Un Pastor de Paisajes, con un territorio infinito por donde transitar y muchos paisajes que sumar al rebaño, ahora bien, no solo serán protagonistas de este blog los grandes espacios naturales o humanos .En él encontrarán también su hueco rincones del territorio olvidados en la memoria del tiempo, paisajes que todavía mantienen vivos retazos de la historia de los hombres y mujeres, animales y plantas que nos precedieron. Recorramos los senderos y veredas que nos permitirán conocerlos.
sábado, 7 de febrero de 2015
sábado, 24 de enero de 2015
El lobo es el alma de este paisaje
Remontar el Arroyo del Ortigal para
alcanzar el Necutia (2.026 m.)
La nieve coronaba las cumbres de
la Demanda la primera vez que remonto el Arroyo
del Ortigal para alcanzar la cumbre del
Necutia (2.026 m.), como ahora. Se encontró inmerso en un territorio que
sin llegar a ser hostil le hizo sentir que allí no controlaba todos los
triunfos de la partida, lo cual dotaba al paraje de ese punto de emoción e
intriga que sumado a la agreste belleza que todavía guarda el enclave, le ha
hecho volver a él cada vez que deseaba mostrar a alguien, que le merecía
confianza, un rincón privilegiado de esta sierra. Un lugar donde, esa primera
vez, tuvo los indicios más claros y
evidentes de la presencia del lobo
ibérico, hecho que hacía este paisaje todavía más especial: un buen número
de huellas gravadas con nitidez en la superficie nevada, excrementos con pelo de jabalí con intención de marcar
territorio y restos de sangre que la nieve magnificaba, alguna pezuña y un
cuerno de corzo que todavía conserva…
Después de la retahíla de
presentación, de dejar el coche a 2,5 km . de Posadas, en el Puente de Canillas,
junto a la primera curva pronunciada y cuesta arriba de la carretera que llega 5,5 km . más arriba al refugio
del Llano de la Casa, se adentra “el viajero” por el camino que parte
emparejado al arroyo y conserva integro su encanto a pesar de presentarse ya
bastante amaestrado: varios puentes de madera a lo largo del recorrido evitan
el devaneo de cabeza que suponía antaño, con aguas crecidas, vadear el río y
acabar, en mayor o menor medida, casi siempre mojado. Hecho que tenía su
aliciente durante el verano, hacía que en días como hoy pensase si debería
continuar…
No es un recorrido al uso, no
solo encontrareis en él una sucesión de hitos que mantienen expectante la
motivación, en el momento que decidáis acometer el remonte que os propone “el
caminante” os veréis envueltos en la magia intrigante de este espacio natural y
los detalles que inervan los sentidos se suceden como perlas de collar, ligadas
por una relación simbiótica, un conjunto armónico donde cada uno de los
elementos que conforman el ecosistema del Valle del Ortigal ocupa su lugar y
nadie sobra…
La ligera nevada del día anterior, cómoda para
el paseo, reviste el paisaje acorde con la estación. Las aguas frígidas,
impávidas y chismosas del Arroyo del Ortigal comentan en voz alta los
acontecimientos acaecidos durante la noche, en estas aparentes soledades, la
actividad nocturna no cesa ni llegados estos días de letargo: los escarceos
amorosos de una pareja de zorros, sus huellas se siguen con facilidad en la
nieve a la vez que buscan la pitanza para satisfacer sus reivindicativos
estómagos, se solapan con el ramoneo del corzo que todavía es capaz de encontrar
algunos tallos y cortezas tiernas en la espesura del bosque invernal, a la vez
que es posible escuchar ahora en este tramo del valle el canto encelado del
búho real o el “charcoteo” discreto,
casi imperceptible, en los remansos del cazador noctambulo de larvas acuáticas,
el misterioso desmán pirenaico…
Transcurridos unos 800 m. un pequeño poste de
madera, con dos marcas blancas, a la derecha del camino indica el inicio de la
vereda que atrocha cuesta arriba por la solana. La olvidada senda de mineros fue labrada a
conciencia, se precisaba un firme seguro para bajar con las recuas de mulas la
galena argentífera de las minas de Guirindolla.
