lunes, 4 de diciembre de 2017

Napoles, pasión y contrastes (1ª Parte)







En ese momento, cuando dudas si la hora pertenece a la mañana o es ya de la tarde, llegamos en la Frecciarossa a la estación de Napoli Centrale. El primer contacto con la ciudad, coincidió con el desmontaje de los puestos de venta portátiles en los mercadillos de las calles Via Firence, Bologna, Torino o Milano, donde arribamos por un error orientativo (…y de comunicación  idiomática) debido a las obras faraónicas de la Piazza Garibaldi. Embalajes rotos, cartones y plásticos, restos de verduras o frutas aplastadas tapizaban aceras y calzadas, y los tenderetes a medio desmontar por manos de diferentes pigmentaciones… Una estampa de bienvenida que parecía dar la razón a quienes así nos la describían cuando preparábamos el viaje a Nápoles. Después de pasar diez días en la capital de la Campania y sus alrededores, únicamente me siento capaz de afirmar que, si bien esta puede resultar haragana y desaliñada en algunos momentos, también coloristas y hasta elegante de forma simultánea y contradictoria permanentemente,  valorarás su carácter amable, bullicioso, jacarero y, como se suele decir, acabaras por caer rendido a sus muchos encantos… Nápoles es monumental, tanto como las renombradas ciudades italianas del norte, con mejor literatura y mayor caché, pero ella, además, es infinitamente más vitalista y campechana…



Nápoles es contraste permanente…Si en la Piazza del Plebiscito, a pesar de la carga futurista que acogió aquellos días, una feria de telecomunicaciones, o  los andamiajes, al parecer crónicos, que delante de las fachadas quitan vistosidad al Palazzo Reale, se respira la grandeza del Nápoles borbónico; en el Quartieri Spagnoli, construido en el siglo XVI para acoger a las tropas españolas y urbanizado en base a la cuadrícula, se mantiene todavía el estilo de vida propio de las clases desfavorecidas de la ciudad, nunca gozo de buena reputación: junto a pequeños negocios de hostelería y restauración al comienzo de las calles que nacen en Via Toledo, arteria vital de la actividad  social napolitana, conviven en las calles estrechas, estiradas para alcanzar el cielo, con algunos talleres artesanos, negocios de difícil calificación y las coladas como palio para honrar a los transeúntes que en ellas se adentra.



Es Nápoles un celoso coleccionista de arte, amante de la belleza en todas sus manifestaciones, visitaras pinacotecas, como la del Museo Nazionale di Capodimonte, que cuando recorras sus salas, pasillos o escaleras pasearás entre obras de arte tan señaladas como “Dánae” (Tiziano, 1544), “Madonna” (Pietro Perugino, finales S.XV), “Parodia de los ciegos” (Peter Brueghel “el viejo”, 1568), “Flagelación” (Caravaggio, 1607), varios centenares más,… o “Vesubio” (Andy Warhol, 1985), además de un bellísimo muestrario de porcelanas, muebles o relojes entre otro muchos objetos. Sería aconsejable que no lo disfrutases de una tacada…
















Por contra, encontrarás colecciones menos pretenciosas, no menos bellas, pienso en el Museo del Presepi (son los belenes en Nápoles como la pizza o “Maradona”) que forma parte de la impresionante cartuja Museo Nazionale de la Certosa di San Martino, no dejarás de descubrir maravillas, salimos prendados, los enamorados de este arte tan popular que son los belenes, finalizamos  la visita en el “Monumental Belén Napolitano”. Toda la ciudad es un museo dedicado al Belén, palacios, iglesias, museos o instituciones mantienen con  diferente fortuna su belén monumental… Y que contarte de la calle Vico San Gregorio Armeno y sus bocacalles o los soberbios patios interiores de las viviendas, están todos sus locales ocupados por comercios abarrotados de figurillas para el belén, sencillos trabajos artesanales o repetidas figuras industriales, y junto a ellos, otros establecimientos, son talleres que han hecho de este oficio, elaborar figuras para el Presepi, un arte secular, que se trasmite de maestros a jóvenes aprendices. 










