viernes, 6 de mayo de 2016

¿LANGUIDECE EL CASCO ANTIGUO LOGROÑES…? (I Parte)




Un homenaje a este barrio indispensable de la ciudad



Leer hace pocos días en el suplemento semanal “El viajero” del periódico El País la crónica que llevaba por título “Logroño de plaza en plaza”(1) y cuyo encabezamiento decía “Ruta con paradas imprescindibles por el casto antiguo de la capital riojana que culmina con vinos y pinchos” , unido a la profusión de visitantes y vecinos que durante esta Semana Santa han acudido a los desfiles procesionales por el centro histórico de la ciudad, paseado por sus calles  para disfrutar de la tranquilidad de las mismas y, como rezaba el artículo, de esos espacios de ocio y encuentro donde alternan cuadrillas logroñesas y forasteras a la vez que degustan imaginativas creaciones gastronómicas o paladean una carta amplia de vinos, fantasías enológicas disfrutadas en la calle… 


Ha tenido la sensación “el viajero” que tornaba al Casco Antiguo de Logroño la relevancia que tuvo antaño, mas, se teme que es sólo un espejismo, que este paisaje urbano que le enamora, bien delimitado entre el Río Ebro y el Espolón, la Judería (el siempre pendiente de rehabilitación  barrio de la Villanueva) por el este y el Cubo del Revellín hacía el oeste, cuya trama urbana mantiene las trazas de la ciudad medieval atravesada por el Camino de Santiago; que ha sufrido las trasformaciones propiciadas por las tendencias arquitectónicas seculares y que ha dado como resultado una modesta, pero representativa, salpicadura de construcciones civiles, religiosas e incluso industriales, testigos de las historias en él acaecidas. Si bien es cierto que al comparar la visión presente del Casco Antiguo de Logroño con la documentación escrita, gráfica y pictórica o con las fotografías conservadas del siglo anterior, resulta evidente la perdida de patrimonio arquitectónico, no es menos cierto que lo más preocupante es el menoscabo que ha sufrido el mismo como protagonista en la orquestación del ritmo vital de la ciudad. Únicamente vuelve a sus plazas y calles un tránsito fluido de gente durante algunas horas los fines de semana y en fiestas señaladas…


Nada que ver con el flujo continuado de vecinos y la actividad casi permanente de antaño,  en lo que se consideraba el centro neurálgico de Logroño, donde vivió “el viajero” su niñez, pero cabe señalar que por aquellos días casi todas las familias influyentes de la ciudad habían ya fijado sus residencias fuera de este barrio… Le cuentan como él, parvulito de las Escuelas Trevijano, edificio de 1927, pedía una “perra gorda” a la maestra para ir a la churrería que había delante del Parque de Bomberos… Recuerda con 7 u 8 años, alumno del colegio Nuestra Señora de Valvanera, sus visitas al Acuario donde adquiría con su reducida paga soldaditos de plástico, indios, vaqueros, Mixtos Garibaldi (2) o pequeños coches y camiones con los que jugaría luego en los terrenos de entrevías, ya sin transito ferroviario, la actual Gran Vía… Cada domingo acudía con sus primos al Cine Frontón y vivía con Tarzan, Fantomas, El Zorro o el 7º de Caballería las más trepidantes aventuras matinales… 



No olvida tampoco el murmullo cabizbajo que recorría las calles de Portales, Mayor, Ruavieja o las Plazas del Mercado, Santiago, Martínez Zaporta o San Bartolomé las tardes de Jueves y Viernes Santo, acudían a los Oficios Religiosos para proceder luego al ritual del paseo por una ciudad gobernada por un catolicismo bastante rancio e hipócrita, donde permanecían cerrados, comercios, bares, cines o teatros, con el fin de visitar los Monumentos instalados en el interior de las iglesias,… y rememoraba también la actitud jacarera de los mozalbetes mientras esperaban el desfile procesional de los pasos, en contraste con las adustas miradas recriminadoras de los adultos,… como sobrecogían el pensamiento y el ánimo de la chavalería, en la estrechez de la calle Mayor, la que prefería “el viajero”, las marchas imperativas interpretadas por las bandas de tambores y trompetas de las cofradías,… se paralizaban por la visión de las representaciones escultóricas de un Cristo atormentado hasta la muerte, de los cofrades vestidos con túnicas y capirotes de colores rasos brillantes o de las manos ensangrentadas que aporreaban con ahínco los grandes bombos… Terminadas las procesiones las calles del Casco Antiguo quedaban en silencio vigilado, la vida en ellas transcurría estos días al ralentí… nada que ver con lo que estos días pasados se vivió en Logroño.


