sábado, 4 de mayo de 2013

El Valle del Linares entre Igea y Cornago



Una asignatura pendiente de recuperación


Os invito a encontrarnos esta húmeda primavera en alguno de los antiguos caminos o veredas que todavía quedan en la vega del río Linares, entre los municipios de Cornago e Igea, que serán indistintamente los lugares de inicio o finalización del recorrido. Estas dos poblaciones, cabeceras del valle en La Rioja, que muestran orgullosas su pasado, son amigas de contar grandes historias: Cornago, con el Castillo de los Luna y el templo parroquial dedicado a San Pedro, altiva y encaramada en el cerro, la otra, Igea, bajo la mirada posesiva del Palacio Marqués de Casa Torre y la iglesia parroquial de La Asunción, permanece señorial junto a la vega.
Como buenos vecinos, han mantenido en el transcurso de los siglos un sentimiento ambivalente de necesitarse y de rivalidad, alternándose en el ejercicio de la autoridad en la comarca: Cornago ejerció el poder a lo largo de la edad media, mientras que Igea demostró tener mayor influencia y capacidad de decisión en los siglos XVII, XVIII y XIX. Incluso llegada la democracia, han mantenido las diferencias a la hora de  otorgar la responsabilidad de gobierno, en las respectivas alcaldías, a las opciones mayoritarias.



Por el contrario encontramos en el paisaje continuidad en el uso y forma de aprovechar los recursos que proporciona el territorio, con las connotaciones que propician los 200 m. más de altura que Cornago presenta respecto a Igea. En nuestro paseo, que partió de Cornago, descubrimos en las proximidades de los dos pueblos y en las tierras cercanas al río, unas huertas muy bien organizadas con regadíos inteligentemente trazados, como dicen por estas tierras (y otras muchas), por los moros, y de los que todavía encontramos: balsas mal aprovechadas, tramos medio arruinados de acequia o puentes acueducto para salvar los numerosos barranquillos que descienden hacía el Linares. Me aturden las intervenciones para recuperarlas o mejorarlas, han sido lamentables y, además de resultar inútiles para el uso la mayoría, son autenticas bofetadas al buen gusto y  la armonía que respiran estos paisajes.


Hemos dejado el camino principal y la senda que hemos tomado nos conduce al puente que la Acequia de Campolafuente, que toma el agua del río Linares en Valdeperillo, presenta en el término de “Zamacón”, frente a Cornago, un precioso rincón que nos permitirá transitar (un poco a la aventura) entre olivos centenarios que nos dejarán perplejos, plantaciones sin cuidar y asilvestradas muchas de ellas, en terrazas con tapias de piedra que se derrumban, con el buen oficio que demostraron los cornagueses en el alzado y organización en bancales de estas pendientes laderas, optimizándolas para el cultivo,… y ahora que tenemos estos olivos fantásticos, capaces de ofrecer jugosos frutos y bellísimas estampas paisajísticas,… los abandonamos… Los tablares que hicieron soñar con paladear deliciosas peras de “donguindo”, “perucos”,… manzanas de “morro de liebre”, “peronas”,… o “camuesas”, ahora, nos muestran frutales secos o con ganas de hacerlo… Algunos recoletos colmenares, ya sin abejas, resisten sin confianza al hundimiento y a perder con ello la maestría de los viejos apicultores. Quisiera destacar el pequeño colmenar que encontraremos bajo los “Corrales de Valdenocefra” colgado sobre el “Barranco de los Cayos” que pasa en su descenso por el impresionante yacimiento de icnitas de dinosaurios de los “Cayos”, muy cerca del camino principal. Se acumulan los alicientes del paseo. De igual manera, frente al yacimiento de “Las eras del Peladillo” ya en tierras de Igea hay otro par de colmenares que, de igual manera, no debieran perderse. 



  Este es el panorama que vamos a descubrir a lo largo del recorrido: el trabajo de generaciones perdido, cientos de hectáreas con capacidad productiva baldías, despareciendo,… y camino del olvido un potencial paisajístico muy singular.