Estas visitas deben estar subrayadas en tu agenda  con la misma intensidad que el Museo Archeologico Nazionale di Napoli, los prodigios que este atesora en sus recintos, sirvan de ejemplo el grupo escultórico  “Toro de Farnesio” o “Hércules” y por supuesto las apabullantes salas donde se muestra la forma de vida y pasión artística de  Herculano y Pompeya, volveremos a recordar estas salas cuando visitemos las ciudades…





“Porqué envidiar a los museos romanos…”
Nos decía Michele, joven napolitano, latino con  ojos de color verde oliva y buen gusto en el vestir, desde los asientos del concurrido y austero tren de cercanías conocido como Circunvesubiano,  donde coincidimos camino de Pompeya. Hablaba con pasión de su tierra…






Al comenzar la mañana, es el momento perfecto para degustar un buen capuchino o un té, pierde un poco de tiempo y selecciona, pues hay buenas cafeterías y pasticcerias sin   ser el afamado Cambrinus en Piazza del Plebiscito, acompáñalo de un borracho baba o de una sfogliatella, mi recomendación, concha de  hojaldre muy crujiente relleno de ricota y futas, un placer para saborear sentado a sabiendas de que por ello te van a sablear, pero… ¡¡¡ Qué coño, es un pecado…!!! Y por pecar, se paga…


Napoles, pasión y contrastes (2ª Parte), la próxima semana...






viernes, 24 de noviembre de 2017

Por San Andres, la nieve en los pies







“Por Todos los Santos, la nieve en los altos,
Y por San Andrés, la nieve en los pies”





Cada año desde 1888, el último domingo de noviembre, el humo denso, blanquecino, transforma las calles del barrio bajero de Arnedillo en un corredor iniciático por el que transitan creyentes convencidos y coleccionistas de curiosidades. Se adentran garbosos tras las andas que transportan a un menguado, pero rumboso al parecer, San Andrés. Inmersa en las galerías de humo, la procesión de sombras, de llorones con gargantas quebradas, se conjuran contra gripes y catarros mientras esquivan, sobresaltados en ocasiones, el rosario de hogueras que guían la comitiva; fogatas alimentadas sin demora con romeros verdes por desdibujados fogoneros,… y nuevos cúmulos de humo nacen de las llamas, que crepitan al arder los aceites aromáticos encerrados en las hojas, y realimentadas nubes balsámicas esconden de nuevo las calles, tupen el pensamiento de los iniciados que, como antaño invocaron al santo par que les  librara de la epidemia de viruela que asolaba la población, se conjuran, ahora, contra sus pestes: adolecen la mediocridad creciente y laxitud ética de un segmento destacado de sus gobernantes, auspiciada por la inacción timorata y comodona de los ciudadanos. Causa estragos… 





No sé, si con los demonios propios conjurados, pero sí con los pulmones tonificados, dejamos abajo las calles de Arnedillo con las últimas columnas de humo todavía en vertical ascenso, y que buscan con ardor fundirse con las nieblas apegadas a las cabezas de las peñas, protectoras impertérritas del entorno de la población; esta confluencia de hechos propiciaba un ambiente cargado de misterio y teníamos la sensación de haber asistido a un cierto rito de tránsito que, sin proponérselo, había expurgado el pensamiento de rémoras negativas, de miedos y recargado el ánimo… Y por el Camino de las Ermitas pretendíamos ahora llevar a término un peregrinaje diacrónico en el paisaje que comenzaba en el puente altivo, casi arrogante, que permite salvar el Río Cidacos y acceder a los restos del Castillo roquero (¿S. X primer enclave…?),… o al cementerio a su amparo -por cierto, quién pudo permitir una intervención en él, los nichos para enterramientos, tan dura y poco respetuosa con el entorno- y remontaba las laderas aterrazadas al encuentro con la enigmática Ermita de Nª Sª de Peñalba…



Después de las sensaciones experimentadas en el callejeo procesional, continuar con San Andrés en la cabeza resultaba inevitable, además, transcurrido un breve espacio de tiempo, su presencia en la senda que recorríamos volvía a hacerse patente, nos acercamos  a una ermita que llevaba su nombre, un recinto barroco (S. XVII) que comparte con San Blas. Resulta un excelente mirador sobre Arnedillo esta Ermita de S. Andrés y S. Blas... Mas no demoramos la marcha pues el camino, trazado a media pendiente, permite disfrutar de las mejores vistas que se proyectan del pueblo. Sin tiempo para asimilar la sensación ambivalente que da estar, por un lado, inmersos en un paisaje fascinante, de llamativos contrastes naturales acompañados de una notable humanización, y, por otro, la observación de elementos, mires donde mires,  que obviados –o buscado una solución más imaginativa- hubieran aportado mayor  riqueza y singularidad al paisaje.