Qué contar del comercio, los establecimientos más diversos y variopintos abrían sus puertas cada día para ofertar todo tipo de productos y servicios. Toda la vecindad acudía a plazas y calles del Casco Antiguo para adquirir viandas, ropas, y todo tipo de útiles, así como recabar las prestaciones de entidades como el Ayuntamiento en el Palacio de los Chapiteles o el Instituto Nacional de Previsión en la calle Sagasta, allí perdió “el viajero”, sujeto con una sábana, las amígdalas… Y enfrente el Mercado de San Blas, “La Plaza”, al edificio de Fermín Álamo acudían los logroñeses, bueno, entonces cuando él era chico, mayoritariamente las logroñesas, desde todos los rincones de la ciudad para comprar el rico y fresco abanico de frutas, hortalizas, carnes y pescados que se ofertaba, al menos una vez a la semana, él iba con su madre y lo recuerda bullicioso y colorista, en un puesto tras otro la espera era inevitable, en todos los pisos se exponían mercancías y un puesto en “La Plaza” costaba un “Potosí”… Parecido a lo que ocurre hoy… ¿Verdad…? 


Todo un rosario de tiendas de ultramarinos, panaderías, pastelerías o golmajerías se repartían también por el resto de plazas y calles,… se le vienen a la cabeza las panaderías Valparaíso, Bericochea o Tudanca,… pastelerías como La Mallorquina, La Exquisita (¡¡¡Qué bollos de mantequilla batida...!!!), o La Mariposa de Oro, a las autoridades de los años 40 no les gusto su nombre inicial Le Papillon d´Or, de los pocos comercios que conserva sus instalaciones tal cual y las increíbles elaboraciones de su obrador insuperables,… o golmajerías como La Golosina, Golosinas el Gordito o Arroniz, que era el lugar idóneo para adquirir las logroñesas “pastillas de café con leche”… Eran numerosas las librerías, Ibérica, Cervantes, Quevedo, Pradilla, Cerezo o Balmes donde nos juntábamos la chavalería para cambiar cromos o tebeos del Jabato, el Capitán Trueno o Hazañas Bélicas, mientras los mayores llevaban las novelas del oeste de Marcial Lafuente Estefanía o las románticas de Corín Tellado. Las ferreterías también estaban muy presentes y recuerda La Universal, Amelivia, Anguiano o Larrea, frente al Instituto Sagasta, la única que pervive además de La Inglesa (3)



Pero sin duda las perlas comerciales del Casco Antiguo de Logroño eran las tiendas de ropa, calzado y complementos, una pléyade de establecimientos que daban respuesta satisfactoria a la demanda de los consumidores: Calzados Ochoa, Calzados Pisa, Calzados Calles,… o algunas otras que no recuerda “el viajero” calzaban a los logroñeses, a día de hoy no quedan zapaterías en su seno… Su recorrido por las calles le traen a la cabeza comercios de ropa como El Nuevo Mundo, La Villa de Madrid, Menvi, La Violeta o Ciudad de Londres-Garrigosa, la Sastrería Orozco, Sastrería Larrea, Retales Cristina, Sederías Margón o  La Roja que permanece, ya sin el regusto a  comercio con solera, en su esquina y con su cartel luminoso rojo con letras blancas que destaca único en la Calle Portales… y en la esquina de enfrente Confecciones Tena, era una boutique estilosa  y elegante de alta costura,… que ha adaptado su espacio para vender ahora dulces y frituras de la franquicia El Ángel… 

