sábado, 23 de agosto de 2014

Arboledas singulares en el Moncalvillo

Crónica de un error de logística
Le había contado con entusiasmo, otro amigo de perderse en paisajes recónditos, de la existencia de algunos barrancos todavía agrestes y asilvestrados, que mantenían escondidas en su seno pequeñas esmeraldas boscosas, y así le habló de algunas alisedas, abedulares o mostajeras. A ellas se accedía únicamente por las veredas ocasionales generadas por el tránsito del ganado o las trochas intuidas de la fauna salvaje, trazadas entre la densa vegetación que puebla el cauce pedregoso de los arroyos que conforman la cabecera del Rio Yalde, más en concreto el Barranco de la Turriente, el Barranco del Castillo y el Barranco de los Pinos o de los Tejos.



Con estas ideas en la cabeza y tras consultar durante la noche los mapas del IGN y el Google.maps, “el viajero” se acerca de madrugada  a la población de Castroviejo y desde allí parte en dirección sur por la Calle Mayor, que se tornara sureste al terminar la misma, y prosigue por un camino amplio que desciende con rapidez hasta encontrarse con el río. Lo vadea sin dificultad para continuar el remonte del Yalde por la pista, ahora con cautela pues tres mastines sin control, procedentes de una moderna, aunque descuidada, explotación ganadera, cruzan la corriente para mostrarle, a una pedrada de distancia, sus credenciales dentales y fonadoras. Esto encuentros con los canidos enervan “al caminante”, no puede entender que campen a sus anchas sin nadie que los controle y sean dueños y señores de los caminos públicos,… parece ser que todos los que transitan por ellos deben ser conocedores de las bondades de los perros… En la siguiente curva cerrada abandona el camino y se adentra, dejando atrás los ladridos, en el barranco que el río ha labrado.



Han desaparecido los senderos y le queda como única guía seguir el discurrir del agua a contracorriente. Desde el comienzo resulta dificultoso caminar por su amplio cauce, tapizado de grandes cantos rodados y en el que se han desarrollado tupidas masas arbóreas y arbustivas. Avanza muy lento y debe emplearse a fondo, decidir después de cada paso hacia dónde dirigir los siguientes, necesita mantener alerta sus sentidos, hoy se aventuró solo por estos inhóspitos parajes, sin cobertura de móvil (acaba de comprobarlo), y no puede permitirse ni un mal resbalón. Las alisedas dominan el fondo del barranco, arboles querenciosos de las caricias del agua en tránsito por sus raíces, pueden parecer desubicadas en este canchal de cantos rodados donde cuesta en ocasiones sentir la  presencia del río. Sauces, avellanos, mostajos, espinos albares o algunos arces compiten por el espacio de este ecosistema cerrado con los alisos y encuentran a su sombra la luz que demandan en su aventura vital. Por otra parte en los tramos más abiertos y alejados del líquido elemento, mejoranas, jaras o escaramujos conforman el mosaico vegetal y dan lugar a un marcado contraste con las zonas de alisar…



Comienza a sentir calor, le agobia la tremenda humedad reinante sin llegar a las nueve de la mañana, otro barranco se une al principal por la derecha,… y “el caminante” sin poder consultar el Google.maps en quien había confiado su orientación… En esas condiciones se adentra por la nueva barranquera pues reconoce cercanos los restos de una pequeña presa, probablemente con la única finalidad de contener las riadas con prisas. Tras comprobar el estado de la arquitectura arruinada valora el volumen de agua que aporta este arroyo al Yalde, y sin tener operativo el móvil que permitiese la comprobación, considera que aquel no debe de ser Barranco de los pinos que él deseaba remontar y retorna al que considera de mayor entidad hídrica, cada vez mas angosto, con paredes verticales y profusa vegetación.



Le cuesta avanzar bajo la arboleda laberíntica, trabado por una maraña de zarzas y helechos, e inmerso en un ambiente cálido, húmedo y asfixiante… Arrullado por el riachuelo oculto, se topa con otro muro empedrado de unos tres metros de altura, quince de longitud y que cierra el barranco de pared a pared. Este dique, más sólido y consistente que el anterior, sudaba febril a través de su dermis de musgo y liquen, en dicha piel varios lacrimales de irregular distribución y sufrimiento lloraban con generosidad las aguas retardadas del arroyo. Se siente “el viajero” apabullado por la desbordada abundancia vegetal y acuática embarrancada, atraído por la melancolía que encierra ese rincón se sienta a escuchar la intrigante balada de quiméricas aventuras que allí se escuchaba…



No encuentra manera de superar la presa, este obstáculo que le obligará a retroceder y retardará su avance le hace plantearse la posibilidad de desistir… Vuelve sobre sus pasos hasta hallar en el talud de la derecha un tramo de menor pendiente y trepa por él con dificultad, las tierras que envuelven cantos redondeados tienen tendencia al resbalón, debe agarrarse a ramas de roble y a los brezos para poder acceder a lo alto del barranco. Una vez allí avanza por el robledal hasta superar la presa y desciende de nuevo al fondo de la cárcava…  El panorama continuaba tan agreste como el que traía bajo la presa: un espacio selvático que se encajonaba entre erguidos farallones, donde remontar suponía aventurarse al encuentro de lo inesperado…




Pero hoy no será ese día. Sabe “el caminante” que cuando de conocer la natura se trata, hay momentos para desistir en el empeño, darse la vuelta y esperar otra ocasión para intentarlo, y hoy era uno de ellos: solo, por un terreno abrupto, accidentado y desconocido para él, un calor tórrido,… y sin cobertura. Abandona pues, sin tener claro que barranco había tratado de remontar, la búsqueda del abedular asentado en una seca (1), de una rara, por inusual, mostajera (2),… o de cualquiera de los singulares bosquetes que todavía era posible descubrir en aquellos barrancos del Moncalvillo, de los cuales le había hablado el “amigo de perderse en paisajes recónditos”. 



