajes que todavía mantienen vivos retazos de la historia de los hombres y mujeres, animales y plantas que nos precedieron. Recorramos los senderos y veredas que nos permitirán conocerlos.
sábado, 10 de mayo de 2014
sábado, 12 de abril de 2014
Entre Morales y Corporales…
En su ya programado desfile de modelos estacional, la primavera nos vuelve a sorprender en cada rincón que visitamos con su renovada fuerza de colores, las frescas y jóvenes texturas que tapizan el territorio y elementos que lo componen, o las sugerentes formas modeladas en los paisajes por factura humana o natural… Activada por tanto nuestra capacidad de asombro, marcharemos expectantes a conocer el municipio de Corporales y su pedanía Morales, difíciles de situar a la mayor parte de los riojanos, salvo para sus vecinos de Santo Domingo de la Calzada, a quienes separan tan sólo cuatro y seis kilómetros respectivamente, o los de Grañón, también a escasos cinco, sin embargo, visitaremos un espacio aislado, humanizado, pues la vista se pierde en los campos de cereal, pero arropado por la naturaleza y en equilibrio todavía con ella. Recorreremos caminos poco frecuentados por caminantes curiosos, algo más por ciclistas, que pasan veloces y rara vez reparan en la existencia de barrancos umbríos y herméticos, están concebidos estos amplios trazados rectilíneos para el tránsito de vehículos agrícolas y son los grandes tractores, con sus traseros cargados con los más singulares y específicos artefactos para el trabajo de la tierra, los principales usuarios de ellos.
Morales es un pequeño conjunto
urbano que está poco acostumbrado a regalar sus oídos con piropos que
acrecienten su autoestima, no se cree bonito, y descuida la serena belleza de
su sencillez. Llegó “el viajero” una tarde de temperatura agradable y que pintaba
generosa en agua,… pero él, en su afán por llevar a cabo el objetivo que le
había llevado hasta allí, no lo quería ver, y tras desear buenas tardes a los
reunidos en la plaza, el abuelo Agapito y dos acompañantes de quintas cercanas,
pregunto,… como dejándose caer, sobre las posibilidades de lluvia las horas que
restaban del día. A lo cual respondió uno de ellos con tono socarrón: “pregúntanos
a la noche,… y seguro que sabemos”… Ya metidos en conversación, quiso verificar
con ellos la existencia de los caminos que, sobre el mapa, había decidido
seguir para conocer estos paisajes cerealistas que ascienden hacia la media
montaña; también les indicó la finalidad divulgativa de esta columna
periodística, … señalando entonces Agapito, que debería recalcar como hecho
prioritario que… “estos pueblos están en peligro de extinción,… más que
los “aguiluchos” que seguro vienes a
ver” (conclusión a la que debió llegar al observar la cámara fotográfica
montada en el trípode). Comenzaron a caer las primeras gotas, justo las
necesarias para disolver la reunión y poner así fin a la conversación
entablada… Inició “el caminante” la ruta elegida por cabezonería, que no por
lógica, y acabaron empapados, él y su paciente compañía, en el corto recorrido
que llevaron a cabo, más quedaron prendados de estos paisajes,… incluso en
tardes como aquella.