Con este pensamiento contradictorio en la mente, bajo los bravos roquedos calizos –declarados como zona ZEPA (Zona Especial Protección Aves)-, morada de una importante colonia de rapaces; las numerosas terrazas que desafiaban antaño la pendiente y hacían posible el cultivo de cereales o las plantaciones de olivos y almendros, que se encuentran hoy, en su mayoría, desatendidas y confiadas a la gestión de la naturaleza y del tiempo, llegamos a la Ermita de S. Miguel, interesante reconstrucción llevada a cabo sobre las estructuras del S.XVI, obra bien integrada en el paisaje, confiere a este rincón una impresión recoleta que invita a detenerse, sentarse en la bancada corrida que precede al porche de entrada a la ermita y perder la mirada en estos adustos territorios castigados de manera persistente por la sequía; lejos de cumplirse el refrán que abre el escrito: “… y por San Andrés, la nieve en los pies”. Nieve que debía ser habitual en estas fechas, que prensada y separadas las gruesas capas  heladas con paja en franjas de menor grosor, llenaría la nevera (a doscientos metros de la ermita) por su angosta boca; asomados por ella la contemplamos iluminada con el frontal. Se conserva integra.





No resultó difícil ligar esta construcción, destinada a la tenencia de hielo a lo largo del año, con la cercana Ermita de Sª Mª de Peñalba que, parece ser, fue un centro de culto religioso de bastante entidad. El enclave donde se sitúa la ermita, objetivo final de nuestro peregrinaje paisajístico era estimulante: asentada en un venteado collado que domina el Valle del Cidacos hacia el este, así como Sierra La Hez, Peña Isasa o Peñalmonte, guarda sus flancos al amparo de algunas hieráticas efigies calcáreas que disimulan de alguna manera la ubicación prominente de la ermita. Alejada del tránsito del valle, ha sido capaz de legar las transformaciones que ha tenido a lo largo de los siglos. Deberíamos buscar sus orígenes, posiblemente, en los primeros eremitorios que encontraron en  las cuevas de los barrancos cercanos, los espacios idóneos para practicar su religiosidad y pasar desapercibidos a los ejércitos y creencias que llegaban por el valle. Sí parece constatable que fuera en los S. IX-X, cuando se levantó un primer templo mozárabe y en este periodo hay que situar la columna central de la que nacen cuatro arcos de medio punto, conjunto que recuerda una palmera, estructura que los estudiosos quieren relacionar con las esplendidas iglesias mozárabes de San Baudelio de Berlanga y Sª Mª de Lebeña, en Soria y Santander respectivamente. Durante el periodo románico, S. XII-XIII, se añaden los ábsides cuadrado y semicircular y  será ya en épocas más recientes  cuando se construirán los elementos restantes.



Ha rodeado la polémica y la falta de reconocimiento a esta, más que probable, joya de la arquitectura antigua, hasta el punto de  haber sufrido en algunas épocas graves alteraciones en sus estructuras y ornatos, por desconocimiento o exceso de celo reformador; para quedar después sumida en el abandono, como refugio o corral para el ganado… En la actualidad se ha dignificado como merecía, al margen de polémicas, y este hecho ha supuesto una estimable revalorización del paisaje que la alberga,… idóneo ahora para poner a buen recaudo en vuestro Cofre para Paisajes. 