Hoy el mapa solo indica en verde continuo el trayecto que deseaba seguir "el viajero" y en verde intermitente los otros barrancos que conforman la cabecera del Río Yalde.


Notas aclaratorias:
(1)    Seca: en esta comarca acumulación por derrubio de gran cantidad de piedras redondeadas que llegan a formar superficies destacadas sin vegetación.                                                                                                                                                                                                                                 
(2)    Mostajera: bosquete de mostajos (Sorbus aria) 





sábado, 26 de julio de 2014

Donde el Río Linares pierde la memoria


Antes de abandonar los valles bajos de La Rioja, este inicio de verano atormentado y frío en exceso, y subir como los rebaños trashumantes de antaño en busca del agua y la frescura que espera encontrar en los valles del Iregua, el Najerilla o el Oja, quiere volver a remontar el Río Linares por una vereda que recorre “el viajero” casi con devoción en cualquier época del año y en la que siempre encuentra motivos para regresar.

                       El sendero discurre colgado sobre el Río Linares

Se acerca para ello a la población de Valdeperillo, aldea de Cornago, y cruza a la otra orilla del río por el puente cuya visión tiene  capacidad de enervarle, pues considera que este paisaje se merecía una obra de ingeniería más pensada o al menos mejor ejecutada y, como le ocurriera a la mujer de Lot, al alejarse del pueblo siente la necesidad de volver la cabeza y si bien no se saliniza pues estas tierras son amigas del azufre, lo atestiguan los pequeños cubos de pirita que encuentra en este tramo del camino, se le llevan los demonios al comprobar cómo, detalle a detalle, el conjunto arquitectónico va perdiendo su singularidad: en la rehabilitación o construcción de nuevas viviendas se dan respuestas urbanas y  la agrupación de pajares entorno a las eras, magnífico ejemplo de la solución que la arquitectura tradicional ha dado a sus necesidades y con materiales acarreados en el territorio, se transforman en garajes o almacenes, que no está mal, pero con materiales foráneos muy dispares. Es este un ritual, echar la vista atrás, que empieza a preocupar “al caminante”,…  que prosigue ya su ruta por el GR-93, Sierras Riojanas, que tomara en Valdeperillo en dirección a Enciso.

                                                Valdeperillo

Transita, encaramado sobre el Río Linares, por una senda trazada en la ladera rocosa, flanqueada tan solo por  terrazas desaliñadas y ocupadas por ascéticos almendros u olivos, mal pertrechados la mayoría, y se recrea con la vitalidad de las arboledas de álamos o fresnos que ocultan de manera irregular el tránsito del agua, a la vista que no al oído, ya que su algarabía (1) todavía manifiesta a  mediados de julio es inhabitual. Acompañan la algazara (1) del río una desigual orquesta alada de sones aflautados y solistas destacados: la oropéndola, con su peculiar silbido, la aflautada curruca capirotada o el melódico ruiseñor. Mas no puede evitar el mirar de nuevo, por contraposición, esas terrazas ya tan solo intuidas a uno y otro lado del sendero. En sus días de ocupación plena, estas paredes de piedra  propiciaban el cultivo de trigos, avenas o centenos, ahora son los tomillos, aulagas y romeros los que colonizan estas tierras empobrecidas por el abandono y la erosión que campan a sus anchas. Cruza la senda del GR un barranco sin nombrar, que se descuelga escalonado, semidesnudo, teñido el cauce en colores ocres y pardo rojizos por la oxidación de los mineras de hierro y cobre que forman parte de las rocas, hoy generoso en aguas garbosas en busca de las cercanas aguas bautizadas. Una vez superado el mismo, a 200 m. tomará el caminante una vereda todavía más estrecha que desciende a la izquierda de la principal con marcas de color amarillo y blanco difíciles de localizar en ocasiones. Cuesta abajo el panorama ha cambiado poco, bancales desmemoriados con los empedrados heridos, desbarrigados por la navaja indiferente del tiempo pierden la tierra sudada, pues fue acarreada hasta allí en los “serones”(2) por los mulos y luego acabados de rellenar y uniformar por hombres y mujeres con las “terreras”(3) cargadas en las caderas.

      Corren los barranquillos tras las tormenta del inicio del verano


Después de cruzar un nuevo barranco se topa con una pequeña construcción levantada con técnica similar a las terrazas, una prolongación de ellas, y con materiales, además de la piedra del terreno, mortero, tejas y madera de álamo. Es un edificio que conoció “el viajero” ya hace algunos años y del que ha hablado en artículos y charlas, el colmenar le resulta singular y por ello habla de su valor etnográfico, paisajístico, histórico y emotivo… El apicultor construyó un abrigo acogedor, con estanterías de madera en su interior donde ordenar sus “piones” (4) y protegerlos del calor, el frio o el agua,… seguro que sentía pasión por estos “animalitos”, las abejas. Otro espacio que se borra de la memoria del territorio. Prosigue la vereda por intuición en ocasiones, pero sin miedo a la perdida, remonta el río próximo a él hasta llegar al lugar donde una sucesión de grandes piedras asentadas en el cauce del Linares, unas cerca de otras, le permitirán vadearlo cuando regrese, incluso en días como el presente con aguas envalentonadas por las tormentas.