El trazado zigzagueante supera la fuerte pendiente de las laderas y
robustas paredes de piedra en los puntos conflictivos evitaba que los taludes
se desbarrigasen. Fue intensa la actividad minera en estas sierras y elevado el
tributo que pagaron los bosques, la tala de árboles para alimentar las
ferrerías fue incesante. Ha subido por la senda unos 200 m. y una nueva vereda
desciende ligeramente, las dos marcas blancas gravadas en la corteza de un
roble de menguado grosor las descubriría iniciada la misma, lleva “al
caminante” hasta el Haya de los Pastores,
lugar de refugio y reunión de los mismos, espacio para dirimir cuitas y
resolver conflictos, quizás esto la salvó del corte masivo de árboles, rondará
los 450 años,… cuantas veces tomarían aquí la decisión de dar caza al animal
perverso por excelencia, al temido, odiado, … y utilizado como excusa, lobo ibérico…
Le contaba el Abuelo
Eliseo que allá por los años cuarenta del siglo pasado, él era un muchacho de
corta edad que subía al monte para sacarse un mermado jornal en la replantación
de pinos o cuidar las vacas, que no se veía ni escuchaba ya a la perseguida alimaña.
Es posible que entonces tuviese una justificación ese miedo ancestral, los
daños que podía generar en un rebaño el ataque de los lobos ocasionaba al
pastor y su familia desdicha y hambre,… y nadie reparaba las pérdidas que
sufría, se entiende pues la proliferación de leyendas y romances en el ámbito
rural, que arraigaron en el subconsciente de sus habitantes, sin corresponderse
con la frecuencia real de los ataques como se ha pretendido hacer creer, y se
manifestaron en el sentimiento popular… El declive de la ganadería no se puede
cargar sobre las espaldas de este soberbio mamífero, el lobo, emblema de la fauna salvaje ibérica, sino a la puesta en
marcha de políticas nefastas… Y sin embargo a los gestores de las mismas nadie
les pide responsabilidades o peor, para morderse los nudillos, son festejados o
invitados a cacerías…
Suspende de momento sus
reflexiones loberas y torna “el viajero” sobre sus pasos, no continua como le
hubiera gustado por la atractiva senda de los mineros y recupera el camino
inicial por el que sigue el remonte del Arroyo
del Ortigal. El paisaje pincelado
con nieve siempre sorprende, toman protagonismo elementos que antes pasaban
desapercibidos: les ocurre así a los pequeños prados tapiados a la orilla del
río, el relieve que adquieren las bajas paredes de piedra los ponen ahora de
manifiesto, el arbolado, difícil de diferenciar ante la ausencia de hojas,
aparecen hoy sus enramadas perfiladas en blanco y logran así captar la atención
de la mirada que se fijan en las diferentes texturas de las cortezas de los
fresnos, cerezos silvestres, sauces, mostajos o hayas, componentes de este
fascinante bosque mixto caducifolio. Ahora destacan en él los acebos y tejos
salpicados en las laderas por ser los únicos en conservar el verdor de sus
hojas coriáceas y pinchudas unas y aciculares engrosadas las otras… Mientras
las aguas brincan entre las peñas para no quedarse frías, se remansan en pozas
hieráticas azul hielo, para precipitarse de nuevo en pequeños saltos sin
estridencias, y absorta, como “el caminante”, las contempla el haya que doblega
embelesada su tronco con barbas “enmusgadas”…
En el recorrido se suceden las “recas” como llaman los lugareños a los
vallejos por los que descienden atropellados riachuelos en busca del valle
principal, queda hipnotizado el viajero ante el juego huidizo que se traen
entre manos el hielo, envalentonado con la altura, y las aguas esquivas a sus
caricias persuasivas y paralizantes, …. El frío es cada vez más intenso y la
nieve comienza a estar helada. Sube garboso entre hayedos y pinares y trae a la
memoria lo referido por el Abuelo Feliciano respecto a unas cerradas circulares
entorno a ciertas hayas, ahora bajo el manto níveo, y que el viajero comparó,
la primera vez que las vio por no encontrarles explicación, con las pequeñas