Cuatro días después, una segunda
tarde, con el sol entreverado y cierta sensación de bochorno húmedo, a
comienzos de abril, les permitió conocer estos paisajes desconocidos entre
Morales y Corporales. Marinas cerealistas cuyas espigadas olas se duermen en
tupidas costas boscosas o en rompientes arrecifes abarrancados que se adentran
sin timidez en los campos sembrados. Un mar surcado por caminos de fácil
tránsito, donde la vista, sin necesidad de atender al suelo, puede navegar
ligera en busca de curvados horizontes, interrumpidos únicamente por el
almendro solitario o algunos álamos en formación. La mirada, se desliza placentera por una extensa llanura
ondulada, un mosaico de grandes teselas trapezoidales dibujadas por acequias
invisibles o ribazos inestables y necesitados de asiento, de árboles y arbustos
que los afiancen y rompan de paso la tendencia a la monotonía de estas planicies, teselas pintadas con tonos verdes
de trigos y cebadas tiernas y ocres heridos de los barbechos. Allí localiza “el
viajero”, por fin, a dos de los actores,
protagonistas señalados, de este espectacular escenario paisajístico y que
temía acabar la jornada sin encontrar… A lo lejos, una pareja de
aguilucho cenizo surcan el mar calmo del cereal, sin aparentes aleteos y solo
insinuados movimientos de cola, le
sirven para describir estilizados planeos y gráciles piruetas sin estridencias,
más vistosos si cabe en los machos, ligeramente más pequeños que las hembras,
son por el contrario más vistosos y contrastados, domina en ellos los tonos
grises, blancos y negros, frente a los
pardos y blancos, rallados de las hembras que les permite pasar desapercibidas los días
de prolongada nidificación,… tan próximos a la superficie sobrevuelan que
recuerdan dos veleros que navegan mecidos por la brisa en aguas esmeraldas, se
cortejan, cazan o localizan el rincón, sin esquinas, donde plantaran su
plataforma nidal, allí, en el suelo,… en medio de la marina cerealista. Se ha creado entre los agricultores que
laboran estas tierras una conciencia de vecindad y buenas prácticas, charlas y
subvenciones han ayudado, que ha posibilitado que estos lleguen a ver a los
“aguiluchos” como un valor añadido de sus tierras y la escena que ahora contempla “el viajero” y
su compañía sea cada vez más frecuente y fácil de disfrutar.
Finalmente, deciden adentrarse por el camino que discurre en paralelo al arroyo del Olmo y comprobar las muchas sorpresas que les aguardan en los paisajes previos a los robledales. Si ya durante todo el recorrido se ha sentido “el caminante” alejado del cotidiano bullicio urbano, la soledad se acrecienta al descender al barranco, arrullado por el susurro meloso de la corriente lánguida de agua y bajo la galería arbolada de álamos temblones, cada vez más raros de ver, rebollos que dejaron atrás el bosque, arces campestres, espinos albares, zarzales o clemátides, la paz se adueña del ánimo de los visitantes, con el suelo oculto por una gran variedad de hojas secas, helechos y adornado por manos de orfebre, ahora con violetas, hepáticas y preciosos y llamativos macizos de prímulas,… resulta fantástico... Es difícil pedir más. Pues bien, todavía hay más, un ambiente amenizado por la virtuosa orquestina local, que la forman la recién llegada curruca capirotada, el pinzón real, el mirlo,… o los carboneros, ellos se atreven con los instrumentos de viento, y el cuco, alejado, espera la llegada de las codornices a los sembrados para completar los efectos de la percusión… ¿Se le puede pedir más a un paisaje,… con minúsculas?
Planos del recorrido: tómalos como una referencia y no te importe perderte por los numerosos camino que recorren estas planicies cerealistas o adentrarte por ellos,siguiendo el cauce de los barrancos en los frondosos robledales que rodean a Morales y Corporales...
martes, 8 de abril de 2014
XI Marcha a Peña Isasa
El viernes 11 de abril, a las 20,00 h. en la Casa de Cultura de Arnedo, con motivo de la " XI Marcha a Peña Isasa" organizada por la Asociación Amigos de Arnedo, os invito a la charla-debate que voy ofrecer con el título:
"Las montañas enseñan su lenguaje"
Acompáñanos, nos alegrara tu presencia...
