sábado, 7 de febrero de 2015

En el tamarizal nevado canta el ruiseñor



Un laberíntico refugio natural de ramas retorcidas y riachuelos


Existen paisajes que dan la sensación de resultar invisibles a los ojos de quienes transitan por ellos o de los pobladores que, con sus intervenciones arquitectónicas y urbanísticas o los aprovechamientos agrícolas y ganaderos, los modelan. Nadie habla de ellos, ni para bien ni para mal, con pasión (…salvo a los cazadores probablemente), tampoco aparecen en folletos turísticos promocionales de la comarca o en reseñas sobre espacios naturales de la misma. El maltrato frecuente que padecen (vertidos incontrolados, tala indiscriminada de árboles, indiferencia manifiesta ante las necesidades de su moradores naturales,…) a nadie llama la atención, no aparecen en los informativos radiofónicos o televisivos, ni tampoco en prensa escrita… Son por contra, a ojos de quien se paran a mirar sin pasar de largo, discretos remansos de naturaleza donde es posible observar novedosas adaptaciones vitales a las exigencias que impone el territorio que conforma ese paisaje invisible,… y llegan en días como los presentes, que recibimos la visita nada extraña en estas fechas de una Ola de frío Polar o Siberiano, a dejarte pasmado,… quedas boquiabierto al admirar su belleza escondida, que hoy se significa todavía más con la nieve. El “Tamarizal de Ausejo”, el paisaje con minúsculas que quiere poner en valor “el viajero” en esta columna, es uno de esos paisajes invisibles…


Ocupan los tamarices una suerte de espacio triangular cercano a las trescientas hectáreas, entre los municipios de Alcanadre y Ausejo, por cuya base hacia el sur recibe de Sierra la Hez, hoy luce gallardo el Cabimonteros (1.388m.) su mayor cumbre, las aguas que labran en estas tierras arcillosas y salobres un haz de temblorosas barranqueras poco profundas, como las de “Escarrillo”, “Valdraces”, “Endirilla” o “Henar” que confluirán en el término de “La Laguna” y darán lugar a partir del puente que hay en el Km. 5 de la carretera LR-260 al “Barranco del Río Madre” que atraviesa Alcanadre y sus huerta en busca del Ebro. Un paisaje que hoy “el viajero”, por las especiales condiciones climáticas y la falta de un camino bien definido que lo recorra, os invita a conocer caminando alrededor de cinco kilómetros, desde el mencionado puente, por la carretera LR-348 en dirección a Ausejo. Si os adentráis por los frecuentes caminos existentes para dar servicio a las tierras  cultivadas,  encontraréis acceso a los pequeños bosquetes de tamarisco (Tamarix gallica) que siguen el discurrir de los cursos de agua…


Transcurrido un periodo breve de tiempo, apenas hemos recorrido medio kilómetro, junto a los restos de una construcción en el orillo izquierdo de la carretera, una loma asequible con un pequeño esfuerzo, que nombran como “Altillo de los carros” os permitirá disfrutar de un mirador privilegiado de este interesante paisaje humanizado: fincas agrícolas festoneadas por los tamarizales, venas hídricas de este territorio, salobrales cubiertos de carrizos donde sobrevuelan algunos milanos reales y posiblemente un aguilucho lagunero, majadales propios de estas tierras, pastos de  tomillares y esparteras que daban particularidad a las carnes de  corderos y cabritos… Se detiene  finalmente la mirada en la atalaya que domina este espacio, la población de Ausejo, un conjunto urbano que resulta atractivo por su ubicación, con mucha historia pero difícil de descubrirla en sus calles. Destaca la Iglesia Parroquial de Santa María en su altivo perfil y apenas nada queda de su disputado castillo.


Proseguid por la carretera hasta llegar a mano izquierda a alguna de las sendas que permiten acercarse a los tamarizales: recread la mirada en el paciente ejercicio de equilibrio que los copos de  nieve o las minúsculas gotas heladas llevan a cabo sobre las melindrosas y flexibles ramillas del tamariz, esconden así su famélica desnudez invernal que se tornara sonrosada y dulzona con la floración primaveral, así se muestran, también ahora, atractivos y sugerentes.