construcciones circulares entorno a los castaños para la recolección de sus
frutos en los montes asturianos de Vega de Hórreo; los paisanos subían aquí los
cerdos para el engorde en la época de maduración de los “alfrices”, frutos del haya,… el Abuelo Feliciano si había visto
lobos abatidos por estos parajes y evocaba como “… se le encogía el corazón con la visión de la alimaña muerta”…
Hoy
es el caminante el que lleva el corazón encogido, siente miedo de que estos bellos
paisajes tan vitales que contempla desde
los Chorretes del Necutia, estos
bravos rincones de la Sierra de la Demanda pudieran quedarse sin alma, como así
ocurriría sin la presencia del lobo. Y confía, aunque hoy no haya visto su
rastro, que como el alma, el lobo también se ha tornado invisible, y está
seguro que nos observa desde su discreta atalaya y controla como nadie el
equilibrio de este ecosistema… Y nadie
tiene argumentos para aniquilar el alma de un paisaje…. ¡¡¡No los
tienen…!!! El lobo no es el causante de los males
que sufren los ganaderos,… las administraciones tienen recursos más que
de sobra (miren como los despilfarran) para satisfacer de inmediato y con
creces los pocos males que este pudiera ocasionar,… y los cazadores… ¡¡¡Por
Dios,… pidan perdón por cazar al lobo!!! Él es su principal aliado para
mantener la salud y el nivel óptimo en las poblaciones de ciervo, corzo y
jabalí…
Suspende sus cavilaciones “el
viajero” pues debe ponerse en marcha si quiere llegar a las Majadas del Necutia pues la capa de nieve llega a la rodilla y el día es
muy corto.
Piérdete en este paisaje con alma... No te arrepentirás.
domingo, 28 de diciembre de 2014
Tras la huella de constructores megalíticos y eremitas
En la Sonsierra la historia sale
a tu encuentro, tomes la carretera o camino que decidas, vas a dar con
intervenciones humanas en el paisaje que te permitirán trasladarte, con cierta imaginación
y un punto de interés informativo, a muy diferentes periodos de la historia de
este territorio de frontera y confrontación. Son tan variadas, abundantes y
atractivas las manifestaciones arquitectónicas y etnográficas diseminadas entre
las tierras que descienden desde la Sierra de Cantabria y el Toloño hasta el
Río Ebro, unidas a fabulas y leyendas, que
“el viajero” presenta este rincón entre Peciña y Ribas de Tereso como idóneo
para conocer estos días de Navidad con “la chavalería”, que goza de vacaciones, pues pocos lugares pueden
alimentar mejor su necesidad de fantasías y aventura: se mostrarán afanados en
la supervivencia con los cazadores, pastores y recolectores del Neolítico,
entrarán en las cuevas con los anacoretas de la época Hispano Visigoda o
colocarán sillares labrados de arenisca para levantar el templo de Santa María
de la Piscina,… que pudo tomar como modelo la Piscina Probática del Templo de Salomón, conocida por el
Infante Don Ramiro, yerno del Cid Campeador, en la toma de la ciudad de
Jerusalén durante la Primera Cruzada, donde encontró un fragmento de la
Veracruz, y quién dejó notificado en testamento su deseo de construirla, obra
que acometió su heredero el Rey García Ramírez,
allá por el año 1136…
Partirá hoy “el caminante” de Santa María de la Piscina y dirigirá
sus pasos hacia el cercano y señalizado Dolmen
de la Cascaja, enterramiento de los denominados de corredor, donde la
excavación saco a la luz los restos de al menos
31 hombres, además de materiales cerámicos, una punta de flecha de
bronce y otros útiles, que remonta la presencia humana en este lugar a unos
3000 años antes de Cristo… Un nuevo poste de señalización le dirige hacia el Conjunto de los Lagares de Zabala,
donde puede intuir como se elaboraban los vinos claretes y blancos en la que
puede considerarse una de las primeras bodegas de La Rioja, excavada entre los
siglos del X al XII posiblemente… Imagina ya a “la chavalería” que corretea por
las calles de Peciña, sube la escalinata de la Iglesia de San Martín y sale de la población por el antiguo camino
de Ribas de Tereso.