                  Peculiar colmenar en la Vega del Linares

Sigue por la senda de  marcas amigas del despiste y se adentra “el caminante” en un paisaje diferente, donde el agua, los árboles y, como diría Joaquín Araujo, la “vivacidad” (5) que ocupa este espacio selvático lo llenan todo. Se siente como un intruso, un osado que se inmiscuye en una batalla por la  ocupación del fondo del valle: la vitalidad salvaje del sotobosque con álamos, fresnos, arces, unos pocos cerezos altiricones y desgarbados, resistentes de los muchos que fructificaban en las generosas huertas de esta vega, cornejos,… o cornicabras se enfrentan,… y se mantienen a raya, la vereda los separa,…  a la tenacidad de las encinas, que se descuelgan de los empinados taludes en busca de tierras tranquilas, y a los pacientes y asentados olivares que no abandonan sus terrazas,  esperan todavía que nuevas manos poden sus ramas y ordeñen sus olivas en el invierno, son estos del entorno de Villarijo, a donde ya se acerca “el viajero”, no encontrará olivares más longevos en la provincia de Soria,  este pueblo junto a Cigudosa son los únicos de la provincia por debajo de los 800 m. de altitud.

    La vitalidad salvaje del soto compite con la tenacidad de encinas y olivos

 Con el despoblado a la vista atraviesa una yasa muy abierta y pedregosa que desciende desde el noroeste al encuentro del Linares, se adentra en ella y busca las historias que se pierden entre la maleza y que nos hablan de pequeñas diligencias que traían gente hasta allí para tomar las aguas sulfurosas o ferruginosas e incluso baños de agua caliente, las mismas que utilizaban las mujeres para la colada apartadas de la surgencia,  aguas que manaban en la margen izquierda del Arroyo Horcajuelos, ahora le resulta difícil “al viajero” encontrar los manantiales, o en el margen derecho los testigos que le hablen de la llegada de los paisanos con las olivas dispuestas para el prensado al notable trujal que allí se construyó, probablemente también el único soriano. Se muestra hoy con la techumbre perdida y los paredones  cansados, sólo permanece en su sitio la enorme viga de la prensa, madera de olmo, anclada a los contrafuertes del muro que se apoya en la ladera, restan por el suelo, entre los escombros, esteras de cáñamo o piedras desgastadas del molino, resignados al olvido… Mustio torna sobre sus pasos a la senda de las marcas timoratas, desolado por el avance del alzhéimer que padece este paisaje.

       Longevos olivares sobreviven olvidados en el tiempo

Deambular por las calles de Villarijo refuerza sus malos presentimientos sobre la pérdida de memoria que sufre este rincón olvidado del territorio. Se percata de la desaparición de la placa dedicada a D. Ezequiel Solana (6), ilustre pedagogo nacido en esta Villa en 1863.  Esta placa herida ya por la ignorancia de los balazos, así como otros espacios y enseres, permanecía todavía anclada a la pared hace pocos años y recuerda “el viajero” como le resonaban en los oídos, cuando conoció la historia, las ráfagas de metralleta o la voladura de algunos edificios allá por el año 1980, en las maniobras con fuego real de los GEOS, el pueblo permanecía vacío desde el año 1972. Los pasos conocedores inconscientes del espacio le llevan ahora hasta el desvencijado molino propiedad de la familia de D. Ezequiel, junto al gran tambor de almacenaje de agua excavado en la roca, alimentado por un canal que nacía aguas arriba, y que movería el rodezno capaz de poner en marcha la molienda de harina así como la pequeña minicentral eléctrica que aportaba la energía suficiente para cubrir las pocas necesidades de iluminación de las humildes viviendas de esta población , aquí vio él por primera vez cerraduras todavía de madera en algunos recintos. Cuantas historias a punto de desaparecer pasan por su cabeza, y siente melancolía,… y siente rabia pues las últimas noticias que aparecieron en los periódicos sobre este ilustrado paisaje, en agosto del año 2012, hacían referencia a la detención de tres personas por el cultivo de marihuana… Y olvidan por completo el espolio que sufre cada día, aquí, la memoria histórica y paisajística de todos. Cuando llega a la Iglesia, espacio sobre el que también hubiera querido extenderse   “el viajero” en sus reflexiones, mas ya no tiene tiempo, observa todavía erguido el chopo clavado para celebrar la Cruz de Mayo, fiesta que recuerda con nostalgia su padre pues acudía invitado por sus amistades  andando desde Villarroya,  todavía paladea en su memoria los sabrosos caracoles guisados, cogidos en el regadío, y las abundantes, dulces y jugosas cerezas de la vega que deleitaban los postres…

            Las historias se borran de la memoria de Villarijo

Regresa por donde vino el caminante y vadea el río por el lugar mencionado, camina con prisa, el calor arrecia ya cuando llega al otro molino harinero de gran porte y también arruinado, lo recuerda todavía con todas sus maquinarias, poleas y conducciones de madera en buen estado. Ahora está infranqueable y hundido… Contempla sin embargo con agrado el buen hacer de los hortelanos en las fértiles tierras próximas a Valdeperillo y se lleva como otras veces todo este bagaje de relatos de nuevo en la cabeza, e intentará no olvidarlas, pues mientras se recuerden permanecerán vivas las historias de este paisaje entre La Rioja y Soria,… que está perdiendo la memoria.

                                   Molino arruinado de Valdeperillo
  
Sigue los pasos que lleva "el viajero" con el mapa y recorre este camino  donde la memoria del paisaje se pierde...