Una senda que se cuelga sobre el Linares nos invita a parar, a demorar la marcha… y entonces la mirada desciende por el cauce natural del río, extasiada por la inusual vitalidad de la corriente,… escapa por la margen derecha y recorre sorprendida las grandes parcelas de manzanos “fuji” y “golden”, árboles emparrados que ocupan grandes terrazas, conformadas a base de enormes bloques calizos, llegados de la cantera cercana, que gozan de modernas instalaciones como riego por goteo o cubiertas antigranizo,… se para la vista en la vivienda, corazón lúdico del conjunto de fincas que llevan el sello ·”Finca Señorío de Rioja”, con detalles discutibles pero que se integra bastante bien en el paisaje,… regresa la mirada pensativa al río Linares y lo cruza decidida para reencontrarse con infinidad de pequeñas parcelas, también aterrazadas (levantadas con piedras movidas a mano) y ocupadas por peras “blanquilla”, “de invierno”,… manzanas “de hotel” (las más dulces y jugosas), “verde doncella”, “reineta”,… o “camuesa”, árboles frutales perdidos en su mayoría, en las tierras próximas al río; recorre frutales entremezclados con olivares en las terrazas medias, la mitad de los olivos, como señalé en Cornago, asilvestrados; las descarnadas veredas, donde es fácil el tropiezo, llevan la mirada a las terrazas altas, donde almendreras casi secas conviven con olivares salvajes… y siente que aquél paisaje es un paraíso para la fauna… la vista no descansa… y la cabeza tampoco… y se hace preguntas sobre la biodiversidad, … las variedades de fruta autóctona,… los olivos centenarios,… la arquitectura agrícola aterrazada,… y sobre la profunda huella que ha dejado en el paisaje (tan profunda como la inflingida por los reptiles jurásicos) las plantaciones de frutales de la “Finca Señorío de Rioja”,… y piensa que el tiempo, si se le da oportunidad (o sea tiempo), limará las disonancias propias de la magnitud de la empresa y reintegrará las grandes parcelas en el paisaje equilibrado del Valle,… y quiere creer que esta intervención puede suponer la revitalización productiva del territorio, y marcar un camino como revulsivo económico de la comarca… La vista, sigue diligente el discurrir de las generosas aguas de primavera… y pone en marcha los pies por una senda estimulante y cautivadora.



Recorremos con paso calmo este tramo final del camino pues ello nos permitirá captar detalles e historias que nos van a ir contando los diferentes elementos del paisaje: el olivo viejo, en cuyo interior un enjambre elabora la deliciosa miel, una grieta en la base del tronco nos permite observar el incesante ajetreo de las abejas; las paredes de piedra de los ribazos nos descubren escaleras sobresalientes, también de piedra, para acceder de unas terrazas a otras… Estas historias, y muchas más, están escritas en el pergamino, en este caso reseco y quebradizo, de este paisaje que se destruye, historias y paisajes que desaparecerán cuando los tapiales se desbarriguen,… cuando la “barroa”, los pesticidas o la “avispa asiática”, eliminen el enjambre del olivo o las colmenas modernas que trabajan en el Valle,… cuando la motosierra corte olivos para leña, como ya ha empezado a suceder…Todas estas historias desaparecerán con el paisaje….


Con estos pensamientos en la cabeza llegamos a un barranco donde las aguas del arroyo se descuelgan entre pozas y cascadas, panorama difícil de imaginar los dos años anteriores  ¡Que gozada de rincón!... Una senda amaestrada nos permite descender cómodamente al fondo del barranco y llegar a unas piletas de piedra muy bien trabajadas, junto al cauce del riachuelo, al acercarnos percibimos un fuerte olor a huevos podridos, pensamos entonces en aquél otro manantial, en tierras Cornaguesas, “La Pazana”, muy frecuentado tiempos atrás, hemos llegado a la “Fuente de Juan Podrido”. Tomamos las aguas, que no saben como huelen, frescas e insípidas, aunque sabemos que el valor curativo en reumas y enfermedades de la piel que se les atribuye, precisan de una novena en ayunas… La serenidad del espacio nos permite madurar pensamientos y propuestas… También nos resulta inevitable mirar con recelo otro puente acueducto de piedra, coronado con una canalización arruinada de tubos de chapa mal cortados… ¿Se puede pedir algo más?... Sí. A su lado una caseta, también arruinada, levantada con bloques de cemento… ¡Pues allí esta!... No. No cuidamos nuestros paisajes, que son nuestro patrimonio, valores, los paisajes, que debiéramos considerar factores de desarrollo económico. Por ello se impone buscar fórmulas que permitan sacar del olvido los paisajes.