Recupera la sonrisa ante el escaparate modernista de la resistente Sombrerería Dulín, inaugurada allá por el 1896, ejemplo de comercio que debiera formar parte del patrimonio cultural de la ciudad, y contar con el favor de los consumidores e instituciones para mantener sus persianas levantadas, ocurre lo mismo con algunos ya mencionados y recuerda también, entre otros, la Perfumería Muro, con nosotros desde 1949, en Marqués de Vallejo, un atractivo liceo de la cosmética y el perfume, traspasar sus puertas supone un despertar estimulante de los sentidos… Nos quedan tan pocos comercios con esta personalidad, que los puedes contar con los dedos de una mano…







…. Continuará en ¿LANGUIDECE EL CASCO ANTIGUO LOGROÑES…? (II Parte)



Notas aclaratorias:

(1) “Logroño de plaza en plaza”, articulo publicado el día 28 de marzo de 2016.
(2)  Mixtos Garibaldi: marca comercial desaparecida de unos pequeños artificios explosivos que comprabamos la chavaleria para jugar, mezcla inflamable similar a las cerillas.
(3) La Inglesa, esta ferretería ya ha cerrado también sus puertas.



 

martes, 22 de marzo de 2016

En “Peña sorbas” vuelan águilas





Mientras hacemos camino confiamos que se escuchen negocien y pacten

Me ha quedado claro tras las últimas elecciones que los ciudadanos lejos de instalarse en la apatía, debido a la impotencia y ninguneo al que se han visto sometidos por el actual gobierno neoliberal de Mariano Rajoy, incluso ahora en funciones, han gestado formas políticas muy divergentes y discrepantes como respuesta a una notable disparidad ideológica que ha madurado en el seno de esta sociedad tatuada, sin preguntarle, por la  crisis. Esta realidad se ha visto reflejada en el reparto que han hecho los ciudadanos de sus votos y la consiguiente aparición en el parlamento de un nuevo, y también diverso e ilusionante, elenco de partidos políticos,… el número de votos son mejor reflejo que el reparto de escaños que otorga nuestra Ley Electoral, tan urgente de modificar. Obvio el análisis de los resultados pues ya todos los hemos visto y leído, reflexionado y opinado hasta la extenuación y me limito a constatar un hecho que percibo cada día con más fuerza en el ánimo de los votantes: no nos enmienden la plana mediante componendas demagógicas, interesadas y partidistas. Les hemos dado dos encomiendas meridianas, queremos “Cambio” y “Dialogo sin Vetos”. Y sin duda esperamos que nos escuchen y no nos aboquen a nuevas elecciones. Tienen mimbres para tejer una cesta consistente, saquen a la luz sus mejores artes, escúchense, negocien y pacten… Esperamos, mientras empiezan a “Hacer Política”, en un nuevo camino que recorre “el viajero” en otro Paisaje con Minúsculas



Hemos tenido que esperar a “febrerillo el loco” y a “marzo ventoso” para sentir el invierno y ver nieve en las montañas, será por ello que los almendros en el Valle del Cidacos no han tenido paciencia, confundidos por las anómalas temperaturas y las rácanas precipitaciones recogidas hasta entonces, florecieron antes de tiempo, sin entusiasmo ni complicidad con las almendreras cercanas (…no tendrán grupo de Whatsap o amplia lista de amigos en la cuenta de Facebook para coordinar acciones) y no se han entregado al desbordante carnaval que nos brindan otros años vestidos los almendros con sus merengados trajes de flores, mecidos voluptuosos por los cierzos y doblegados los vientos por la hechicera melosidad de su néctar…



Llamaba nuestra atención un conjunto de peñascos, en apariencia, impactados en las laderas del Alto de la Nevera (860 m.) y precedidos de numerosas plantaciones de almendros, siempre que transitábamos por la pista que parte del kilómetro 36-37 de la LR-115, en las cercanías del municipio de Autol, que nos llevaba a Yerga (1.101 m.) o por la garganta de Ordoyo accedíamos a los restos de la desaparecida población que llevaba ese nombre… mas nunca nos habíamos aproximado a ellas ni imaginábamos lo abarrancado que era aquel territorio atractivo desde la lejanía…