 Internaros en los pequeños bosquetes de enmarañada galería que forman estos árboles austeros, que son capaces soportar condiciones muy desfavorables de humedad incluso en tierras salinas,… andad con cuidado, es fácil meter la pata o resbalar… Pero no dejéis de hacerlo, no hay peligro… Emboscaros, pasad desapercibidos en este laberíntico refugio natural de ramas retorcidas y riachuelos,… y observad pacientes,… la vida animal se desplegará cautelosa a vuestro alrededor: es posible que podáis descubrir a la escurridiza agachadiza, o al estirado archibebe que bajan ahora del norte de Europa con las olas de frío habituales en esta época del año… El miércoles, pudo “el viajero” incluso asustarse con el vuelo inesperado de un pequeño grupo de avefrías, de visita como las anteriores, gozar de la visión de petirrojos, mosquiteros, chochines o lavanderas,… o deleitarse con el canto melancólico del ruiseñor, no podía creer que ya estuviese  aquí,… fue breve, nítido y precipitado,… pero ya estaba en este abrigado rincón invernal…



De vuelta a la carretera, estad atentos a la presencia de una caseta de labranza situada a la derecha, habéis caminado unos dos kilómetros y medio, pues bien, a unos noventa metros de la chabola, en una acequia de regadío, el Tamariz de Matacanal, acariciad su áspera y agrietada corteza con edad cercana a los cien años, agradecido seguro que tiene jugosa historias que contaros… También se dice que el “mana” que alimentaba a los hebreos en el Desierto del Sinaí, era una sustancia azucarada obtenida de una variedad de tamariz como consecuencia de la picadura de una cochinilla,… todavía es recolectado en Oriente Medio y vendido en los mercados… Es este un árbol bíblico, Abraham plantó un tamarisco para acoger dar sombra y frescura a los fatigados caminantes que atravesaban el desierto (Génesis 21, 25)… En seguida, llegareis a otro puente en la carretera ahora para salvar el “Barranco de la Madre de Escarrillo”, en su entorno un conjunto de construcciones agrícolas o ganaderas, arruinadas unas junto a otras todavía en producción, forman el “Caserío de Almandegui” testigos fieles de la intervención humana en este paisaje, nada importa como afecten al mismo las formas constructivas utilizadas o el abandono de maquinarias  o materiales inútiles,… el impacto visual que ocasionan es abrumador. A nadie le importa que este paisaje sea feo,… es un paisaje invisible.



Para sosegar su irritación, antes de cruzar el puente, remonta “el viajero” campo a través el citado barranco por el borde superior de la pequeña cárcava,… descubre allí una preciosa imagen que intenta plasmar en una bella fotografía, logra así apaciguar el ánimo perdido,… y os invita  a descubrir en el tramo de carretera que resta nuevos rincones que os harán reflexionar sobre la invisibilidad del Tamarizal de Ausejo.
























No te muestra hoy "el viajero" un camino concreto, piérdete en este paisaje con este mapa y las sugerencias del texto...


El Tamarizal de Ausejo es un paisaje invisible que merece la pena... mirar.







sábado, 24 de enero de 2015

El lobo es el alma de este paisaje


Remontar el Arroyo del Ortigal para alcanzar el  Necutia (2.026 m.)



La nieve coronaba las cumbres de la Demanda la primera vez que remonto el Arroyo del Ortigal para alcanzar la cumbre del Necutia (2.026 m.), como ahora. Se encontró inmerso en un territorio que sin llegar a ser hostil le hizo sentir que allí no controlaba todos los triunfos de la partida, lo cual dotaba al paraje de ese punto de emoción e intriga que sumado a la agreste belleza que todavía guarda el enclave, le ha hecho volver a él cada vez que deseaba mostrar a alguien, que le merecía confianza, un rincón privilegiado de esta sierra. Un lugar donde, esa primera vez, tuvo los  indicios más claros y evidentes de la presencia del lobo ibérico, hecho que hacía este paisaje todavía más especial: un buen número de huellas gravadas con nitidez en la superficie nevada, excrementos con   pelo de jabalí con intención de marcar territorio y restos de sangre que la nieve magnificaba, alguna pezuña y un cuerno de corzo que todavía conserva…



Después de la retahíla de presentación, de dejar el coche a 2,5 km. de Posadas, en el Puente de Canillas, junto a la primera curva pronunciada y cuesta arriba de la carretera que llega 5,5 km. más arriba al refugio del Llano de la Casa, se adentra “el viajero” por el camino que parte emparejado al arroyo y conserva integro su encanto a pesar de presentarse ya bastante amaestrado: varios puentes de madera a lo largo del recorrido evitan el devaneo de cabeza que suponía antaño, con aguas crecidas, vadear el río y acabar, en mayor o menor medida, casi siempre mojado. Hecho que tenía su aliciente durante el verano, hacía que en días como hoy pensase si debería continuar…
No es un recorrido al uso, no solo encontrareis en él una sucesión de hitos que mantienen expectante la motivación, en el momento que decidáis acometer el remonte que os propone “el caminante” os veréis envueltos en la magia intrigante de este espacio natural y los detalles que inervan los sentidos se suceden como perlas de collar, ligadas por una relación simbiótica, un conjunto armónico donde cada uno de los elementos que conforman el ecosistema del Valle del Ortigal ocupa su lugar y nadie sobra…