sábado, 29 de marzo de 2014
Un mirador sobre el Ebro salvaje
Cuando el año 2008, a propósito
de la Expo del Agua de Zaragoza, se habilitó e hizo transitable el Camino
Natural del Ebro GR 99, se puso en marcha un proyecto, a partes iguales,
ambicioso e ilusorio, pues daba la oportunidad a los senderistas de recorrer
cerca de mil kilómetros por caminos públicos a lo largo del Río Ebro. Supongo
que ponerla en marcha presentó importantes dificultades referentes a la mala utilización de caminos y
riberas, que se acabaron solventando, pues la iniciativa bien gestionada y
promocionada merecía la pena, el Camino de Santiago era el modelo a seguir,
suponía un tránsito permanente de gente entre Fontibre y Amposta
a lo largo de todo el año, ya que los
atractivos del río son evidentes
en cualquiera de las estaciones. Y dado que tanto caminantes como los amantes
de la bicicleta iban a encontrar en este gran recorrido por etapas alicientes de sobra para adentrarse en
él, se suponía que ello debería haber favorecido la creación de un
conjunto de infraestructuras turísticas
que propiciasen movimiento económico y generación de puestos de trabajo ligados
a un desarrollo productivo y sostenible de este gran recurso natural.
La apertura de estos caminos permitió descubrir rincones del Ebro que solo algunos privilegiados o amantes del río conocían y uno de ellos quiero que lo visitéis hoy con “el viajero”. A unos once kilómetros del centro de Logroño, en la carretera que lleva a Mendavia, la NA-134, km 94, y a las espaldas del Polígono industrial La Peña, descubrió, hace ya algunos años y gracias a la información y compañía de otro apasionado de la naturaleza, este increíble mirador sobre el río y desde entonces no falta a la cita ninguna primavera.Esta actuación en el amplio territorio del Valle del Ebro, inscrita en varias Comunidades Autónomas aunque gestionada por un organismo nacional, la Confederación Hidrográfica del Ebro (C.H.E.), como apuntaba arriba, era tan pretenciosa como ilusoria, y seis años después encontramos que aquellas inversiones realizadas en postes de señalización o grandes paneles informativos y orientativos, en adecuación, apertura y limpieza de sendas, así como en puentes, vallas o bancos de madera,… han tenido poca repercusión y un mantenimiento desigual: junto a tramos bien conservados, con los caminos despejados y las señalizaciones operativas, otros próximos, comienzan a estar intransitables y el mobiliario inutilizado o desaparecido… Todo ello me lleva a pensar que el despliegue de medios económicos, materiales y humanos empleados en el proyecto, aquella venta de ilusiones y planes de futuro, era en realidad una venta de humo, puro escaparate para la galería del momento… Y si no fue, esa sensación nos queda a día de hoy.
Cuando termina la carretera interna del polígono industrial, desciende en busca del Ebro “el caminante” entre tierras fértiles y muy productivas, con frecuentes cambios en las plantaciones de hortalizas, según la demanda de las plazas de abastos, hecho que facilita además la recuperación de los suelos… Observa ahora, que bastantes de estos cultivos se han transformado en plantaciones de frutales y olivareras, menos laboriosas que las de pimientos, tomates,… o espárragos. Cuando llega al Canal de Mendavia, infraestructura de riego que discurre en paralelo al Ebro, toma un amplio camino, trazado también de saliente a poniente y ya con los postes que señalan el GR 99, en dirección oeste hasta llegar a un gran azud en el río que da lugar a un remanso del mismo, para desviar agua al canal. Allí, se detiene para contemplar la sugestiva visión del ecosistema fluvial,… mientras una garza real acecha inmóvil, en el vértice de la represa, el paso de su pitanza, tres cormoranes, tras un movimiento sinuoso, desaparecen con irregular intermitencia en prolongados buceos con la misma finalidad, capturar peces en estas aguas calmas, y varias parejas de ánades reales se persiguen alborotados por agua, tierra o aire, en escarceos propios de su cortejo nupcial…