No os resultará sencillo llegar al punto de partida del itinerario que descubrirá este recóndito espacio riojabajeño… Quién ha dicho que viajar no requiera esfuerzo y preparación, estudiar el mapa y preguntar a los lugareños habituales en el laboreo de este paisaje humanizado, serán herramientas suficientes para poder seguir la ruta que propone “el viajero”. Tras recorrer un importante tramo de la excelente pista forestal que sube a Yerga, cerca de 4 km, toman un amplio camino en dirección oeste que lleva al Alto de la Nevera, han dejado el coche y comenzado el tránsito a pie por el término del “Cañamón”. Desde el comienzo llama la atención las numerosas almendreras que han sido arrancadas o están yecas sin podar ni tratar, grandes árboles adornados, pasada ya la navidad, con enormes bolas de muérdago gorrón, deliciosas golosinas son sus pegajosos frutos para los zorzales, principales agentes de la dispersión de las semillas parásitas.



Junto a las almendreras aparecen, ladera arriba, viñedos jóvenes oportunamente labrados, sin hierba en los pies, podados a tres pulgares por brazo y tres brazos por cepa. Eran impensables años atrás las viñas en estos parajes, no sin fundamento, cabe pensar que acabarán por desplazar a los almendros. Esta realidad agrícola cada vez se observa en mas escenarios del territorio riojano y responde a una utilización economicista, a corto plazo del mismo, que el viajero estima errónea, pues considera la creación de un mosaico de cultivos rico en colores y textura, en diversidad y variedad de las plantaciones, como la forma sostenible, a largo plazo, de mantener la rentabilidad de la economía de los agricultores, sometidos como están los cultivos a las siempre impredecibles condiciones atmosféricas, intereses caprichosos de los mercados o a las políticas titubeantes y poco favorecedoras del medio rural.



Dejan el camino que sube decidido, solo en apariencia, hacia la Nevera (860 m.) y toman otro a la derecha  que les permite constatar que aquellos peñascos de areniscas calcáreas, lejos de estar estrellados contra la ladera forman en ella corredores, barrancos y despeñaderos muy vistosos paisajísticamente en unos términos tan domesticados por la agricultura, y que además facilitan el asentamiento de una notable diversidad faunística: aves y mamíferos de pequeño y mediano porte como el colirrojo tizón, collalbas gris y negra, roquero rojo, incluso solitario, cernícalo, no constato el viajero la presencia de halcón peregrino, mas está dentro de lo posible, garduña y zorro entre otros, sin descartar a los de mayor tamaño como corzos y jabalíes… Si a ello sumamos la presencia en los farallones de la peña del “Chorredero” y “Peña Sorbas” de los buitres leonados donde crían y sestean, solo faltaban en el envidiable cuadro faunístico la aparición en escena de unas peculiares siluetas que siguen desde hace ya un rato, una pareja de águilas reales que campean desinhibidas, ahora otean desde los penachos rocosos el amplio territorio que se extiende hasta la alba cresta pirenaica,…ahora sobrevuelan el paisaje y se lucen con acrobáticas piruetas,… se posan de nuevo en las rocas. Marcan su territorio de caza y cría, abundan los conejos en esta campiña que lleva hasta Aldeanueva. Disfrutar estos momentos es un lujo (puedes ver un tríptico fotográfico de la pareja, de lejos, en el blog abajo señalado). El camino se acerca por detrás a los peñascos y les permite encaramarse a lo más alto de “Peña Sorbas”… Ahora entienden a las águilas.


Allí muere el camino y nace una vereda que se percibe transitada por aficionados a la bicicleta de montaña: superan un barranco, ascienden por un cortafuego para seguir luego, a media ladera, por el borde del pinar… Abandonan la vereda y se acercan por una senda de animales a un nuevo conjunto de peñascos que se conocen como “Peñas Menudas”, no es difícil adivinar porqué… Podían volver a la vereda y continuar por ella o descender campo a través como prefirió “el viajero”, que utilizó los islotes rocosos como “hitos” que indicaban la dirección necesaria en el descenso para cruzarse abajo con otra pista amplia que en dirección sureste por el término “El Santiguadero” les permitiría retornar al lugar donde habían dejado el coche en el término del “Cañamón”…

Encontraras en este Mapa 1º el recorrido en coche desde el Inicio Pista entre el Km 36-37 de la LR-115 hasta el Inicio Recorrido a pie...