 La ligera nevada del día anterior, cómoda para el paseo, reviste el paisaje acorde con la estación. Las aguas frígidas, impávidas y chismosas del Arroyo del Ortigal comentan en voz alta los acontecimientos acaecidos durante la noche, en estas aparentes soledades, la actividad nocturna no cesa ni llegados estos días de letargo: los escarceos amorosos de una pareja de zorros, sus huellas se siguen con facilidad en la nieve a la vez que buscan la pitanza para satisfacer sus reivindicativos estómagos, se solapan con el ramoneo del corzo que todavía es capaz de encontrar algunos tallos y cortezas tiernas en la espesura del bosque invernal, a la vez que es posible escuchar ahora en este tramo del valle el canto encelado del búho real o el “charcoteo” discreto, casi imperceptible, en los remansos del cazador noctambulo de larvas acuáticas, el misterioso desmán pirenaico… 


Transcurridos unos 800 m. un pequeño poste de madera, con dos marcas blancas, a la derecha del camino indica el inicio de la vereda que atrocha cuesta arriba por la solana. La olvidada senda de mineros fue labrada a conciencia, se precisaba un firme seguro para bajar con las recuas de mulas la galena argentífera de las minas de Guirindolla. 


El trazado zigzagueante  supera la fuerte pendiente de las laderas y robustas paredes de piedra en los puntos conflictivos evitaba que los taludes se desbarrigasen. Fue intensa la actividad minera en estas sierras y elevado el tributo que pagaron los bosques, la tala de árboles para alimentar las ferrerías fue incesante. Ha subido por la senda unos 200 m. y una nueva vereda desciende ligeramente, las dos marcas blancas gravadas en la corteza de un roble de menguado grosor las descubriría iniciada la misma, lleva “al caminante” hasta el Haya de los Pastores, lugar de refugio y reunión de los mismos, espacio para dirimir cuitas y resolver conflictos, quizás esto la salvó del corte masivo de árboles, rondará los 450 años,… cuantas veces tomarían aquí la decisión de dar caza al animal perverso por excelencia, al temido, odiado, … y utilizado como excusa, lobo ibérico… 


Le contaba el Abuelo Eliseo que allá por los años cuarenta del siglo pasado, él era un muchacho de corta edad que subía al monte para sacarse un mermado jornal en la replantación de pinos o cuidar las vacas, que no se veía ni escuchaba ya a la perseguida alimaña. Es posible que entonces tuviese una justificación ese miedo ancestral, los daños que podía generar en un rebaño el ataque de los lobos ocasionaba al pastor y su familia desdicha y hambre,… y nadie reparaba las pérdidas que sufría, se entiende pues la proliferación de leyendas y romances en el ámbito rural, que arraigaron en el subconsciente de sus habitantes, sin corresponderse con la frecuencia real de los ataques como se ha pretendido hacer creer, y se manifestaron en el sentimiento popular… El declive de la ganadería no se puede cargar sobre las espaldas de este soberbio mamífero, el lobo, emblema de la fauna salvaje ibérica, sino a la puesta en marcha de políticas nefastas… Y sin embargo a los gestores de las mismas nadie les pide responsabilidades o peor, para morderse los nudillos, son festejados o invitados a cacerías…


Suspende de momento sus reflexiones loberas y torna “el viajero” sobre sus pasos, no continua como le hubiera gustado por la atractiva senda de los mineros y recupera el camino inicial por el que sigue el remonte del Arroyo del Ortigal.  El paisaje pincelado con nieve siempre sorprende, toman protagonismo elementos que antes pasaban desapercibidos: les ocurre así a los pequeños prados tapiados a la orilla del río, el relieve que adquieren las bajas paredes de piedra los ponen ahora de manifiesto, el arbolado, difícil de diferenciar ante la ausencia de hojas, aparecen hoy sus enramadas perfiladas en blanco y logran así captar la atención de la mirada que se fijan en las diferentes texturas de las cortezas de los fresnos, cerezos silvestres, sauces, mostajos o hayas, componentes de este fascinante bosque mixto caducifolio. Ahora destacan en él los acebos y tejos salpicados en las laderas por ser los únicos en conservar el verdor de sus hojas coriáceas y pinchudas unas y aciculares engrosadas las otras… Mientras las aguas brincan entre las peñas para no quedarse frías, se remansan en pozas hieráticas azul hielo, para precipitarse de nuevo en pequeños saltos sin estridencias, y absorta, como “el caminante”, las contempla el haya que doblega embelesada su tronco con barbas “enmusgadas”