Notas aclaratorias:
(1)    Algarabía: (Del ár. hisp. al´arabíyya )  Gritería confusa de varias personas que hablan a un tiempo. RAE
      Algazara: (Del ár. hisp. al azara ) Ruido de muchas voces juntas, que por  lo común nace de alegría.RAE                                                                           
(2)    Serones: en esta comarca riojana, grandes alforjas para llevar a lomos de las caballerías, de saco o esparto.
(3)    Terreras: en esta comarca riojana, cesta de mimbre con dos asas, diámetro grande y poca altura, utilizada para llevar tierra de un lugar a otro.
(4)    Piones: en esta comarca riojana, colmena de mimbre trenzada, recubierta de excrementos de ganado y después de barro, de forma cilíndrica.
(5)    Vivacidad: concepto utilizado por Joaquín Araujo para referirse a la biodiversidad que “… transita por un paisaje”. Recala más información en el libro del citado Autor: Éticas y poéticas del paisaje, capítulo 5. Editorial Tundra.

(6)    Ezequiel solana: humanista, publicista y poeta, nació en Villarijo (Soria) el 10 de abril de 1862.Fundador de la Editorial El Magisterio Español.                                             
       Abuelo del Ministro y Secretario General de la OTAN Javier Solana.

                        Bosque de ribera entre Valdeperillo y Villarijo


sábado, 28 de junio de 2014

Asamblea de “Ents” en el “Carrascal” de Villarroya



Por San Juan el agua no discurre ya por los barrancos, solo hondonadas y pozas modeladas en el cauce son ahora reservorios del líquido vital, y fluye exiguo en los manantiales que irrigan los paisajes que rodean Villarroya. Tierras acostumbradas a recrear infinitas formas de vida con los escasos recursos acuosos de que disponen, que nos brindan, pues son agradecidas, paraísos de biodiversidad cuando llueve, como recalcan los versos de Octavio Paz 
(1)

                   “Tierra de labios, boca
                   donde un infierno agónico jadea,
                   labios en donde el cielo llueve
                   y el agua canta y nacen paraísos.” 

Estos primeros días de verano “el viajero” se adentrará, y será apasionado cicerone, en un bosque viejo de encinas que conoce bien, y sabe que hoy, de madrugada, lleva puestas galas de fiesta. Sus pasos callados, silenciados en los suelos arenosos, borrachos todavía por las aguas impacientes de la tormenta nocturna, visitarán rincones que despiertan en él sensaciones intensas.



                                                                   Mañana tormentosa a comienzos del verano


Al salir de Villarroya por el camino de las bodegas (cuatro corrales con cuevas reconvertidas a tales) constató que, a pesar de sentir la tierra todavía amorosa en estas primeras horas del amanecer o de ver como jugaban las nubes bajas, que pretendían simular nieblas, a “tres navíos en el mar…” entre las conspiradoras encinas del “Carrascal”, el ambiente  húmedo, quieto y la temperatura suave presagiaban que el bochorno se instalaría, con toda su cachaza en las horas próximas. Con esa idea en la cabeza y  paso garboso, la visión del “espliego” (2) envaretado, muy abundante en el término del “Espliegal”, le puso contento, las aguas caídas eran suficientes para pensar que la floración podía estar asegurada, y sus colmenas, tiene media docena “el caminante” pues le resulta atractivo y aleccionador el mundo de las abejas, lo aprovecharán,… si una tormenta rabiosa de agosto no lo “asusta”, como diría otro apicultor experimentado del lugar,… que suele pasar. Con golosos pensamientos llega al “Juncal”, allí siempre se retenía  el agua, una beta de tierra arcillosa lo facilita, y crecían juncos (era sencilla y lógica la terminología del territorio),  había ranas, culebras de agua, libélulas,… y todo tipo de aves y animales acudían a refrescar allí sus gaznates en el estío. En la actualidad una pequeña obra para asentar y garantizar el camino hace de presa y mantiene esta  balsilla durante un periodo más largo de tiempo… Si eres paciente y te vuelves cañaveral, observaras la vitalidad de estos pequeños oasis, incluso sentirás la vecindad de la poco afamada, pero simpática, rata de agua o el caminar casi milagrero de la polla de agua… Si, si, aquí,… tan alejados de grandes  espacios húmedos. Es una pena que no tengamos un mayor cuidado de este elemento tan especial del paisaje.


                          Jaras, cantuesos, gayubas,... en el bajo monte del encinar  

Ha necesitado poco tiempo, puesto en marcha, para llegar a una de las entradas que dan acceso a la espesura boscosa de este encinar cansado. Antaño, le cuenta su padre “al caminante”,  completamente adehesado, por el pastoreo de los rebaños de cabras y ovejas chamaritas. Así lo certifican los numerosos corrales, en ruina la mayoría, que aparecen como pergaminos ajados en los claros del bosque o semiocultos entre los rebrotes de encinas y matorral que la ausencia casi total de ganado que los ramonee posibilita. Legajos  cuya lectura, todavía posible,  permitiría reconstruir la historia del “Carrascal” de Villarroya. Con los corrales llenos de cabras y chamaritas, en tiempos de los mayores, se mantenía el bajo bosque sin romeros, estepas o jaras, entre otros arbustos y con ello se garantizaba el pasto fresco de primavera entre las grandes encinas, que a su vez daban madera para la construcción y leña para el abrigo, sombra y ramones tiernos para el ganado y gavillas, que una vez secas se vendían en Arnedo, igual que las bellotas. Cada una de estas paredes derrotadas cuenta sus historias de sueños y ambiciones, cada cueva de corral es conocedora de envidias y amoríos… Tantas y tantas historias ocultas en la boscosidad paciente de las jóvenes carrascas o desparecidas, muertas como las viejas encinas, ellas  víctimas de la “seca” (3) y los sentimientos de los pastores villarroyanos del olvido. 