 Con el Mapa 2º podras continuar el recorrido, ahora a pie... 



 A disfrutarlo... ¡¡¡ Buen viaje... !!!






lunes, 11 de enero de 2016

Los últimos castaños del Najerilla





Un embrollo arbóreo con detalles elegantes y delicados


El otoño se ha resistido como “gato panzarriba” a dejarnos. Las temperaturas anómalas propiciadas por vientos del sur, la escasez de precipitaciones, pues el anticiclón “mal situado” no dejaba llegar las borrascas a la península, salvo al noroeste, las nieblas persistentes en los grandes valles, que se adentran por los subsidiarios, sin cencellada,… y Valdezcaray sin nieve, han hecho que al invierno, recién llegado por calendario, no lo hallamos sentido como protagonista ambiental esta Navidad. Quizás el cambio climático, incomoda realidad de la que ya todos hablamos, casi todos aceptamos como un hecho,… creo que incluido el “primo de Rajoy”, y a tan pocas medidas para aminorar el problema nos compromete, tenga algo que ver con este invierno disfrazado que no sé si disfrutamos o  padecemos.



Hace unas semanas recorrió “el viajero” un atractivo territorio historiado, modelado por dos riachuelos que descienden de este a oeste en busca del río Najerilla: el Arroyo de la Magdalena y el Arroyo Cubo. Lo conoció tiempo atrás gracias a la amena y didáctica compañía de algunos amigos de Anguiano y se ha animado a invitar a los lectores a recorrerlo dado su fácil acceso y ofrecer motivaciones de índole muy diversos, como se descubrirá cuando os adentréis en este paisaje un corto día de invierno.




Tomareis el camino que a la salida de Anguiano en dirección a Mansilla nos lleva hasta la Ermita de la Magdalena, tutelados por el arroyo que toma el nombre de la titular del santuario y es patrona del municipio. Remontareis huertos guardados con tapias de mampostería, en desuso la mayoría, no obstante observareis algunos replantados de chopos, varios de nogales y otros, ahora en barbecho, están preparados para plantar en primavera los excepcionales “caparrones de Anguiano”: pequeños elipsoides granates y un ojito blanco en su diámetro, de piel suave, mantecosos, cuando los  paladeas se funden en la boca y ves con disgusto el fondo del plato.


Vais a transitar por un valle tapizado con abundante vegetación arbórea y arbustiva que te da sensación de infranqueable, asilvestrado, ahora, con el invierno ya instalado, todavía llaman la atención pequeños detalles de su barroquismo otoñal: avellanos, fresnos, sauces o tilos compiten por la luz en altura; arces, mostajos, cornejos o zarzamoras ocupan el espacio entre el suelo y la media alzada; mientras las hiedras y las clemátides trepan y se encaraman a costa de los demás hasta donde les dejan… Si bien resulta difícil diferenciar en este momento las especies vegetales por la casi ausencia de hojas, podréis por contra desentrañar el enmarañado osario de un bosque mixto asociado a un pequeño arroyo de montaña.




Probablemente este camino a la Ermita de la Magdalena sea el más filmado de La Rioja  por televisiones nacionales e internacionales, dos veces al año los “Danzadores de Anguiano” ataviados con chalecos a siete colores y anaranjadas faldas voladas, derviches sobre 45 cm. de zancos de madera y castañuelas en mano, acompañan a la imagen de la Magdalena: en mayo, el domingo anterior a la Asunción, piden bendiciones para las cosechas en su peregrinaje desde la ermita a la Iglesia Parroquial de San Andrés en el centro del pueblo; el último fin de semana de septiembre, de regreso a la ermita, danzan y cantan como muestra de acción de gracias por los frutos recolectados.