En el recorrido se suceden las “recas” como llaman los lugareños a los vallejos por los que descienden atropellados riachuelos en busca del valle principal, queda hipnotizado el viajero ante el juego huidizo que se traen entre manos el hielo, envalentonado con la altura, y las aguas esquivas a sus caricias persuasivas y paralizantes, …. El frío es cada vez más intenso y la nieve comienza a estar helada. Sube garboso entre hayedos y pinares y trae a la memoria lo referido por el Abuelo Feliciano respecto a unas cerradas circulares entorno a ciertas hayas, ahora bajo el manto níveo, y que el viajero comparó, la primera vez que las vio por no encontrarles explicación, con las pequeñas construcciones circulares entorno a los castaños para la recolección de sus frutos en los montes asturianos de Vega de Hórreo; los paisanos subían aquí los cerdos para el engorde en la época de maduración de los “alfrices”, frutos del haya,… el Abuelo Feliciano si había visto lobos abatidos por estos parajes y evocaba como “… se le encogía el corazón con la visión de la alimaña muerta”… 


Hoy es el caminante el que lleva el corazón encogido, siente miedo de que estos bellos paisajes tan vitales que contempla desde los Chorretes del Necutia, estos bravos rincones de la Sierra de la Demanda pudieran quedarse sin alma, como así ocurriría sin la presencia del lobo. Y confía, aunque hoy no haya visto su rastro, que como el alma, el lobo también se ha tornado invisible, y está seguro que nos observa desde su discreta atalaya y controla como nadie el equilibrio de este ecosistema… Y nadie tiene argumentos para aniquilar el alma de un paisaje…. ¡¡¡No los tienen…!!!  El lobo no es el causante de los males  que sufren los ganaderos,… las administraciones tienen recursos más que de sobra (miren como los despilfarran) para satisfacer de inmediato y con creces los pocos males que este pudiera ocasionar,… y los cazadores… ¡¡¡Por Dios,… pidan perdón por cazar al lobo!!! Él es su principal aliado para mantener la salud y el nivel óptimo en las poblaciones de ciervo, corzo y jabalí…


Suspende sus cavilaciones “el viajero” pues debe ponerse en marcha si quiere llegar a las Majadas del Necutia pues la capa de nieve llega a la rodilla y el día es muy corto.


Piérdete en este paisaje con alma... No te arrepentirás.










domingo, 28 de diciembre de 2014

Tras la huella de constructores megalíticos y eremitas




En la Sonsierra la historia sale a tu encuentro, tomes la carretera o camino que decidas, vas a dar con intervenciones humanas en el paisaje que te permitirán trasladarte, con cierta imaginación y un punto de interés informativo, a muy diferentes periodos de la historia de este territorio de frontera y confrontación. Son tan variadas, abundantes y atractivas las manifestaciones arquitectónicas y etnográficas diseminadas entre las tierras que descienden desde la Sierra de Cantabria y el Toloño hasta el Río Ebro,  unidas a fabulas y leyendas, que “el viajero” presenta este rincón entre Peciña y Ribas de Tereso como idóneo para conocer estos días de Navidad con “la chavalería”, que goza de  vacaciones, pues pocos lugares pueden alimentar mejor su necesidad de fantasías y aventura: se mostrarán afanados en la supervivencia con los cazadores, pastores y recolectores del Neolítico, entrarán en las cuevas con los anacoretas de la época Hispano Visigoda o colocarán sillares labrados de arenisca para levantar el templo de Santa María de la Piscina,… que pudo tomar como modelo la Piscina Probática  del Templo de Salomón, conocida por el Infante Don Ramiro, yerno del Cid Campeador, en la toma de la ciudad de Jerusalén durante la Primera Cruzada, donde encontró un fragmento de la Veracruz, y quién dejó notificado en testamento su deseo de construirla, obra que acometió su heredero  el Rey García Ramírez, allá por el año 1136…