Retomo la idea del Banco de fincas apadrinadas (Bfa), que encontrareis desarrollada en la entrada anterior, pues puede ser factible aplicarla también en este Valle del Linares. Es necesario en la idea de apadrinar fincas, árboles, ribazos empedrados,… o puentes, que se impliquen las asociaciones culturales y sociales de Cornago e Igea en la gestión y queden relegados a un segundo plano los ayuntamientos, para desempeñar el papel de elementos de cohesión de la iniciativa y facilitadores de medios, si fuera preciso. Estoy convencido que un buen trabajo de las asociaciones para seleccionar objetivos inmediatos y organizar las formulas para apadrinar los diferentes elementos olvidados del paisaje, darlos a conocer en determinados programas de televisión o radio, periódicos o revistas especializadas y una campaña adecuadamente enfocada en Internet, redes sociales o foros  o blog temático, puede generar una corriente positiva a favor de la recuperación productiva, cultura y humana de este tramo del Valle del Linares…


Recorremos el camino que resta hasta llegar a las huertas próximas a Igea con el pensamiento imaginando aquellas terrazas reconstruidas, con olivos bien laboreados, sabrosas variedades de peros y manzanos autóctonos recuperados,… y con la rivalidad entre igeanos y cornagueses dando lugar a dichos tan jugosos como: “la mujer y la manzana camuesa, la cornaguesa”, proclaman los vecinos de Cornago; para responderles los igeanos “de Cornago no me des ni camuesa ni mujer”… aunque muchos lo dicen bajito,…pues no desean que lo escuchen sus compañeras cornaguesas. 


martes, 26 de marzo de 2013

Hay paisajes más allá de la crisis




EL Banco de fincas apadrinadas: una iniciativa solidaria, ecológica y de futuro


Quiero compartir con vosotros, seguidores del blog, el artículo que me ha publicado, en marzo de 2.013, la revista anual,  Isasa,  editada por la Asociación de Amigos de Arnedo.



En el artículo, he pretendido incidir en la necesaria revalorización que deben tener los paisajes de nuestro entorno cercano, en primer lugar, por ser nuestros ecosistemas vitales y repercuten directamente en nuestra calidad de vida, y mirando más lejos, los paisajes son valores potenciales que tenemos la  obligación de gestionar, desarrollar de forma sostenible, para que generen diferentes beneficios, y trasmitirlos en mejores condiciones que las heredadas a las siguientes generaciones. Pero, además, creo que todos debemos participar, en la medida de nuestras posibilidades, con  propuestas que ayuden a la consecución de los fines señalados, y por ello animo a encauzar la fuerza social, en este caso de las asociaciones arnedanas, para aprovechar la "crisis" como un factor de cambio y establecer nuevos parámetros de progreso para el conjunto de los ciudadanos.

Son necesarias las utopías... y ahora más que nunca.


 (Si pinchas sobre las páginas, estas se ampliarán y facilitará la lectura)






 

 ¿¿ Es imposible sacar adelante esta propuesta ??


   ¡¡ Anímate a participar y crear debate !!