martes, 6 de junio de 2017

La Ermita de las Abejas









Nada queda del despoblado de Sonsoto desaparecido allá por el siglo XIV, permaneció no obstante el lazareto, hospital para leprosos, fundado en el siglo X, probablemente al amparo del Hospital del Santo, mas este sucumbió también, asolado por un incendio, en el año 1663, que se reconstruyó, ya como Ermita de las Abejas, al año siguiente. El edificio actual es el resultado de otra reconstrucción, la que se llevó a cabo tras un nuevo incendio, el 3 de agosto de 1773, será casualidad, justo  cien años después del anterior, que destruiría las techumbres, imágenes y puertas… Parece Lógico que festejen la Romería de  la Virgen de las Abejas el martes de Pentecostés (se celebra en la Iglesia la venida del Espíritu Santo, en forma de lenguas de fuego, a la Virgen y los Apóstoles…). Ya hace unos años que conocí, y no recuerdo cómo, este accesible tesoro del paisaje riojano y su cultura popular, que hoy te animo a recorrer. Si además fueses amante de la apicultura, encontrarás  razones añadidas para disfrutarlo…


    Hoy 6 de junio, martes de pentecoste, primer día de la Romería de las Abejas


Fue grande la sorpresa al comprobar que las “piqueras” de las colmenas que adornan, como engarces de una diadema, la cabecera de la Ermita de las Abejas, remozada y pintada recientemente, carecían de actividad, la “tría” continuada, trepidante incluso, propia de este periodo de copiosas floraciones, era nula. Nada que ver con la acumulación vibrante de abejas sin aparente orden, descartado en esta organizada sociedad apícola, que había en las “piqueras” cinco años atrás, última visita a este humanizado paisaje cerealista en las tierras entre Santo Domingo de la Calzada y Villalobar… Está confirmada la existencia de buen numero colmenas, allá cuando en las riberas del Oja se prodigaban los huertos y frutales, el soto del río lo formaban, además de las grandes arboledas, una ingente cantidad de arbustos, zarzamoras o plantas rastreras, y las sinuosas planicies de cereal estaban parceladas por infinidad de ribazos y salpicadas por algunos cabezos, que se presentaban, ambos, festoneados con espinos albares, escaramujos, madreselvas, más otros arbustos querenciosos de estos espacios entre los sembrados. Un paisaje fértil y frondoso, en el cual el “pecoreo” incansable de las abejas ofrecería una copiosa recolección de miel en primavera, además de garantizar la óptima polinización de la floresta.



    Hace cinco años...




Mantiene todavía el paisaje un poderoso atractivo visual, resulta sugerente al pensamiento y es rico en sensaciones cuando lo recorres, a pesar de la sensible pérdida de discurso que el mismo ha sufrido,… y de colmenas (probablemente no quedará hoy ningún colmenar,… ni el de la ermita). Quiero creer que la siempre controvertida concentración parcelaria se considerará un éxito desde el punto de vista de la productividad agrícola: con ese fin se agruparon las pequeñas fincas para dar lugar a las grandes parcelas actuales; se ejecutó el  trazado cartesiano de amplios caminos o de acequias que acercan el agua hasta el último rincón del territorio; si además, resulta evidente que todas estas modificaciones han propiciado el acceso a los campos de cultivo de todo tipo de maquinarias para labrar, abonar y regar las tierras, o recolectar sus frutos. Se ha garantizado, en definitiva, la rentabilidad de las cosechas de unos pocos.






Por contra, es difícil de cuestionar el  empobrecimiento que ha supuesto para este paisaje tan amaestrado la merma en su seno de las voces humanas, compañía indisociable de los sudores que acarreaban las faenas agrícolas, y no es menos evidente, que las intervenciones arriba mencionadas se han demostrado nefastas para dicho paisaje: se han eliminado infinidad de ribazos con la finalidad de unificar las pequeñas fincas y explanar el espacio, con la consiguiente pérdida en él de volumen y profundidad, además de una sensible disminución de la diversidad vegetal y animal que encontraba entre los ribazos y sembrados que delimitaban, el hábitat idóneo para desarrollar su ciclo vital; igualmente, es constatable que ha sufrido el paisaje un efecto similar al descrito con la eliminación de ribazos, al suprimir de la mayoría de las acequias árboles y arbustos de sus orillas, escoltas vocacionales de las conducciones naturalizadas que irrigaban las feraces tierras de aluvión depositadas por el Oja. En las que restan, todavía hoy, con vegetación, a resguardo de miradas indiscretas cohabitan una singular comunidad de aves y anfibios, acompañados de algunos reptiles o mamíferos, querenciosos de estos regueros emboscados en los encorsetados sotos.