Partirá hoy “el caminante” de Santa María de la Piscina y dirigirá sus pasos hacia el cercano y señalizado Dolmen de la Cascaja, enterramiento de los denominados de corredor, donde la excavación saco a la luz los restos de al menos  31 hombres, además de materiales cerámicos, una punta de flecha de bronce y otros útiles, que remonta la presencia humana en este lugar a unos 3000 años antes de Cristo… Un nuevo poste de señalización le dirige hacia el Conjunto de los Lagares de Zabala, donde puede intuir como se elaboraban los vinos claretes y blancos en la que puede considerarse una de las primeras bodegas de La Rioja, excavada entre los siglos del X al XII posiblemente… Imagina ya a “la chavalería” que corretea por las calles de Peciña, sube la escalinata de la Iglesia de San Martín y sale de la población por el antiguo camino de Ribas de Tereso.
Comienza entonces el recorrido por el paisaje con minúsculas, un balcón con vistas a los camaleónicos Sistema Ibérico y Valle del Ebro, con la encastillada Sierra de Cantabria a la espalda y la mole del Toloño, en cuyas cumbres abades, bandoleros y generales dejaron huella, como fondo de escenario por el oeste. En el primer cruce destacado de caminos, antes de tomar el que desciende, sube “el caminante” a la loma de la derecha para disfrutar de una magnífica panorámica y localizar desde allí los términos de “Peña Lacha”, “San Bartolomé” o “Gobate” donde “la chavalería” podrá aventurarse en los entresijos de la historia que estos paisajes todavía esconden…



Cuando llega por el borde del sembrado a la caída del montículo donde se localiza el peñasco, de unos tres metros de altura por más de tres también de anchura y medio  de grosor, que se yergue con intención de destacar mas sin protagonismo en la actualidad pues las dos encinas que lo acompañan casi lo ocultan hasta encontrarse próximo a él, entiende porqué llaman “Peña lacha” los lugareños a esta arenisca enhiesta, dada su probable forma antes de sufrir la erosión de los elementos meteorológicos, un tercio de ella enterrada y anclada en equilibrio con rocas menores por los pobladores de este territorio,… alguno de los cuales pudo perder la vida en la extracción, el transporte o para erigir este probable menhir y descansar sus restos en el cercano Dolmen de la Cascaja,… No es difícil de imaginar.



Vuelve “el viajero” al camino antiguo y su pensamiento lo ocupa “la chavalería” y las ideas que sus creativas imaginaciones habrán recreado de estos constructores megalíticos, para  cortar, mover y levantar estas grandes piedras… De nuevo aparece un poste de madera con flechas de señalización, una indica hacia la derecha Ermita de San Bartolomé, la otra, Eremitorios de Gobate a la izquierda, hacia allí se dirige por la orilla de una cebada naciente, dado que brilla por su ausencia una pequeña senda que parecería lógica tras el poste de información, hasta alcanzar un promontorio que se estira hacia el sur entre dos vaguadas. Camina entre encinas y enebros en busca de una cueva, “goba” en euskera, que sitúan sus informaciones al suroeste del mismo… Y se deleita imaginando a la “chavalería” intrigada en su búsqueda,… encontrando el muro de piedras semiderruido como primera pista y percatarse después del abrigo en la peña  en medio de aquel espacio asilvestrado… No es difícil de imaginar a los eremitas de los siglos IX y X ocultos a los ojos de las razias sarracenas, entregados a la oración y a sobrevivir… en aquellos tiempos vandálicos. Cuando entra a la cueva se fija en varias tumbas socavadas en el suelo y paredes de la misma que ayudan a situar cronológicamente este espacio en la historia. En sus proximidades varios lagares labrados en la roca, uno de ellos encima de la propia cueva, dan una idea de la funcionalidad tan diversa que desempeñaban estos habitáculos. Busca a continuación una segunda oquedad en la caída sureste del promontorio, una angosta entrada que permite el acceso a su interior, un espacio de tres metros de diámetro por metro y medio de altura, y observa, como en la anterior, varias tumbas excavadas e incluso una cruz grabada en la pared… No me digáis que “la chavalería” no estará alucinando,… piensa “el viajero”.