                                            Corrales abandonados en un claro del encinar


Abandona los amplios caminos que cuadriculan este bosque plano, de fácil despiste en días de niebla cerrada o de mirada ofuscada en el suelo, obsesionada en la búsqueda de los deseados frutos micológicos que este encinar propicia con aguas generosas, incluso rabiosas. Hasta cincuenta y dos especies de setas ha clasificado y fotografiado “el viajero” en una jornada con amigos que saben de estos menesteres y perderse con ellos en el fragor de este monte con magia es una delicia.  Pero no es el día, hoy se adentra cauto en el paisaje, se mimetiza entre los “rosajos” (jaras de flor rosa), las jaras (las de flor blanca, hasta cuatro variedades diferentes), mejoranas o cantuesos, que son al comenzar este verano las golmajerías y supermercados para todo tipo de insectos, con sus gustos y especializaciones, como fueron en días primaverales los romeros, tomillos o las gayubas, por ello los villarroyanos, diestros en el manejo de las abejas, como les reconocía Pascual Madoz (4), aprovecharon las paredes arenosas  y verticales de las yasas, venas del bosque, para excavar cuevas y construir en ellas colmenares muy singulares, que “el viajero” daba a conocer hace algunos años en la revista Piedra del Rayo (5), y lo señalaba también el Catastro del Marqués de la Ensenada (6).


                                            Una asamblea de "Ents" en el "Carrascal" de Villarroya

Tampoco se detiene en los colmenares, el tiempo apremia, el bochorno se hace cada vez más evidente y antes debe participar en alguna de las asambleas de “Ents” (7) del “Carrascal”  de Villarroya. Seguro que  recordáis estos personajes… Fueron protagonistas destacados de la segunda parte de una famosa trilogía cinematográfica reciente…Y hacía  años  que los  conocíamos los amantes de la literatura de J.R.R.Tolkien (8)… Exacto estoy hablando de los “Pastores de árboles” que aparecen en el “Señor de los anillos”… No. No creas que son fantasías, “el viajero” se encamina a una de esas reuniones, frecuentes en este bosque. No os puedo señalar en el mapa del recorrido los puntos asamblearios, pues aunque  visibles,… no es sencillo participar en ellas, pues poder asistir requiere un esfuerzo de tu parte,… debes transformarte en bosque,…sentirte bosque… No somos tan diferentes… Y no lo dudes, entonces ellos saldrán a tu encuentro,… te costará diferenciarlos de las encinas más longevas, pero los reconocerás son especiales, en grupo, entablan interminables debates con parrafadas infinitas y concienzudas que deberás descifrar, y en solitario, declaman profundos soliloquios que te removerán la sabia. 


                                                  Encina o Entz, es el anciano del territorio


Si te paras a escuchar, podrás pensar que estos gigantones arrugados, multibraquiales, estáticos y adormilados no te hacen caso,… seguramente no mucho, pero al cabo de un rato de observación serena, sin prisas, sin pretensiones,… de mirar con detalle sus torsos labrados, esculpidos, heridos por el tiempo, el rayo o el hombre, acabarás por escuchar sus voces únicas e incomparables. Diferenciarás con claridad sus controvertidos pensamientos acerca de su vecindad con los humanos: su incomprensión por el transito irresponsable y ruidoso con todo tipo de vehículos (a pesar de las prohibiciones) por este santuario de la Natura; el abandono de residuos dañinos  o feos,… precisamente cuando el bosque se muestra más generoso; el olvido por parte de los humanos de un pastoreo racional y sostenible del mismo o de la benéfica apicultura… Te sumirás en una agradable ensoñación por sus melancólicas melodías, que ahora resuenan con nitidez en tu cabeza, sobre sus leyendas y pasiones que los “Ents” tararean nostálgicos… ¡Como se nos parecen,…y como los necesitamos…!


                                         Tonos del encinar a comienzos del verano

 

¡¡Que pesadas comienzan a estar las moscas…! Son las diez de la mañana y “el caminante”, en verano, abandona sus ejercicios espirituales en el encinar,  y marcha, garboso otra vez, de regreso a Villarroya. Quiere  buscar en la frescura del patio las palabras que te motiven, si tú quieres, para emboscarte en este espacio, más próximo al milenio que al centenario, y asistir a una asamblea de “Ents” en “Carrascal” de Villarroya.


Busca durante el recorrido las asambleas de "Entzs", son frecuentes en el "Carrascal" de Villarroya






Notas aclaratorias:
(1)      Estrofa del poema “Noche de Verano” de Octavio Paz. Escritor mejicano (1914-1998). Junto a Pablo Neruda y César Vallejo conforma la tríada de grandes poetas que, tras el declive del modernismo, lideraron la renovación de la lírica hispanoamericana del siglo XX. Premio Nobel de literatura de 1990.
(2)      Nombre local que se le da a la planta de  Lavanda (lavándula pyrenaica ).
(3)      Enfermedad fúngica que sufren las encinas producida por  hongos del genero Diplodia.
(4)      Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de Ultramar, por Pascual Madoz. Rioja 1845-1850.
(5)      “Villarroya un pueblo de diestros abejeros”  de Carlos Ezquerro. Revista  riojana de cultura popular Piedra de rayo, nº 17 julio 2005, pags. 56-68.
(6)      Catastro de Ensenada 1749-1756. Libro de Respuestas Generales (pregunta 19).
(7)      Personajes que aparecen en la obra “El Señor de los Anillos”, Segunda Parte  “Las dos Torres” de J.R.R.Tolkien.
(8)      J.R.R.Tolkien, escritor británico de origen sudafricano, mundialmente conocido como autor de “El hobbit” (1937) y “El Señor de los anillos” (1954-1955), un verdadero clásico de la literatura fantástica.