Comienza entonces el recorrido
por el paisaje con minúsculas, un balcón con vistas a los camaleónicos Sistema
Ibérico y Valle del Ebro, con la encastillada Sierra de Cantabria a la espalda
y la mole del Toloño, en cuyas cumbres abades, bandoleros y generales dejaron
huella, como fondo de escenario por el oeste. En el primer cruce destacado de
caminos, antes de tomar el que desciende, sube “el caminante” a la loma de la
derecha para disfrutar de una magnífica panorámica y localizar desde allí los
términos de “Peña Lacha”, “San Bartolomé”
o “Gobate” donde “la chavalería” podrá
aventurarse en los entresijos de la historia que estos paisajes todavía
esconden…
Cuando llega por el borde del
sembrado a la caída del montículo donde se localiza el peñasco, de unos tres
metros de altura por más de tres también de anchura y medio de
grosor, que se yergue con intención de destacar mas sin protagonismo en la
actualidad pues las dos encinas que lo acompañan casi lo ocultan hasta
encontrarse próximo a él, entiende porqué llaman “Peña lacha” los lugareños a esta arenisca enhiesta, dada su
probable forma antes de sufrir la erosión de los elementos meteorológicos, un
tercio de ella enterrada y anclada en equilibrio con rocas menores por los
pobladores de este territorio,… alguno de los cuales pudo perder la vida en la
extracción, el transporte o para erigir este probable menhir y descansar sus
restos en el cercano Dolmen de la
Cascaja,… No es difícil de imaginar.
Vuelve “el viajero” al camino
antiguo y su pensamiento lo ocupa “la chavalería” y las ideas que sus creativas
imaginaciones habrán recreado de estos constructores megalíticos, para cortar, mover y levantar estas grandes
piedras… De nuevo aparece un poste de madera con flechas de señalización, una indica
hacia la derecha Ermita de San
Bartolomé, la otra, Eremitorios de
Gobate a la izquierda, hacia allí se dirige por la orilla de una cebada
naciente, dado que brilla por su ausencia una pequeña senda que parecería
lógica tras el poste de información, hasta alcanzar un promontorio que se
estira hacia el sur entre dos vaguadas. Camina entre encinas y enebros en busca
de una cueva, “goba” en euskera, que
sitúan sus informaciones al suroeste del mismo… Y se deleita imaginando a la
“chavalería” intrigada en su búsqueda,… encontrando el muro de piedras
semiderruido como primera pista y percatarse después del abrigo en la peña en medio de aquel espacio asilvestrado… No es
difícil de imaginar a los eremitas de los siglos IX y X ocultos a los ojos de
las razias sarracenas, entregados a la oración y a sobrevivir… en aquellos
tiempos vandálicos. Cuando entra a la cueva se fija en varias tumbas socavadas
en el suelo y paredes de la misma que ayudan a situar cronológicamente este
espacio en la historia. En sus proximidades varios lagares labrados en la roca,
uno de ellos encima de la propia cueva, dan una idea de la funcionalidad tan
diversa que desempeñaban estos habitáculos. Busca a continuación una segunda
oquedad en la caída sureste del promontorio, una angosta entrada que permite el
acceso a su interior, un espacio de tres metros de diámetro por metro y medio
de altura, y observa, como en la anterior, varias tumbas excavadas e incluso
una cruz grabada en la pared… No me digáis que “la chavalería” no estará
alucinando,… piensa “el viajero”.
Torna de nuevo al poste de madera
con la flecha de señalización y se encamina hacia la Ermita de San Bartolomé, antigua parroquia de la aldea de Orzales, y
como ya le parece habitual que los caminos desaparezcan no le extraña que
ocurra aquí también, mas la monumentalidad de las ruinas de la cabecera gótica,
de finales del siglo XV principios del XVI, indican con claridad la dirección a seguir. Se
acerca hasta ella con el presentimiento de que no le gustará lo que va a
encontrar… y así es, si bien han vallado el entorno y lo han intervenido despejándolo
de matorrales, la arquitectura amenaza ruina y se recomienda no acceder al
interior de esta construcción, lo que queda de una población destruida primero
por el General Verdier durante las Guerras Napoleónicas, en 1808, y
posteriormente, lo poco que aguantase, por el militar liberal Martín Zurbano en
las Guerras Carlistas, en 1836… Se sienta “el viajero”, junto a estos muros
orgullosos de la ermita que se resisten a no existir, a doblegarse al olvido, y mira ensimismado los escarceos de las
nieblas por el Toloño… y decide volver sobre sus pasos sin bajar a Ribas de
Tereso, pues un escalofrío recorre su cuerpo cuando piensa lo que habrá sentido
“la chavalería” al conocer tantas historias como cuentan estos paisajes… No es
difícil de imaginar… Y no conviene saturarlos.