Torna de nuevo al poste de madera con la flecha de señalización y se encamina hacia la Ermita de San Bartolomé, antigua parroquia de la aldea de Orzales, y como ya le parece habitual que los caminos desaparezcan no le extraña que ocurra aquí también, mas la monumentalidad de las ruinas de la cabecera gótica, de finales del siglo XV principios del XVI,  indican con claridad la dirección a seguir. Se acerca hasta ella con el presentimiento de que no le gustará lo que va a encontrar… y así es, si bien han vallado  el entorno y lo han intervenido despejándolo de matorrales, la arquitectura amenaza ruina y se recomienda no acceder al interior de esta construcción, lo que queda de una población destruida primero por el General Verdier durante las Guerras Napoleónicas, en 1808, y posteriormente, lo poco que aguantase, por el militar liberal Martín Zurbano en las Guerras Carlistas, en 1836… Se sienta “el viajero”, junto a estos muros orgullosos de la ermita que se resisten a no existir, a doblegarse al olvido,  y mira ensimismado los escarceos de las nieblas por el Toloño… y decide volver sobre sus pasos sin bajar a Ribas de Tereso, pues un escalofrío recorre su cuerpo cuando piensa lo que habrá sentido “la chavalería” al conocer tantas historias como cuentan estos paisajes… No es difícil de imaginar… Y no conviene saturarlos.


"Los Paisajes del Vino de Rioja" no pueden olvidar estas historias.




Seguid con "la chavalería" el mapa de la ruta.





¡¡¡ Feliz Navidad...!!!    



domingo, 21 de diciembre de 2014

Adiós otoño… ¡Estamos en invierno ¡






A estas alturas del año el flujo de ideas que emana de tu cabeza se torna lento e insustancial, al compás de los días de diciembre. Además los motivos para el desánimo que se ciernen sobre tus convicciones y añoranzas, se muestran tan meridianos en informativos y publicaciones, que te amilanas ante los fríos días que se avecinan. Les ocurre igual a los paisajes invernales, resulta ahora evidente, en la desnudez de la estación, la pérdida constante e imparable de su historia, de ese patrimonio menor, conformado por muros de piedra, apriscos, chozos, colmenares,… Menoscabo que sufren los paisajes ante la indiferencia casi generalizada de unos ciudadanos que bastante tienen, en muchos casos, con sobrevivir cada día en la marea salvaje de unas políticas gélidas e impersonales que les sobrevienen sin miramientos  por todas partes, medidas de unos gobernantes carentes de toda fuerza moral para llevarlas a término y sin perspectivas sociales de ningún tipo, traicioneras resacas en las que únicamente resisten a flote, y cada vez con más pujanza, bancos, financieras y multinacionales… Así, con el invierno estacional y social establecido, te sumes en un estado de letargo, incapacitante para generar propuestas viables, novedosas y creativas, necesarias para evitar que pierdan su discurso nuestros valiosos y variados paisajes…
Más si nada se para, el tiempo menos, y tienes que aprovechar las particularidades del invierno para tomar buena nota de necesidades y carencias urgentes, madurar intervenciones en tiempos propicios y, sobre todo, sacudirse la apatía y adentrarse en algunas de las recreaciones paisajísticas más extraordinarias que la natura es capaz de regalarnos estos días... No espero lo mismo de nuestros gobernantes. Es un privilegio sentirnos inmersos en las auténticas obras de arte que son estos paisajes invernales… Que todos podemos disfrutar y sin que nos cobren todavía por ello.
¡¡¡Disfrutad la invernada…!!!






jueves, 4 de diciembre de 2014

La campiña de Fuenmayor te sorprenderá




Los Paisajes del Vino requerirán compromisos




Es posible que si a estos paisajes no te ligan motivos emocionales, laborales, enológicos o una partida de nacimiento, con lo cual es probable que hayas desarrollado un buen número de lazos afectivos que te unen igualmente a este territorio, no te aventures a descubrir la sugestiva campiña existente entre Fuenmayor y Logroño. También es de reseñar que de unos años esta parte son numerosos los ciudadanos, de una u otra villa, que en su querencia por las prácticas deportivas, correr, andar en bicicleta, caminar, o bien por recomendación médica, recorren esta liada red de  caminos que ha permitido a muchos curiosos enredarse en ella y descubrir rincones de gran belleza visual y rico caudal histórico.
Transita hoy “el caminante”, no tiene claro si por mantener una actividad física apropiada o por prescripción facultativa, el llamado popularmente Camino Viejo de Fuenmayor, que mantenía hasta las últimas renovaciones de firme algunos tramos enlosados en piedra con factura similar al de las calzadas romanas, y como tal parecía tenerse en base a lo descrito en las “Vía I y Vía XXXII entre Virabesca y Caesaragusta”  del Itinerarium  del emperador Marco Aurelio Antonino Basano, conocido como Antonino Caracalla, y que estudios recientes parecen poner en entredicho, no tanto el discurrir de la misma como los restos materiales existentes, que parecen deberse a las obras llevadas a cabo por la Real Junta de Cosecheros, a finales del siglo XVIII, para facilitar el transporte y comercialización de las grandes cubas con el vino elaborado en la comarca.