 

 

jueves, 21 de marzo de 2013

Primavera




Los paisajes y elementos que los componen tienen ya ganas de cambio, tan solo son necesarios ligeros estímulos para motivarse y romper la uniformidad del manto níveo. Renuevan sus esperanzas con la mayor luminosidad de los días de marzo, se revigoriza la sabia y comienza el brote de nuevas yemas en las ramas de árboles y arbustos,… o se inician las floraciones más atrevidas… Ha llegado la primavera.
El paisaje social, por el contra, permanece sumido en una gran tristeza anímica, que ronda la depresión en las comunidades ciudadanas, fruto de la falta de liderazgo político y la hartura que produce el sometimiento de quienes debieran ejercerlo a las interesadas, desalmadas y abusivas directrices económicas de las grandes entidades financieras, poderos fondos de inversión o multinacionales de todo genero.
La falta de expectativas laborales en todo el arco generacional, que se ceba con mayor crudeza en los jóvenes, el acogotamiento económico que asfixia a los más desprotegidos, la reducción premeditada y progresiva de la clase media a favor de una clase dirigente encastillada en sus feudos de poder y empeñada en el desprestigio de las instituciones democráticas y sociales, y de los servicios públicos garantes del estado de bienestar,… están propiciando el aumento de ciudadanos indignados y cada vez más concienciados de la necesidad de movilizarse…Único destello primaveral en el todavía invernal paisaje social.


lunes, 18 de marzo de 2013

La ronda de Ighil Mgoun (III)

El Oumsoud (4.086m.), el corazón del Macizo Central del Atlas

 


Al amanecer del tercer día, comenzaron las dos jornadas que nos iban a llevar a las tierras altas del Ighil Mgoun. Quedaron atrás los cultivos aterrazados de Tasgaïwalt y los empinados senderos se adentraron en un primitivo sabinar que sugería fantasías de variada originalidad. Nos reponíamos del jadeo entrecortado que la ascensión nos imponía en las reiteradas paradas que aconsejaban las diferentes inquietudes de los componentes de la marcha: bien sacar fotografías, bien tocar y recibir las energías positivas que sin duda transitaban por las leñosas venas de estos vetustos árboles, sabia seleccionada durante siglos de supervivencia en territorios tan extremos como aquellos que recorríamos, o simplemente contemplar tan bello espacio, en nuestros país gozaría de protección legal y cada una de estas sabinas sería merecedora de un cartel como monumento natural.
Ascendimos con rapidez y pronto quedaron atrás, como un murmullo lejano en el monumental teatro natural, las voces risas y canciones, del grupo de jóvenes mujeres que hicieron coincidir su camino con el nuestro, ligeramente retrasadas, iban a recoger cada una su carga de leña o ramas de sabina, destinada al fuego, a los animales o reforzar elementos constructivos… Este sabinar con ejemplares increíbles me traía a la memoria el uso que hacían, lo recordaba por las conversaciones con mi padre, del carrascal de Villarroya: como aprovechaban la leña, madera y ramas de la encina con los mismos fines y la imagen que presentaba, cuando él era joven, el bosque de encinas, nada que ver con la actual, se parecía más a la que ahora nosotros mirábamos curiosos.



 En Idroumamèm, hasta las mulas subían con la lengua fuera, la senda discurría junto a precipicios de gran vistosidad y panorámicas para no olvidar: el Valle de Tessaout y los farallones rocosos que lo escoltaban, los dos días anteriores nuestros pasos habían transitado por aquel valle tan perdido… y tan sorprendente.
La llegada al collado Tizi-n-Rouguelt (2.860 m.) supuso una inyección de adrenalina revitalizante, la confianza en las posibilidades de conseguir los objetivos que nos habíamos planteado eran mayores: subir al Oumsoud (4.068 m.) al día siguiente, siempre que el tiempo lo permitiese, y completar la vuelta a este “brazo”, “ighil” en bereber, a esta “cadena sucesiva de puntas”, el “Ighil Mgoun”.

A partir de aquel momento mandaron los espacios infinitos. Hasta entonces los paisajes que habíamos encontrado se abarcaban con la vista, si bien eran atractivos y muy sugerentes la mirada se fijaba con elementos o conjuntos concretos, a partir de ahora iba a resultar difícil enmarcar los paisajes, estos se sucedían con lentitud, las piernas tardaban en recorrer los espacios en los que la vista se perdía y la cabeza tenia tiempo para escuchar las historias que ellos, los paisajes, contaban y trataba de interpretarlas.
Un primer asentamiento de pastores trashumantes en Tizi-n-Rouguelt, había sido ya abandonado hasta la primavera siguiente, sus cabañas rectangulares de pequeño tamaño aún no estaban frías, levantadas con piedra trabada junto a los apriscos, todavía con las cagarrutas blandas de cabras y ovejas, sus techumbres planas se sostenían sobre costillas de madera de sabina cubiertas con ramas y tierra; al fondo del conjunto, una de las cabañas con las alfombras aireándose, se disponían a partir… Se habían marchado ya los grandes rebaños de dromedarios, burros, cabras y ovejas,… que nos habían referido y tanto deseaba haber encontrado.