"Los Paisajes del Vino de Rioja" no pueden olvidar estas historias.
Seguid con "la chavalería" el mapa de la ruta.
¡¡¡ Feliz Navidad...!!!
domingo, 21 de diciembre de 2014
Adiós otoño… ¡Estamos en invierno ¡
A estas alturas del año el flujo
de ideas que emana de tu cabeza se torna lento e insustancial, al compás de los
días de diciembre. Además los motivos para el desánimo que se ciernen sobre tus
convicciones y añoranzas, se muestran tan meridianos en informativos y
publicaciones, que te amilanas ante los fríos días que se avecinan. Les ocurre
igual a los paisajes invernales, resulta ahora evidente, en la desnudez de la
estación, la pérdida constante e imparable de su historia, de ese patrimonio
menor, conformado por muros de piedra, apriscos, chozos, colmenares,… Menoscabo
que sufren los paisajes ante la indiferencia casi generalizada de unos
ciudadanos que bastante tienen, en muchos casos, con sobrevivir cada día en la
marea salvaje de unas políticas gélidas e impersonales que les sobrevienen sin
miramientos por todas partes, medidas de
unos gobernantes carentes de toda fuerza moral para llevarlas a término y sin
perspectivas sociales de ningún tipo, traicioneras resacas en las que
únicamente resisten a flote, y cada vez con más pujanza, bancos, financieras y
multinacionales… Así, con el invierno estacional y social establecido, te sumes
en un estado de letargo, incapacitante para generar propuestas viables,
novedosas y creativas, necesarias para evitar que pierdan su discurso nuestros
valiosos y variados paisajes…
Más si nada se para, el tiempo
menos, y tienes que aprovechar las particularidades del invierno para tomar buena
nota de necesidades y carencias urgentes, madurar intervenciones en tiempos
propicios y, sobre todo, sacudirse la apatía y adentrarse en algunas de las
recreaciones paisajísticas más extraordinarias que la natura es capaz de
regalarnos estos días... No espero lo mismo de nuestros gobernantes. Es un
privilegio sentirnos inmersos en las auténticas obras de arte que son estos
paisajes invernales… Que todos podemos disfrutar y sin que nos cobren todavía
por ello.
¡¡¡Disfrutad la invernada…!!!
jueves, 4 de diciembre de 2014
La campiña de Fuenmayor te sorprenderá
Los Paisajes del Vino requerirán compromisos
Es posible que si a estos
paisajes no te ligan motivos emocionales, laborales, enológicos o una partida
de nacimiento, con lo cual es probable que hayas desarrollado un buen número de
lazos afectivos que te unen igualmente a este territorio, no te aventures a
descubrir la sugestiva campiña existente entre Fuenmayor y Logroño. También es
de reseñar que de unos años esta parte son numerosos los ciudadanos, de una u
otra villa, que en su querencia por las prácticas deportivas, correr, andar en
bicicleta, caminar, o bien por recomendación médica, recorren esta liada red
de caminos que ha permitido a muchos
curiosos enredarse en ella y descubrir rincones de gran belleza visual y rico
caudal histórico.
Transita hoy “el caminante”, no
tiene claro si por mantener una actividad física apropiada o por prescripción
facultativa, el llamado popularmente Camino
Viejo de Fuenmayor, que mantenía hasta las últimas renovaciones de firme
algunos tramos enlosados en piedra con factura similar al de las calzadas
romanas, y como tal parecía tenerse en base a lo descrito en las “Vía I y Vía XXXII entre Virabesca y Caesaragusta” del Itinerarium del emperador Marco Aurelio Antonino Basano, conocido como Antonino Caracalla, y que estudios recientes parecen poner en
entredicho, no tanto el discurrir de la misma como los restos materiales
existentes, que parecen deberse a las obras llevadas a cabo por la Real Junta de Cosecheros, a finales del
siglo XVIII, para facilitar el transporte y comercialización de las grandes
cubas con el vino elaborado en la comarca.