En torno a la ermita, interesante edificio del siglo XVIII y la leyenda de la aparición de la imagen se reúnen algunos de los elementos más notorios que los tratados de religiosidad medieval le piden a un centro de culto y devoción: la imagen se encontró en una encina, el árbol de la vida, conexión entre la tierra y el cielo, sus hojas eran estimadas por los lugareños; posteriormente se escondió la imagen en una de las cuevas del cercano Pico del Águila para salvaguardarla de las razias sarracenas, también las piedras de la gruta eran guardadas por las gentes; adosada a la ermita un sobrio y proporcionado templete, levantado en la primera mitad del siglo XVII, acoge en su interior la Fuente Intermitente con sus quince caños distribuidos en cuatro pisos, cuyo caudal discontinuo dependerá de los rigores climatológicos y de la magia divina de la geología, estos condicionantes propiciaran que las aguas rebosen cada hora , o un par de veces al día, por las tres grandes bocas del piso superior. Hojas, piedras y aguas eran veneradas y consideradas sanadoras de diferentes males del cuerpo y del alma…




Dejad atrás la ermita y las ruinas en los aledaños, de lo que antiguamente fue un conjunto concurrido de culto a María Magdalena, y seguid por el camino que asciende hacia el oeste y permitirá, una vez coronado el Colladillo de Valderroñas, gozar de la atractiva panorámica del valle modelado por el Arroyo de la Magdalena, con la ermita como un broche engarzado, y pasar al formado por el Arroyo Cubo por el que descenderéis. Mas piensa “el viajero” que es interesante detenerse en el collado, salirse del camino y tomar una senda que sube con suavidad, también en dirección oeste, por la cuerda, un rosario de pequeñas lomas cubiertas de encinas y salpicadas de corrales ya sin cometido, permanecen arruinados pero son testigos mudos de historias y actividades de antaño.



 
Son fechas propicias para descubrir en esta vereda los pequeños arbustos de rusco (ruscus aculeatus), verdes perenne y brillo matizado, falsas hojas coriáceas de forma lanceolada con firme aguijón en la punta, que pasarían desapercibidas cualquier otra época del año y que ahora sus llamativos y prohibidos frutos rojos captarán la mirada de los curiosos. Planta valorada tradicionalmente por la medicina natural que solo aportará beneficios saludables con los conocimientos pertinentes.





De vuelta al collado, hoy aconseja “el viajero”, no seguir pista forestal arriba, pues las horas de luz son pocas y es camino lleno de alicientes en días largos, por contra, podéis todavía encontrar por la bajada, en el tramo final del Arroyo Cubo, algunos de los últimos ejemplares de castaño (castanea sativa) del Valle Najerilla. Antes de iniciar el descenso mirad hacia el norte la sugerente vista de las Peñas y Barranco de Mari-Matea en cuyo seno, disimulado entre otros árboles y anclado en la frescura de un cauce tacaño, se encuentra el “Castaño de la Nisia”, un viejo y cansado ejemplar que resiste con gallardía los envites del tiempo, el más longevo de la comarca.




Llegareis con rapidez al fondo del arroyo y la frondosidad laberíntica propiciada por  él se hará patente de nuevo, y en este embrollo arbóreo debéis distinguir alguno de los pocos castaños que todavía sobreviven asilvestrados, os sorprenderá la altura que alcanzan en su competencia por la luz, anclados en la humedad freática del torrente estiran sin remilgos sus brazos enramados afanosos por acariciar las nubes. Observareis que son frecuentes los esqueletos ya incompletos o quebrados de lo que fueron en su día castaños de porte altivo.



Junto a estas rarezas que son los castaños en nuestros bosque, aparecen aquí otros arbustos, también escasos, que ahora como los ruscos llamaran vuestra atención, el bonetero (euonymus europaeus), cuyos frutos, cerillas encendidas de color naranja envueltas en rosa fucsia, son el detalle delicado y elegante de la fantástica estampa de este enmarañado arbóreo.




Emboscarse en la búsqueda aventurera de nuestras rarezas botánicas os resultará motivador pero dificultoso, además parece ser que el invierno ha decidido ya hacerse notar… ¡¡¡Por fin…!!!


Recorred este sencillo pero gratificante  paisaje con la ayuda del plano señalado de la zona, seguro que no os va a defraudar...