Prosigue “el caminante” el sendero señalizado en la misma dirección y sin perder de vista los muchos detalles sugerentes que el río le muestra, remonta el talud de tierras arenosas y gravas,… se asoma como puede al cortado intentando pasar desapercibido… y se sienta perplejo “el viajero” ante la panorámica en movimiento que comienza a desplegarse en la otra orilla, que será, sin duda, más llamativa en días venideros. Los grandes álamos blancos y álamos negros (chopos) con sus brotes primaverales incipientes permiten entrever las sólidas plataformas de palos en sus horquillas enramadas, coronadas por las parejas de cigüeñas, ya de regreso de sus viajes invernales. La colonia muestra una actividad frenética: vuelos continuados con aportaciones variadas destinadas a consolidar y adecuar el nido, y sin aviso previo, entretanto unas prosiguen afanosas sus faenas, otras organizan una pequeña troupe de gesticulantes músicos percusionistas, crotoran(1) con entusiasmo e invitan a las demás cigüeñas a sumarse a su orquestina, ritual sonoro que se conoce por algunas regiones como “machacar el ajo” y que hace recordar “al viajero”, al escuchar la sonora algarabía, la voz “laklaka” con la que nombran a esta zancuda en el Magreb…Cuenta alrededor de treinta nidos en apenas trescientos metros de ribera salvaje, aislada a las espaldas ahora de la pista de aterrizaje de nuestro flamante Aeropuerto de Logroño-Agoncillo…
Desde su asiento camuflado comprueba la existencia de un tráfico aéreo denso pero fluido, en el soto,… incluso con algún conflicto en las plataforma de aterrizaje, que es territorial, claro… ¿Cómo es posible que nadie rinda cuentas por este despilfarro del dinero público…? Por muchas componendas que quieran hacerse, nos encontramos grandes infraestructuras vacías de usuarios ¿Nadie pudo prever estos resultados,… o se hacían interpretaciones interesadas de los datos…? Las preguntas se agolpan en la cabeza del “viajero” pero está solo y no puede discutir o “dar la chapa” como le dirían algunos allegados… Prefiere pues atender a los nuevos protagonistas que hacen acto de presencia en el paisaje: algunos milanos negros comienzan a llegar del sur y buscan, entre las ramas de los grandes álamos, viejos nidales para establecerse en ellos cuando el follaje los torne discretos o invisibles; los pájaros carpinteros, de los que ha escuchado el tamborileo reiterado, sus repiqueteos para levantar pequeñas astillas, en los viejos troncos, en busca de las jugosas larvas que los acorchan o taladrar un círculo perfecto y ajustado a sus dimensiones, en un árbol sano, donde sacarán adelante a su prole,… o al sinfín de pequeñas aves que comienzan a llenar el soto de gorjeos variados y persistentes… No le resulta difícil “al viajero” imaginar en danza, con premeditación y nocturnidad, al visón europeo o la nutria refugiados en este rincón apartado del tránsito habitual de personas y solo observables desde estos cortados de desmoronada consistencia de la orilla Navarra, que dan también alojamiento a especies interesantes.
Le cuesta más “al viajero” centrar su imaginación en un posible acuerdo entre las administraciones vecinas y la C.H.E. para comprometerse, los unos en salvaguardar la integridad y pervivencia de este bello paisaje vitalista y salvaje, en las traseras de un aeropuerto y un polígono industrial, y los otros a estudiar e instalar un observatorio seguro, discreto e integrado en el entorno… Por cierto, también les puede interesar involucrarse en esta empresa a la iniciativa privada,…desde las viñas de la Bodega Vega Rioja el panorama debe de ser fantástico. Estas intervenciones permitirían a la población ver, conocer y entusiasmarse con la rica biodiversidad que habita los sotos fluviales y como se mueven las diferentes especies por estas autopistas naturales que son los grandes ríos y sin pagar peaje,… de momento.
(1) Crotorar: Dicho de una cigüeña: Producir el ruido peculiar de su pico.
domingo, 23 de marzo de 2014
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