Ha quedado atrás la ciudad y se siente inmerso en un paisaje humanizado dominado por viñas y cereal, salpicado de espacios llecos en las laderas pendientes y pedregosas, los cabezos de las lomas o terrenos antaño cultivados, y en ellos arraigan, entre romeros y coscojas, una rica diversidad de plantas leñosas y aromáticas. En La Rad, todavía término municipal de Logroño, la panorámica que se despliega ante él ha cambiado, las viñas son ahora protagonistas indiscutibles del espacio: un animado oleaje de tonos encendidos se mueve al ritmo de la mirada, sobrenadan en él, apiñadas y con el único fin de permanecer allí, numerosas parcelas dibujadas con trazo inseguro por caminos, sendas y ribazos.
Fatigados guardaviñas observan con hastío el paisaje, evitan desplomarse únicamente por fidelidad a las manos artistas que los construyeron… Ni uno solo de estos chozos o cabañas que todavía resisten a diestra y siniestra del Camino Viejo de Fuenmayor debería desaparecer.
Los pasos recorren ya tierras de Fuenmayor, mas la vista hace rato que surfea, sin viento, en la jovial y colorista marea de viñas de los términos de Alabacos o Los Valles y no puede evitar “el viajero” traer a su pensamiento la candidatura de Los Paisajes del Vino de Rioja a Patrimonio de la Humanidad, la cual no duda en apoyar, pues lleva años abogando por la salvaguarda de este patrimonio natural, cultural y etnográfico. Cuando casi nadie hablaba de ello, recuerda con agrado las conversaciones amigables en los programas de radio de Manolo Gonzalo, Carlos Santamaría y Lucia Ripa en la Cadena Ser Radio Rioja, en ellos ya defendía la conservación de las terrazas y ribazos de la parcelación tradicional, de las acequias y barrancos con sus arboledas, las pequeñas plantaciones de almendros y olivares para romper la monotonía del paisaje,… de evitar las grandes concentraciones parcelarias, respetar y potenciar las variedades de vid y la longevidad de los viñedos,… un patrimonio decíamos que es una inversión de futuro. Premisas todas ellas que deberán tenerse en cuenta cuando se hable de la candidatura de los Paisajes del Vino de Rioja. Pues bien, ahora ha decidido el Gobierno de La Rioja, empujado por los pasos dados antes por el Gobierno Vasco, tomar la iniciativa… “Nunca es tarde…” como dice el refrán, para tomarse en serio esta gran empresa en la que se ha embarcado la región… Navegar en un variado y rico mar de viñas que tenemos la responsabilidad de conservar y respetar en su integridad.
Entre cavilaciones y con la mirada embriagada por las formas sugestivas y coloristas que disfruta, ha llegado a un punto del camino en el que debe decidir entre descender a la Villa de Fuenmayor o recorrer la estirada y estrecha meseta de Los Llanos que la respalda. Se decanta por lo último y encamina sus pasos en dirección al Río Ebro por un terreno pedregoso donde pequeñas encinas y ribazos de piedras amontonadas, procedentes de las parcelas cultivadas, sirven de abrigo y delimitan estas viñas veteranas. Además, desde ellos, zorros, garduñas y comadrejas acecharán a mirlos, zorzales y a toda una comunidad de aves que invernan en este territorio y aprovechan la “racima”, como el tejón que también deja rastro en estos rincones. Las “colgajas” que pendulean en las cepas son golosinas de alto valor nutritivo que les permitirán rellenar sus despensas de grasa para afrontar con garantía los fríos meses venideros.