sábado, 14 de junio de 2014

En Briones el paisaje recuerda la Toscana





Olía a tierra húmeda por el camino, en los baldíos y en los ribazos los escaramujos, madreselvas, zarzales o hierbas varias, mantenían todavía una miríada de pequeñas gotas emperladas caídas la noche anterior, en equilibrio inestable sobre hojas y flores. Así,  acicalado y fresco se mostraba esa mañana Briones y su entorno, más hermoso y sorprendente de lo habitual… Le resultaba difícil imaginar “al viajero” como luciría el rostro de las bellas panorámicas que conocía, si todo su potencial paisajístico se recuperase como el lugar se merece, si todos sus elementos arquitectónicos, etnográficos, culturales y naturales, que todos se reúnen allí, se pusieran en valor. Si recorrer estos caminos historiados estimula, ahora ya, los sentidos con sensaciones  variopintas, placenteras en su mayoría, también salen a su encuentro nubes sombrías que permanecen en el tiempo, siempre que a los pasos les acompañe una mentalidad crítica, aunque constructiva, asociados a las nefastas intervenciones que sufre el paisaje… 



Mas abandona sus reflexiones para  otro momento, la visión asilvestrada del río que le ofrece el camino señalado con postes del GR 99 - Camino natural del Ebro, que tomó a la salida de Briones por la LR-210 que llega a San Vicente de la Sonsierra, nada más cruzar el puente sobre el ferrocarril, le embelesa. Constreñido entre la vía y el Ebro, observa atónito el discurrir del mismo y siente la presencia selvática de la naturaleza en el soto fluvial que el río ha propiciado en el meandro de Briones: álamos blancos y negros de porte longevo compiten estirados por el espacio y la luz, a la vez que guardan las espaldas de sauces y fresnos más cercanos al tránsito del agua y  los alisos, los más querenciosos de ella, son  los más descarados frente a sus caprichos. Al poco rato se encuentra con los sólidos muros de un edifico arruinado, habitado por zarzales y enredaderas, que tiene por techumbre el follaje frondoso y los florones de blancas flores diminutas de un sauco, acariciados por el río añoran los tiempos de molienda o bataneo… No sabe “el caminante” cual fue su oficio, pero enseguida encuentra a las cansadas paredes un noble destino como oratorio discreto, y sin pretensiones, donde serenar, recrear, desconectar o reprogramar la mentalidad global e interconectada,… un mirador seguro desde donde contemplar la vitalidad del Ebro, sus cambios emocionales y estacionales o el transito permanente de sus residentes habituales, migratorios o circunstanciales…

 Llegado a un cruce destacado, abandona el camino señalado con postes y toma otro amplio en dirección norte que le permitirá conocer las poco nombradas huertas de Briones, en breve espacio de tiempo  se acerca, porque sabe que está allí, oculta tras una tupida cortina arbolada, a la Ermita de San Andrés que apenas deja entrever, avergonzada, el desnudo abandono de sus encantos, que los tiene. No se explica  como santo tan señalado, patrono de Rusia o Escocia, con devociones extendidas por toda la Península y territorios insulares, se le tiene aquí tan relegado y piensa “el caminante” que este edificio con posibles trazas arquitectónicas del s. XVI, que se dirime en litigios sobre su propiedad o la denominación del mismo, tanto él como los muros arruinados de su molino de noble factura, debería de lucir de otra manera en este paisaje tan lleno de historia y tan pegado a la tierra… Sabe, de buena fuente, pues tiene en la Villa buenos amigos, que por la cabeza de algunos vecinos del municipio  rondaron  ideas para reconocerle al conjunto su valía y darle nueva finalidad a esta Ermita de San Andrés,… mas no es amigo “Don Dinero” de fantasías y experimentos y menos si quienes las proponen… son posibles descreídos.

 Alineados y paralelos los “canteros”, equidistantes  los plantones  de pimientos o tomates, lechugas y puerros tempranos, tiernos pero tiesos, plantados por San Isidro, en parcelas cuadriláteras o trapezoidales, que parecen trazadas con tiralíneas, cada planta toma del “surco” su punto de agua y son “escabuchadas” cuando  lo pide el “tempero”. Las huertas son espacios de tranquilidad y sabiduría hortícola, comprobó “el viajero” en sus parrafadas con los jubilados que mayoritariamente las atienden, Paulino, Teodoro o Emeterio (nombres ficticios pues los reales no gustan de papeles) aman la tierra y como a tal la tratan, con finura y destreza de cirujanos,… les duele que haya tantas fincas “llecas”, casillas como sin dueño, “…a los jóvenes no les gusta,… a la huerta hay que tratarla con mimo y dedicarle tanto tiempo como a la novia” le decía uno, “…con esta crisis, algunos han vuelto a preparar la tierra,… y si se enganchan esto es como la droga, no se puede dejar,… pero sano” puntualizaba otro… Él, que escuchaba embelesado a los hortelanos a la par que el trino sin igual del ruiseñor, enramado en un guindal sin poda, observó en el ribazo próximo, junto a la cabaña arruinada, la figura menuda de una comadreja: ágil, inquieta, decidida,… fugaz  ¡Dios…! ¡Cuánto hacía que no veía una...! Se miraban perplejos los paisanos por su alegría al  ver  “ese bicho,… que mejor estaba muerto”. Como convencerles que “ese bicho” era su mejor aliado contra los ratones,… si tienen todavía en sus añadas cabezas las incursiones sangrientas, sobre pollos y huevos, de la alimaña en los remendados gallineros de antaño. Así, recordando el chascarrillo con “el Paulino” o la clase magistral con “el Teodoro” ha llegado a la descuidada Ermita de Santa Lucia, “… y que les arregle la vista”, pues no deben apreciar las deficientes condiciones que presenta esta construcción del S. XVIII, con detalles anteriores, que modula un discurso paisajístico humano y equilibrado: entre las casetas cercanas, las huertas y Briones como regidor del conjunto. No puede el viajero con el poco apego que tenemos, en general, a la tierra, al patrimonio o a las costumbres… La fiesta de Santa Lucia fue  importante en Briones,… seguramente cuando llegaban compradores de lejos a llevarse lechugas y puerros, que lavaban y preparaban para el mercadeo en el lavadero que había dejado atrás, y también esos sabrosos tomates de hoja vuelta que se criaban en estas huertas, de los que solo algún romántico mantiene vivero, con carne tersa, jugosa, sonrosada, su puntito idóneo de acidez y piel fina,… se nos hace la boca agua, “Por el interés… te querían Santa Lucia”. Ahora, donde apenas los jubilados mantienen las huertas,… apenas mantienen tu ermita…