Es el mismo Río Oja el que hace posible la recarga del acuífero que subyace bajo este territorio, cuando nieves y lluvias han sido las habituales, al menos en la Sierra de San Lorenzo, siempre presente en este paisaje, se manifiesta en veneros generosos, de aguas cristalinas, desenvueltas, en hontanares que dan lugar a espacios semipantanosos como el de la Fuente del Prado, desconocido en años como el presente, con una carencia histórica de precipitaciones, que ha obligado aquí al riego del cereal o la colza. De igual manera las antiguas balsas de riego, quedan pocas, salpicaduras que persistían en la campiña a lo largo de las estaciones, están ahora secas debido al descenso del nivel freático del acuífero.



    Veneros y hontanares hace cinco años...


    Pequeñas balsas de riego en 2017...


En previsión de hechos como este de la sequía, cada vez más frecuente, y con el fin de poder satisfacer la demanda de agua, cada vez mayor, que precisa la actividad agrícola, se han transformado las viejas balsas en fosos en rampa encementados, con pozos en el fondo, donde se conectan las bombas de extracción o los tractores y de esta forma acceder a aguas más profundas, con la consiguiente sobreexplotación del acuífero, que conlleva una menor calidad de las aguas que se extraen, ya que los afanes por hacer producir al máximo  los cultivos se fundamentan en un abuso en la utilización de abonos y pesticidas, que se filtran al acuífero y se concentran en sus aguas. De nuevo esta intervención en el paisaje, con pozos, bombas y tractores a toda marcha, ha supuesto una herida visual para el que lo disfruta, un ruido de motores que silencia el canto de los ruiseñores, las currucas, las lavanderas o el buitrón, y los humos del gasoil quemado invaden las pituitarias sin dejar paso a las fragancias de las madreselvas o los lirios de los regachos.



Puede parecer que el panorama que describo es desolador, carente de interés, nada mas lejos de mi propósito, pues os animo encarecidamente a recorrer estos caminos que desde la Ermita de las Abejas, recoleto conjunto camuflado entre hercúleos castaños de indias, os acerquen a Villalobar, sin track programado. Empaparos con estos cuadros de perspectivas saturadas de color: verdes esmeraldas, y otros verdes, amarillos limón y azules celestes en compañía de más azules. Os emplazo a que invitéis a vuestra mirada a perderse en el horizonte guiados por el aguilucho cenizo, maestro donde los haya de las acrobacias y el planeo, esta rapaz estilizada, elegante y escasa, es plausible como emblema de este valioso paisaje,… otra joya que, sin duda, deberíais guardar en vuestro cofre  para paisajes.







    Planeo del aguilucho cenizo...


Callejead por Villalobar, y sin ser tan quisquillosos como yo, descubrid sus motivos de interés y gozadlos. Llegad hasta la Iglesia Parroquial de la Asunción que tiene detalles, como su torreón o la sencilla portada, que se remontan al románico del siglo XII, a su Torre Fuerte, de presencia decadente y sensación semiabandonada, conserva un sinfín de posibilidades para recuperar y nos permite pensar en los siglos XIII y XIV, o  la Casa Solariega de los Bustamante de principios del XVII que, según me cuentan, rehabilitada como hotelito con encanto, compaginaba su rica decoración con acogedores espacios para la estancia,… y truncaría los muchos sueños depositados en este alojamiento, concebido para soñar, dada su temprana clausura. Reparad fuerzas y charlad con los paisanos en el Villalo Bar, centro social, punto de encuentro y festejo, discusión y debate, de la pequeña localidad riojalteña.






Y ya de vuelta a la ermita de las Abejas, mirad el calendario y comprobad si la fecha coincide con el 6 de junio, martes de Pentecostés, este año 2017, si es así, tras los actos de misa y procesión con las imágenes de la Virgen de las Abejas y San Isidro,  se repartirán las tradicionales habas con pan y cebolla, y será el domingo siguiente, 11 de junio, cuando acudan casi todos los vecinos de Santo Domingo y alrededores a la romería, acercaros vosotros también y, además de participar del buen ambiente,  degustareis el tradicional cocido que cuenta la copla y cantan los romeros:

…. Venimos de las abejas,
venimos de la función,
hemos comido lentejas
con orejas de lechón.