Aquí algunas viñas casi han perdido la hoja y otras están ya podadas, hacen sus propietarios caso del refrán que reza “si quieres ver tu viña moza, pódala con hoja”. Es un terreno agradable de pasear, que incita a asomarse con frecuencia a las laderas pendientes y asilvestradas que se descuelgan precipitadas: al este, con vistas al paisaje por el que ha venido “el viajero”, languidecen algunas plantaciones de almendros y pierden su compostura las paredes de antiguos corrales,… y como antes comentaba al referirme a chozos y cabañas, es una verdadera lástima que así suceda, pues estos elementos completan la historia de estas tierras; por el oeste, el interesante casco urbano de Fuenmayor y su descuidado entorno reclaman toda la atención. Se le antoja que esa debió ser la visión de las tropas Napoleónicas, cuando allá por el 1808 se toparon en la noche con el pueblo ardiendo con violencia por los cuatro costados y con el resuello entrecortado pasaron de largo sin descender a saquearlo, pues nada debía de quedar dado el coraje de las llamas… Menor que el que ponían los fuenmayorenses en avivar las hogueras que habían encendido con todo lo innecesario y con capacidad de arder, además de ramas verdes que hiciesen humo abundante hasta casi la invisibilidad… Esta romántica leyenda de “Los Marchos”, que celebran ahora la tarde noche del 7 de diciembre, es difícil de confirmar y encontramos datos que apuntan que ya era celebrada con anterioridad: en 1726 la primera edición del Diccionario de la R.A.E. ya recogía este término como “Fiesta con hogueras que celebran en La Rioja…“ o quizás debamos remontarnos a fiestas paganas prerromanas unidas a la proximidad del solsticio de invierno y acción de gracias por la recolección de las cosechas… Fuera como fueses, podéis acercaros esa noche, ya próxima, a la localidad de Fuenmayor y disfrutareis con el ambiente festivo de los “fuchos”, al calor de las numerosísimas hogueras, con las ricas patatas asadas y un trago de excelente vino de Rioja.
El camino continua en dirección norte por lo alto de la meseta hasta finalizar los terrenos plantados de cepas, hubiera querido bajar hasta el río por allí, y no le resultaría extraño encontrarse por las pendientes tapizadas de matorrales a Sergio, amante y buen conocedor de esa fauna, la que estudia la entomología, por casi todos olvidada, pero el caminante se encuentra en lo alto de un espolón geológico, en la proa de una gran nave varada, que mira al Ebro con nostalgia del Mediterráneo… Ante la enmarañada ladera y lo dificultoso que hubiera resultado el descenso, vuelve “el caminante” sobre sus pasos hasta un destacado cruce de caminos que le permitirá acercarse a Los Valles, el Valloque o Las Rozas. Recorrer con calma este territorio le permitirá apreciar su riqueza cromática, la sucesión alternante de las texturas y la dinámica distribución de los viñedos enmarcados en naturalizados espacios baldíos y se sentirá bien inmerso en este espacio humano y acogedor.
Estos paisajes pueden llevarnos en algunas ocasiones, así cuando remonta “el viajero” al Valloque, a estadios de ensimismamiento casi místicos: el Ebro, adornado de sus atributos fluviales, se convierte en el eje serpenteado y vertebrador que irradia hasta perder de vista paisajes, a uno y otro lado de sus orillas, sabiamente amaestrados por las manos diestras de los viticultores, doctorados en la universidad de la paciente experiencia generacional…
Se apea del balcón privilegiado junto a la caseta arruinada desde la que miraba el cautivador panorama, para acercarse a la ribera del río. Camina de nuevo por una campiña risueña, entre cepas longevas en fincas menores, al lado, otras de reciente plantación y parcelas demasiado grandes para su gusto, preparadas ya para la vendimia automatizada, recoletos chozos en los ribazos y destacadas casas de campo abandonadas entre las viñas. Llega a la orilla del Ebro, embalsado por la cercana represa del Cortijo, ha perdido en Remolinos su escolta arbórea y arbustiva hasta llegar a la agradable zona recreativa habilitada junto a la Boca del Ebro, allí donde el timorato Río Antiguo le aporta su mermado caudal.
Un estrecho camino recuperado en la margen izquierda, a contracorriente del mencionado arroyo, le acercará a Fuenmayor, no sin dejar antes impresas en su retina y en su cabeza dos estampas: un molino harinero se mantiene erguido rodeado de cepas y algunas huertas, frente a otros dos cansados ya de aguantar el tipo, y otra casa de campo tradicional en aparente desuso rodeada de viñedos. Ambas imágenes obligan al viajero a replantearse hasta la duda el ángulo de disparo fotográfico para evitar en la imagen gran número de elementos distorsionantes en un paisaje que podía resultar una deliciosa sonata de equilibrio visual y que le invitan a reafirmarse en sus palabras sobre los compromisos que requerirán los Paisajes del Vino para conservar completa la historia del territorio.
Sigue en el mapa el recorrido que hizo "el viajero":
Déjate sorprender por la campiña de Fuenmayor:
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