Ha quedado atrás la ciudad y se siente inmerso en un paisaje humanizado dominado por viñas y cereal, salpicado de espacios llecos en las laderas pendientes y pedregosas, los cabezos de las lomas o terrenos antaño cultivados, y en ellos arraigan, entre romeros y coscojas, una rica diversidad de plantas leñosas y aromáticas. En La Rad, todavía término municipal de Logroño, la panorámica que se despliega ante él ha cambiado, las viñas son ahora protagonistas indiscutibles del espacio: un animado oleaje de tonos encendidos se mueve al ritmo de la mirada, sobrenadan en él, apiñadas y con el único fin de permanecer allí, numerosas parcelas dibujadas con trazo inseguro por caminos, sendas y ribazos. 

Fatigados guardaviñas observan con hastío el paisaje, evitan desplomarse únicamente por fidelidad a las manos artistas que los construyeron… Ni uno solo de estos chozos o cabañas que todavía resisten a diestra y siniestra del  Camino Viejo de Fuenmayor debería desaparecer.


Los pasos recorren ya tierras de Fuenmayor, mas la vista hace rato que surfea, sin viento, en la jovial y colorista marea de viñas de los términos de Alabacos o Los Valles y no puede evitar “el viajero” traer a su pensamiento la candidatura de Los Paisajes del Vino de Rioja a Patrimonio de la Humanidad,  la cual no duda en apoyar, pues lleva años abogando por la salvaguarda de este patrimonio natural, cultural y etnográfico. Cuando casi nadie hablaba de ello, recuerda con agrado las conversaciones amigables en los programas de radio de Manolo Gonzalo, Carlos Santamaría y Lucia Ripa en la Cadena Ser Radio Rioja, en ellos ya defendía la conservación de las terrazas y ribazos de la parcelación tradicional, de las acequias y barrancos con sus arboledas, las pequeñas plantaciones de almendros y olivares para romper la monotonía del paisaje,… de evitar las grandes concentraciones parcelarias, respetar y potenciar las variedades de vid y la longevidad de los viñedos,… un patrimonio decíamos que es una inversión de futuro. Premisas todas ellas que deberán tenerse en cuenta cuando se hable de la candidatura de los Paisajes del Vino de Rioja. Pues bien, ahora ha decidido el Gobierno de La Rioja, empujado por los pasos dados antes por el Gobierno Vasco, tomar la iniciativa… “Nunca es tarde…” como dice el refrán, para tomarse  en serio esta gran empresa en la que se ha embarcado la región… Navegar en un variado y rico mar de viñas que tenemos la responsabilidad de conservar y respetar en su integridad.

Entre cavilaciones y con la mirada embriagada por las formas sugestivas y coloristas que disfruta, ha llegado a un punto del camino en el que debe decidir entre descender a la Villa de Fuenmayor o recorrer la estirada y estrecha meseta de Los Llanos que la respalda. Se decanta por lo último y encamina sus pasos en dirección al Río Ebro por un terreno pedregoso donde pequeñas encinas y ribazos de piedras amontonadas, procedentes de las parcelas cultivadas, sirven de abrigo y delimitan estas viñas veteranas. Además, desde ellos, zorros, garduñas y comadrejas acecharán a mirlos, zorzales y a toda una comunidad de aves que invernan en este territorio y aprovechan la “racima”, como el tejón que también deja rastro en estos rincones. Las “colgajas” que pendulean en las cepas son golosinas de alto valor nutritivo que les permitirán rellenar sus despensas de grasa para afrontar con garantía los fríos meses venideros. 