Se marcha pensativo “el caminante” y en el segundo cruce de caminos, a doscientos metros de la ermita, junto a un grupo de casillas de huerta de las mejor conservadas, toma el que lleva hacia el noroeste. A partir de allí, las viñas serán las protagonistas, acompañadas de cereal, algunos almendros aislados faltos de cariño y unos pocos olivos, conformarán este paisaje con Briones, San Vicente de la Sonsierra y Labastida como mirones del territorio y como telón de fondo la sierra de Toloño, amiga de historias y leyendas. Ensimismado con estas fantásticas panorámicas que tanto le recuerdan a la Toscana, llega a un segundo puente sobre el ferrocarril y antes de superarlo se acerca por un camino menos principal, de apenas cien metros, a un balcón incomodo sobre el Ebro salvaje, un soto impenetrable, salvo por la vía del tren que lo bordea o por la central hidroeléctrica de Labastida en la orilla alavesa,  una selva esmeralda, tupido tapiz vegetal trenzado por el río para salvaguardar sus tesoros faunísticos. Resulta incomprensible que no exista un mirador discreto y protegido (no un parque de atracciones) ¿No estamos ante uno de nuestros maravillosos Paisajes del Vino…?  Retoma su andadura, pasa el puente indicado y enseguida se estimula con las bellas estampas de la campiña de Briones.

 En el tercer cruce destacado se reencuentra con el camino señalado con postes que transitará ahora de retorno al pueblo hasta encontrarse, a mano derecha, una senda con cruces ladera arriba hasta finalizar el viacrucis y llegar a la pequeña Ermita del Calvario, construcción reciente cuyo origen estará en las ruinas cercanas o en la conocida como Ermita de San Bartolomé, “el viajero” se siente atraído por esta edificación de aspecto sólido, vetusta, semiexcavada, que ha perdido el sotechado de la parte construida y de la que él no encuentra información relevante, mas reconoce que por algo de dejadez o quizás de romanticismo prefiere sentirla como intemporal y sumida en la duda… Se fija que las máquinas excavadoras han llegado a sus inmediaciones… ¿Van a dignificar, pues el lugar se lo merece, la Ermita de San Bartolomé…? 

Regresa sobres sus pasos y reza, mientras llega a Briones, su propio viacrucis en estos paisajes que le enamoran, vuelven a su cabeza cuando ya está  acabando el recorrido, las nubes sombrías que se ciernen sobre ellos: ha disminuido de manera llamativa la rica diversidad de cultivos que existían en favor, casi en exclusiva, de los viñedos; abandonado un número destacado de casillas de huerta, algunas hasta la ruina, y acondicionado otras con criterios alejados de la arquitectura popular tradicional o del buen gusto; descuidado incomprensiblemente las ermitas que amparan esta agradable campiña humanizada; desistido en el arreglo y mantenimiento de las tapias, muros y regaderas o acostumbrado a la existencia frecuente de pequeños vertederos incontrolados, verrugas en ribazos y riberas que afean rincones señalados de estos serenos y equilibrados espacios; o que decir de la detestable instalación de tendidos eléctricos, que sin miramientos, salvo el interés y beneficio de las “Eléctricas” (¿Cuándo pagarán ellas a los ciudadanos esta “deuda pendiente” tan cacareada por gobiernos y empresas, que arañan de norte a sur y de este a oeste el país?) causan heridas profundas que seccionan la visión limpia e integra de los paisajes… en fin un conjunto de actuaciones que ponen de manifiesto, más allá de los pronunciamientos a bombo y platillo o de la entusiasta promoción, no exenta de precipitación y polémica, de la candidatura a Patrimonio de la Humanidad de los Paisajes del Vino de Rioja, el valor real que para la mayor parte de los riojanos tienen nuestros bellos y valiosos paisajes.


Con la entrada en Briones debería haber finalizado “el viajero” su viacrucis, pero le resulta imposible olvidar los buenos “tragos” vividos con sus amigos en una de las  pequeñas bodegas familiares, habrá cerca del centenar, excavadas en el desplome de Briones hacía el Ebro y con las más hermosas vistas que imaginar se pueda… Y se pone su “cilicio mental” y recorre una de estas calles colgadas sobre el río, un rosario de cuevas que descienden para buscar la frescura y se compartimentan y organizan para fermentar y serenar los particulares caldos riojanos. Una gran parte de ellas camino de la ruina o en ella… ¿No se piensa acometer nunca la recuperación integral de este impresionante y comprometido conjunto de bodegas excavadas? ¡Por Dios…! Sé que me repito ¿A qué nos referimos cuando hablamos de los Paisajes del Vino…? Apoyo la iniciativa  de la candidatura sin reservas, pero también sin componendas.