Avanzábamos deprisa pues el camino no presentaba dificultades, sin llegar a ninguna parte, apenas ganábamos ni perdíamos altura, se sucedían las lomas suaves, diferenciadas por gargantas y barranqueras poco profundas y con interesantes formas geológicas,… y siempre de fondo la presencia vigilante del Ighil Mgoun. Este brazo, entre los 3.500 y 4.068 metros, siempre se mostró misterioso y desafiante, aparentemente accesible, y muy atractivo visualmente por las texturas y colores de los materiales que forman sus laderas.


 
El transito final por el Plateau de Tarkeddit fue relajante, a pesar del cansancio, y agradable de caminar: un terreno herboso (terroso después de sufrir el intenso pastoreo veraniego), con el serpenteante y recién nacido Arroyo de Tessaout regalándonos tímidos e intermitentes susurros en su lento discurrir,…y al fondo, muy al fondo, el refugio.

Los servicios que nos ofreció el refugio de Tarkeddit y nuestro cocinero a 2.910 m. de altitud nos parecieron un lujo de hotel de cinco estrellas, la comida, un té delicioso el calor de una estufa de leña, unas colchonetas sobre literas donde tender el saco de dormir y canciones, muchas canciones bereberes, que nos acariciaban la imaginación, inventándonos las historias de amor, de partidas o ardorosos encuentros, que nos habían contado, que cantaban; que nos distraían con sus ritmos cadenciosos el pensamiento, que evitaba agobiarse con las dificultades o el mal tiempo que podían llegar con el amanecer… Un té, unas risas, otros té, otra canción,…no sentíamos el frío que reinaba en el exterior… En seguida llegó el sueño reparador.



Los “idus de octubre” nos fueron propicios (con un día de adelanto) y sólo las nieblas encaramadas a los picos pusieron un ápice de duda en nuestra voluntad de ascender a la cumbre del Oumsoud. Partimos con la noche cerrada, los frontales iluminaban la dirección que nuestros pasos debían tomar para no perder la senda que Ibrahim y Mohamed encontraban en la oscuridad sin dificultad, los pequeños conos luminosos mostraban también el trato que inflingía la gélida noche en las rocas, suelos y arbustos almohadillados. Cuando el alba, seguida del sol, empezaba a calentar en el Plateau de Tarkeddit habíamos alcanzado ya la altitud de 3.500 metros, aparecían ya algunos neveros y la niebla nos rondaba. La senda trazada por un terreno de piedra menuda seguía empinándose, pero continuaba bien definida y cómoda de caminar. Llegamos a un primer collado poco destacado, con frio pero sin aire, y al abrigo de la apuntada pirámide del pico Mgoun (W) (3.978 m.) recorrimos una parte de la cabecera de lo que intuíamos, por la niebla, como un circo glaciar fascinante, y por fin la senda nos llevó hasta el collado que permitía situarse en la cresta del Ighil Mgoun a (3.840 m.)… ¡Bien! Habíamos conseguido lo más complicado… Apenas corría viento y la niebla asentada en la vertiente sur, sólo se atrevía en incursiones recurrentes y caprichosas a deslizarse calmada por el infinito tobogán de piedras chicas de las amplias gradas del Circo del Ighir-n-Taghourt,… y únicamente soplaba la brisa generada por las nieblas en sus permanentes escarceos de una a otra vertiente… Con el miedo que teníamos al fuerte viento de la cornisa.