Aquí algunas viñas casi han perdido la hoja y otras están ya podadas, hacen sus propietarios caso del refrán que reza “si quieres ver tu viña moza, pódala con hoja”. Es un terreno agradable de pasear, que incita a asomarse con frecuencia a las laderas pendientes  y asilvestradas que se descuelgan precipitadas: al este, con vistas al paisaje por el que ha venido “el viajero”, languidecen algunas plantaciones de almendros y pierden su  compostura las paredes de antiguos corrales,… y como antes comentaba al referirme a chozos y cabañas, es una verdadera lástima que así suceda, pues estos elementos completan la historia de estas tierras; por el oeste, el interesante casco urbano de Fuenmayor y su descuidado entorno reclaman toda la atención. Se le antoja que esa debió ser la visión de las tropas Napoleónicas, cuando allá por el 1808 se toparon en la noche con el pueblo ardiendo con violencia por los cuatro costados y con el resuello entrecortado pasaron de largo sin descender a saquearlo, pues nada debía de quedar dado el coraje de las llamas… Menor que el que ponían los fuenmayorenses en avivar las hogueras que habían encendido con todo lo innecesario y con capacidad de arder, además de ramas verdes que hiciesen humo abundante hasta casi la invisibilidad… Esta romántica leyenda de “Los Marchos”, que celebran ahora la tarde noche del 7 de diciembre, es difícil de confirmar y encontramos datos que apuntan que ya era celebrada con anterioridad: en 1726 la primera edición del Diccionario de la R.A.E. ya recogía este término como “Fiesta con hogueras que celebran en La Rioja…“ o quizás debamos remontarnos a fiestas paganas prerromanas unidas a la proximidad del solsticio de invierno y acción de gracias por la recolección de las cosechas… Fuera como fueses, podéis acercaros esa noche, ya próxima, a la localidad de Fuenmayor y disfrutareis con el ambiente festivo de los “fuchos”, al calor de las numerosísimas hogueras, con las ricas patatas asadas y un trago de excelente vino de Rioja.


El camino continua en dirección norte por lo alto de la meseta hasta finalizar los terrenos plantados de cepas, hubiera querido bajar hasta el río por allí, y no le resultaría extraño encontrarse por las pendientes tapizadas de matorrales a Sergio, amante y buen conocedor de esa fauna, la que estudia la entomología, por casi todos olvidada, pero el  caminante se encuentra en lo alto de un espolón geológico, en la proa de una gran nave varada, que mira al Ebro con nostalgia del Mediterráneo… Ante la enmarañada ladera y lo dificultoso que hubiera resultado el descenso, vuelve “el caminante” sobre sus pasos hasta un destacado cruce de caminos que le permitirá acercarse a Los Valles, el Valloque o Las Rozas. Recorrer con calma este territorio le permitirá apreciar su riqueza cromática, la sucesión alternante de las texturas y la dinámica distribución de los viñedos enmarcados en naturalizados espacios baldíos y se sentirá bien inmerso en este espacio humano y acogedor.

Estos paisajes pueden llevarnos en algunas ocasiones, así cuando remonta  “el viajero” al Valloque, a estadios de ensimismamiento casi místicos: el Ebro, adornado de sus atributos fluviales, se convierte en el eje serpenteado y vertebrador  que irradia hasta perder de vista paisajes, a uno y otro lado de sus orillas, sabiamente amaestrados por las manos diestras de los viticultores, doctorados en la universidad de la paciente experiencia generacional…


Se apea del balcón privilegiado junto a la caseta arruinada desde la que miraba el cautivador panorama, para acercarse a la ribera del río. Camina de nuevo por una campiña risueña, entre cepas longevas en fincas menores, al lado, otras de reciente plantación y parcelas demasiado grandes para su  gusto, preparadas ya para la vendimia automatizada, recoletos chozos en los ribazos y destacadas casas de campo abandonadas entre las viñas. Llega a la orilla del Ebro, embalsado por la cercana represa del Cortijo, ha perdido en Remolinos su escolta arbórea y arbustiva hasta llegar a la agradable zona recreativa habilitada junto a la Boca del Ebro, allí donde el timorato Río Antiguo le aporta su mermado caudal.

Un estrecho camino recuperado en la margen izquierda, a contracorriente del mencionado arroyo, le acercará a Fuenmayor, no sin dejar antes impresas en su retina y en su cabeza dos estampas: un molino harinero  se mantiene erguido rodeado de cepas y algunas huertas, frente a otros dos cansados ya de aguantar el tipo, y otra casa de campo tradicional en aparente desuso rodeada de viñedos. Ambas imágenes obligan al viajero a replantearse hasta la duda el ángulo de disparo fotográfico para evitar en la imagen gran número de elementos distorsionantes en un paisaje que podía resultar una deliciosa sonata de equilibrio visual y que le invitan a reafirmarse en sus palabras sobre los compromisos que requerirán los Paisajes del Vino para conservar completa la historia del territorio.



Sigue en el mapa el recorrido que hizo "el viajero":


 

Déjate sorprender por la campiña de Fuenmayor: