lunes, 18 de marzo de 2013

La ronda de Ighil Mgoun (III)

El Oumsoud (4.086m.), el corazón del Macizo Central del Atlas

 


Al amanecer del tercer día, comenzaron las dos jornadas que nos iban a llevar a las tierras altas del Ighil Mgoun. Quedaron atrás los cultivos aterrazados de Tasgaïwalt y los empinados senderos se adentraron en un primitivo sabinar que sugería fantasías de variada originalidad. Nos reponíamos del jadeo entrecortado que la ascensión nos imponía en las reiteradas paradas que aconsejaban las diferentes inquietudes de los componentes de la marcha: bien sacar fotografías, bien tocar y recibir las energías positivas que sin duda transitaban por las leñosas venas de estos vetustos árboles, sabia seleccionada durante siglos de supervivencia en territorios tan extremos como aquellos que recorríamos, o simplemente contemplar tan bello espacio, en nuestros país gozaría de protección legal y cada una de estas sabinas sería merecedora de un cartel como monumento natural.
Ascendimos con rapidez y pronto quedaron atrás, como un murmullo lejano en el monumental teatro natural, las voces risas y canciones, del grupo de jóvenes mujeres que hicieron coincidir su camino con el nuestro, ligeramente retrasadas, iban a recoger cada una su carga de leña o ramas de sabina, destinada al fuego, a los animales o reforzar elementos constructivos… Este sabinar con ejemplares increíbles me traía a la memoria el uso que hacían, lo recordaba por las conversaciones con mi padre, del carrascal de Villarroya: como aprovechaban la leña, madera y ramas de la encina con los mismos fines y la imagen que presentaba, cuando él era joven, el bosque de encinas, nada que ver con la actual, se parecía más a la que ahora nosotros mirábamos curiosos.



 En Idroumamèm, hasta las mulas subían con la lengua fuera, la senda discurría junto a precipicios de gran vistosidad y panorámicas para no olvidar: el Valle de Tessaout y los farallones rocosos que lo escoltaban, los dos días anteriores nuestros pasos habían transitado por aquel valle tan perdido… y tan sorprendente.
La llegada al collado Tizi-n-Rouguelt (2.860 m.) supuso una inyección de adrenalina revitalizante, la confianza en las posibilidades de conseguir los objetivos que nos habíamos planteado eran mayores: subir al Oumsoud (4.068 m.) al día siguiente, siempre que el tiempo lo permitiese, y completar la vuelta a este “brazo”, “ighil” en bereber, a esta “cadena sucesiva de puntas”, el “Ighil Mgoun”.

A partir de aquel momento mandaron los espacios infinitos. Hasta entonces los paisajes que habíamos encontrado se abarcaban con la vista, si bien eran atractivos y muy sugerentes la mirada se fijaba con elementos o conjuntos concretos, a partir de ahora iba a resultar difícil enmarcar los paisajes, estos se sucedían con lentitud, las piernas tardaban en recorrer los espacios en los que la vista se perdía y la cabeza tenia tiempo para escuchar las historias que ellos, los paisajes, contaban y trataba de interpretarlas.
Un primer asentamiento de pastores trashumantes en Tizi-n-Rouguelt, había sido ya abandonado hasta la primavera siguiente, sus cabañas rectangulares de pequeño tamaño aún no estaban frías, levantadas con piedra trabada junto a los apriscos, todavía con las cagarrutas blandas de cabras y ovejas, sus techumbres planas se sostenían sobre costillas de madera de sabina cubiertas con ramas y tierra; al fondo del conjunto, una de las cabañas con las alfombras aireándose, se disponían a partir… Se habían marchado ya los grandes rebaños de dromedarios, burros, cabras y ovejas,… que nos habían referido y tanto deseaba haber encontrado.

Avanzábamos deprisa pues el camino no presentaba dificultades, sin llegar a ninguna parte, apenas ganábamos ni perdíamos altura, se sucedían las lomas suaves, diferenciadas por gargantas y barranqueras poco profundas y con interesantes formas geológicas,… y siempre de fondo la presencia vigilante del Ighil Mgoun. Este brazo, entre los 3.500 y 4.068 metros, siempre se mostró misterioso y desafiante, aparentemente accesible, y muy atractivo visualmente por las texturas y colores de los materiales que forman sus laderas.


 
El transito final por el Plateau de Tarkeddit fue relajante, a pesar del cansancio, y agradable de caminar: un terreno herboso (terroso después de sufrir el intenso pastoreo veraniego), con el serpenteante y recién nacido Arroyo de Tessaout regalándonos tímidos e intermitentes susurros en su lento discurrir,…y al fondo, muy al fondo, el refugio.

Los servicios que nos ofreció el refugio de Tarkeddit y nuestro cocinero a 2.910 m. de altitud nos parecieron un lujo de hotel de cinco estrellas, la comida, un té delicioso el calor de una estufa de leña, unas colchonetas sobre literas donde tender el saco de dormir y canciones, muchas canciones bereberes, que nos acariciaban la imaginación, inventándonos las historias de amor, de partidas o ardorosos encuentros, que nos habían contado, que cantaban; que nos distraían con sus ritmos cadenciosos el pensamiento, que evitaba agobiarse con las dificultades o el mal tiempo que podían llegar con el amanecer… Un té, unas risas, otros té, otra canción,…no sentíamos el frío que reinaba en el exterior… En seguida llegó el sueño reparador.



Los “idus de octubre” nos fueron propicios (con un día de adelanto) y sólo las nieblas encaramadas a los picos pusieron un ápice de duda en nuestra voluntad de ascender a la cumbre del Oumsoud. Partimos con la noche cerrada, los frontales iluminaban la dirección que nuestros pasos debían tomar para no perder la senda que Ibrahim y Mohamed encontraban en la oscuridad sin dificultad, los pequeños conos luminosos mostraban también el trato que inflingía la gélida noche en las rocas, suelos y arbustos almohadillados. Cuando el alba, seguida del sol, empezaba a calentar en el Plateau de Tarkeddit habíamos alcanzado ya la altitud de 3.500 metros, aparecían ya algunos neveros y la niebla nos rondaba. La senda trazada por un terreno de piedra menuda seguía empinándose, pero continuaba bien definida y cómoda de caminar. Llegamos a un primer collado poco destacado, con frio pero sin aire, y al abrigo de la apuntada pirámide del pico Mgoun (W) (3.978 m.) recorrimos una parte de la cabecera de lo que intuíamos, por la niebla, como un circo glaciar fascinante, y por fin la senda nos llevó hasta el collado que permitía situarse en la cresta del Ighil Mgoun a (3.840 m.)… ¡Bien! Habíamos conseguido lo más complicado… Apenas corría viento y la niebla asentada en la vertiente sur, sólo se atrevía en incursiones recurrentes y caprichosas a deslizarse calmada por el infinito tobogán de piedras chicas de las amplias gradas del Circo del Ighir-n-Taghourt,… y únicamente soplaba la brisa generada por las nieblas en sus permanentes escarceos de una a otra vertiente… Con el miedo que teníamos al fuerte viento de la cornisa.





El subidón anímico fue muy alto, y el cansancio, aparentemente, desapareció… Hicimos con rapidez las fotos que el espacio merecía y ante la dudosa evolución que pudiese tener la meteorología, dispusimos ponernos en marcha y afrontar los aproximadamente 3 km. de cresta alomada, con los dos espolones, que nos separaban del Oumsoud.
La niebla percibida como un contratiempo, resulto ser un factor a nuestro favor, puesto que no era ciega, y nos permitió disfrutar de fantásticas panorámicas en este tramo del recorrido, los circos glaciares aparecían imprecisos y envueltos en un cierto alo de misterio que los magnificaban todavía más… Subimos,… bajamos,… volvimos a subir… y la primera cumbre, el  Ighir-n-Taghourt (W1) (4.008 m.)… No nos quedaba capacidad para abrir más la boca o proferir nuevas exclamaciones de asombro o admiración… Otra vez a bajar… a subir… y el segundo cuatro mil, Ighir-n-Taghourt (W2) (4.001m.)… ¡¡Qué maravilla!!… Otro nuevo circo glaciar y el Omsoud como gerifalte del grandioso anfiteatro… Un pequeño descenso,… el empinado tramo final y… ¡¡Voila!!… ¡¡¡todos en el Omsoud (4.068 m.)!!!… ¡¡¡En el “fuelle”!!!,… en lenguaje bereber,… por ser las ventoleras lo habitual en este espacio. La montaña consideró que nos habíamos hechos merecedores del acceso al corazón de este poderoso y bello macizo del Ighil Mgoun, y el “fuelle” no funcionó aquella mañana en las cumbres.



El descenso, a pesar del abrupto desnivel que presentaba el grandioso Circo del Oumsoud, resultó más sencillo de caminar que lo esperado, nos dejamos llevar casi por la gravedad, la pequeña y abundante piedra suelta se precipitaba y acompañaba a los pies a la vez que los frenaba e impedía la aceleración o los trompicones. Bajamos con rapidez y las miradas atrás fueron frecuentes e inevitables, nos íbamos con la sensación de haber estado en el corazón de aquellas montañas.
La vista se perdía ahora hacía el oeste y se sorprendía por la morfología esculpida por aguas, vientos y hielos en estos valles abiertos del Macizo Central del Atlas: las paredes calizas, incrustadas con infinidad de conchas marinas fosilizadas, se desplomaban tajantes desde las cimas hasta los altos faldones de larga cola, con amplios y abundantes pliegues tejidos con gravas de diferentes texturas, fuertemente meteorizadas y variados tonos tierra empastelados. Habíamos llegado al Assif Oulilimt, otro interesante valle a 2.800 m. de altitud.



El cauce del Oulilimt llevaba aquel día un amplio y abundante caudal de cantos, que en periodos de aguas tumultuosas por temporales, tormentas o fuertes deshielos será temeroso de ver y estremecedor de escuchar: un dialogo acelerado entre las aguas bravas y con prisas por abandonar las tierras altas y las rocas, con su inmóvil testarudez, por permanecer en ellas. A nuestro paso sólo encontramos pedruscos de todos los tamaños y colores y ni gota de agua a la vista en el Oulilimt. Una pequeña senda, trazada por el paso de hombres y caballerías, recorría el cauce, sorteaba lo mejor posible el lecho de piedras y nos permitía avanzar despreocupados a la vez que disfrutar de los llamativos conglomerados, pues los minerales que formaban las piedras (grandes y angulosos) eran fundamentalmente silicatos rojos y verdosos, que resultaban muy atractivos.

Al rato de dejar a tras un primer asentamiento de cabañas de pastores trashumantes al abrigo de un resalte rocoso, el agua afiligranaba ya pausada entre los cantos, dando más vida todavía a los colores de estos. Sabíamos que nuestro campamento aquella tarde estaba instalado junto al segundo asentamiento. Ibrahim, el guía, y Mohamed, el cocinero, que habían hecho toda la ascensión y el descenso con nosotros, ahora que ya era clara la ruta a seguir, se adelantaron y nos dejaron con la observación de construcciones, tierras y piedras.
Cuando por fin llegamos a las cabañas donde estaban montadas las tiendas-vivac, en una de las construcciones pastoriles nos esperaban los tres muleros, el cocinero y el guía con un riquísimo té y unos exquisitos, apetitosos y oportunos pastelitos, semejantes a los “buñuelos”, que Mohamed había preparado con mimo, después de todo el día con nosotros ¡¡¡ Chapeau,… sucran,… gracias!!! La atención que recibimos aquella cuarta noche a 2.700 m. de altitud, envidiable… Que más se le podía pedir al día que habíamos tocado y sentido el enérgico corazón del Ighil Mgoun,… el Oumsoud,… el “Fuelle”.



Me hago eco de la petición de Ibrahim, nuestro guía en las montañas del Atlas, para que comunique la forma de ponerse en contacto él, por si alguien desea viajar al Sur de Marruecos. Nosotros valoramos que es un buen profesional.

Trekking en Marruecos 
Ibrahim Morocco Agent
Mountain and Desert Guides in Morocco
Ibrahim inside Morocco  Tel: 00212668 882 715
Rosio Inside Spain Tel: 0034 637205 554
Ibrahin, correo electronico:

toubkaltrekking@yahoo.fr


1 comentario:

  1. Que maravilla.no se puede describir mejor¡ He oído al agua en sus cauces, y al viento en las alturas. he sentido el olor de esos antiguos supervivientes vegetales. Las canciones encierran toda la gracia y el misterio de lo original y ancestral que vive en las personas . Gracias por hacernos partícipes de lugares y vivencias tan extraordinarias.

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