El subidón anímico fue muy alto, y el cansancio, aparentemente, desapareció… Hicimos con rapidez las fotos que el espacio merecía y ante la dudosa evolución que pudiese tener la meteorología, dispusimos ponernos en marcha y afrontar los aproximadamente 3 km. de cresta alomada, con los dos espolones, que nos separaban del Oumsoud.
La niebla percibida como un contratiempo, resulto ser un factor a nuestro favor, puesto que no era ciega, y nos permitió disfrutar de fantásticas panorámicas en este tramo del recorrido, los circos glaciares aparecían imprecisos y envueltos en un cierto alo de misterio que los magnificaban todavía más… Subimos,… bajamos,… volvimos a subir… y la primera cumbre, el  Ighir-n-Taghourt (W1) (4.008 m.)… No nos quedaba capacidad para abrir más la boca o proferir nuevas exclamaciones de asombro o admiración… Otra vez a bajar… a subir… y el segundo cuatro mil, Ighir-n-Taghourt (W2) (4.001m.)… ¡¡Qué maravilla!!… Otro nuevo circo glaciar y el Omsoud como gerifalte del grandioso anfiteatro… Un pequeño descenso,… el empinado tramo final y… ¡¡Voila!!… ¡¡¡todos en el Omsoud (4.068 m.)!!!… ¡¡¡En el “fuelle”!!!,… en lenguaje bereber,… por ser las ventoleras lo habitual en este espacio. La montaña consideró que nos habíamos hechos merecedores del acceso al corazón de este poderoso y bello macizo del Ighil Mgoun, y el “fuelle” no funcionó aquella mañana en las cumbres.



El descenso, a pesar del abrupto desnivel que presentaba el grandioso Circo del Oumsoud, resultó más sencillo de caminar que lo esperado, nos dejamos llevar casi por la gravedad, la pequeña y abundante piedra suelta se precipitaba y acompañaba a los pies a la vez que los frenaba e impedía la aceleración o los trompicones. Bajamos con rapidez y las miradas atrás fueron frecuentes e inevitables, nos íbamos con la sensación de haber estado en el corazón de aquellas montañas.
La vista se perdía ahora hacía el oeste y se sorprendía por la morfología esculpida por aguas, vientos y hielos en estos valles abiertos del Macizo Central del Atlas: las paredes calizas, incrustadas con infinidad de conchas marinas fosilizadas, se desplomaban tajantes desde las cimas hasta los altos faldones de larga cola, con amplios y abundantes pliegues tejidos con gravas de diferentes texturas, fuertemente meteorizadas y variados tonos tierra empastelados. Habíamos llegado al Assif Oulilimt, otro interesante valle a 2.800 m. de altitud.



El cauce del Oulilimt llevaba aquel día un amplio y abundante caudal de cantos, que en periodos de aguas tumultuosas por temporales, tormentas o fuertes deshielos será temeroso de ver y estremecedor de escuchar: un dialogo acelerado entre las aguas bravas y con prisas por abandonar las tierras altas y las rocas, con su inmóvil testarudez, por permanecer en ellas. A nuestro paso sólo encontramos pedruscos de todos los tamaños y colores y ni gota de agua a la vista en el Oulilimt. Una pequeña senda, trazada por el paso de hombres y caballerías, recorría el cauce, sorteaba lo mejor posible el lecho de piedras y nos permitía avanzar despreocupados a la vez que disfrutar de los llamativos conglomerados, pues los minerales que formaban las piedras (grandes y angulosos) eran fundamentalmente silicatos rojos y verdosos, que resultaban muy atractivos.

Al rato de dejar a tras un primer asentamiento de cabañas de pastores trashumantes al abrigo de un resalte rocoso, el agua afiligranaba ya pausada entre los cantos, dando más vida todavía a los colores de estos. Sabíamos que nuestro campamento aquella tarde estaba instalado junto al segundo asentamiento. Ibrahim, el guía, y Mohamed, el cocinero, que habían hecho toda la ascensión y el descenso con nosotros, ahora que ya era clara la ruta a seguir, se adelantaron y nos dejaron con la observación de construcciones, tierras y piedras.
Cuando por fin llegamos a las cabañas donde estaban montadas las tiendas-vivac, en una de las construcciones pastoriles nos esperaban los tres muleros, el cocinero y el guía con un riquísimo té y unos exquisitos, apetitosos y oportunos pastelitos, semejantes a los “buñuelos”, que Mohamed había preparado con mimo, después de todo el día con nosotros ¡¡¡ Chapeau,… sucran,… gracias!!! La atención que recibimos aquella cuarta noche a 2.700 m. de altitud, envidiable… Que más se le podía pedir al día que habíamos tocado y sentido el enérgico corazón del Ighil Mgoun,… el Oumsoud,… el “Fuelle”.



Me hago eco de la petición de Ibrahim, nuestro guía en las montañas del Atlas, para que comunique la forma de ponerse en contacto él, por si alguien desea viajar al Sur de Marruecos. Nosotros valoramos que es un buen profesional.

Trekking en Marruecos 
Ibrahim Morocco Agent
Mountain and Desert Guides in Morocco
Ibrahim inside Morocco  Tel: 00212668 882 715
Rosio Inside Spain Tel: 0034 637205 554
Ibrahin, correo electronico:

toubkaltrekking@yahoo.fr


viernes, 8 de marzo de 2013

Los Carnavales de Enciso: una estampa de antaño

Creativo paisaje de Carnaval en el medio rural

 

 

El día 16 de febrero, pasado el martes de carnestolendas y dirimida la batalla entre Don Carnal y Doña Cuaresma en favor de la última, con la ceniza impuesta “… polvo eres y en polvo te convertirás”,… y entre temporal y temporal de nieve, ya en cuaresma, han vuelto a recorrer las calles, plazas y rincones de Enciso los personajes tradicionales del carnaval. 

  
Esa tarde nos encontramos con aquellos que buscaban la conjura de los miedos ancestrales: osos iracundos a los que se oponían muchachos armados con verduras y apoyados por los hombres ciervo o los machos cabrios; los hombres huerta llegados de la rivera para ahuyentar pedriscos y huracanes nacidos en las quebradas de la sierra… Nos sorprenden comparsas que hacen chanzas sobre personajes de actualidad, ironizan con temas sociales o transforman en filosofía la gamberrada. 

 
Ocultos tras la mascara pretenden sacar los colores a los dirigentes que mueven los hilos del poder y animar a los gentiles que los padecen: los boteros y percalinas llegaron del recuperado carnaval de Cornago, celebrado en las fechas habituales, un grupo sanitario simula un parto en la denostada sanidad publica o el llamativo mamarracho que cisca de harina a quienes se les acerca…


Nos hemos sentido a gusto participando en la recuperada manifestación carnavalea de Enciso, y me preguntaba, si como decía el historiador Julio Caro Baroja en su ensayo El Carnaval, “…mientras el hombre ha creído que, de una forma u otra su vida estaba sometida a fuerzas sobrenaturales o praeternaturales, el carnaval ha sido posible. Desde el momento en que todo se reglamenta hasta la diversión siguiendo criterios políticos y concejiles, atendiendo a ideas de «orden social», «buen gusto», etc., etc., el Carnaval no puede ser más que una mezquina diversión de casino pretencioso. Todos sus encantos y turbulencias se acabaron. Sin embargo, el Carnaval merece respeto,…”   

 
Tenía serias dudas de que en estos tiempos oscuros que atenazan el ánimo de los ciudadanos, no vuelva a tener sentido el Carnaval. ¿No es cierto que vuelven a sentirse en nuestra sociedad miedos atávicos a seres o entidades que dicen que existen,… más nadie les pone cara? Grupos mercantiles o financieros que exigen sacrificios de sangre en el ara… del déficit, la deuda o la prima de riesgo, y su insaciable apetito devora, como siempre, a los más débiles. Y que miedo dan los nuevos Torquemadas, dispuestos a imponer a todos su trasnochada y rancia moralidad…


Terminó la tarde con la quema de los “judas” o “peleles” y con ellos, los miedos, las angustias o frustraciones que atenazan el ánimo. Liberamos el alma por lo menos durante unas horas y reconfortamos el cuerpo al paladear un exquisito chocolate.



Si, creo que vuelven a tener sentido los dispendios y sátiras carnavaleas.