Sigue en el mapa el recorrido que ha hecho "el viajero"









sábado, 24 de mayo de 2014

Isasa, un jardín de montaña en Rioja Baja




Peña Isasa, muchos la ven y pocos la pasan”, así rezaba el refrán, presto en la boca de los paisanos, al aludir a esta montaña tan presente, junto al más lejano Moncayo, en los paisajes y el sentir popular de las comarcas del Cidacos, Alhama y Linares.  Siempre estuvo este pico, un poco solitario y apartado, envuelto en las nieblas intemporales de las leyendas, impregnado de  misterio e incertidumbre, no en vano aparecen en ellas personajes que se prestan a ello, como el “Forzudo Sansón”, responsable de la presencia en la cumbre de las rocas ciclópeas que la forman, la “Reina Isasa” y su hermana “Gatún” que modelaron a fuerza de celos y magia la morfología pétrea de este territorio,… incluso había quien situaba en sus proximidades “…una de las puertas del infierno”, acaso pensáis que el hecho de brotar en su entorno las aguas ardientes de Arnedillo o las sulfurosas (huelen a azufre, a huevos podridos…) de Grávalos o la Pazana, respondían a otra cosa… que la cercanía del averno ¿Para qué iban a pasar por allí…? 

En la actualidad este rincón montañoso, pastoreado, desforestado y reforestado posteriormente, con numerosas pistas forestales y cortafuegos, viejos caminos medio perdidos,  sendas, veredas y trochas apenas transitadas, casi en exclusiva por el ganado o la  fauna salvaje,… que no goza de protección suficiente, la que debieran garantizarle los gestores del territorio, ni tampoco del respeto y cuidado de los usuarios que la disfrutan, guarda, sin embargo un buen número de valores naturales, geológicos, etnográficos o paisajísticos que “el viajero” tiene ganas de recorrer hoy con vosotros.

El conoce Peña Isasa en casi todas sus versiones, pues desde Villarroya, Ítaca para “el viajero”, la tiene siempre presente y sus reiteradas ascensiones, que mantienen a punto su estado físico, le han permitido descubrir sus encantos. Por ello ha partido de esta población con la esperanza de encontrar, en el camino elegido esta mañana, las imágenes de voluptuosos jardines enrocados que permanecían idealizados en su retina y  hacía ya algunos lustros que no veía florecer en su esplendor, debido bien a las insistentes sequias  sucesivas o las excesivas lluvias del último año. Ha dejado atrás el empalme de la LR-123 y tomado la LR-487 que lleva a Muro de Aguas, no ha transitado todavía un kilómetro por ella y toma ya una pista descarnada que nace en un recodo desdoblado de la carretera. Comienza a subir por ella en silencio, este repecho justo al comienzo, siempre se le atraganta, más la profusa floración de tomillos entremezclados con falsos junquillos (aphylantes monspeliensis), sus pequeñas flores azuladas dulces y comestibles, ligeramente cerradas todavía, dan un aspecto jaspeado, con tonos blanquecinos y verdeazulados, al suelo pedregoso, hacen más distraída la cuesta arriba y le permiten acrecentar su confianza, “el caminante” espera encontrar hoy aquellos preciosos rincones que recuerda ajardinados con la anarquía propia de la natura. Una sucesión de pronunciados repechos ondulan la bella panorámica que debe recorrer, en ella la senda se dibuja con intermitente nitidez hasta llegar a Peña Isasa, y se aprecia cómo, la misma, discurre próxima a los precipicios que se descuelgan, abruptos en ocasiones, hasta el Valle de Turruncún, por el que fluye (dependerá del capricho de la meteorología) el Arroyo de la Mina (fueron varias las minas de carbón explotadas entre Turruncún y Villarroya). 

Los gamones (asphodelus albus) sobresalen ahora de los tomillos y los primeros piornos azules (erinacea anthylus), conocidos también como “cojín de monja” o “asiento de suegra”, puedes imaginarte el porqué de su nombre popular… Estas liliáceas envaradas cuyas flores blancas resultan muy atractivas, pura golosina, para los abejorros y en especial para el mayor de ellos, el abejorro carpintero (xylocopa violacea), dardos de color azabache que las asaetaban con glotona delicadeza. Camina ahora ya ligero en el rellano,  por un jardín abierto y montaraz, para adentrarse enseguida en el término de Navalillo donde llaman su atención los esponjados almohadillones, amarillos y pinchudos, de las genistas (genista mugronensis) salpicados con los erizones de piornos azules, que se prodigan en el borde del camino, ascienden laderas arriba y tapizan el suelo bajo los pinos de repoblación, un sugestivo festín de formas y colores…


Ha llegado a un collado poco definido, sin bautizar, donde el amplio camino que traía comienza su descenso, allí, toma una senda que sube en dirección noroeste al encuentro de los cortados rocosos a los que se asoma con frecuencia “el viajero” y se recrea con las sorprendentes estampas que se disfrutan desde esos privilegiados miradores, adornados de manera magistral por la arbitraria primavera. La visión que tiene ahora de Peña Isasa es, probablemente, su más bello perfil y hoy tiene su mejor momento, el que desearía como foto de presentación... Mas, también reclaman su atención, como siempre que llega hasta allí, la franja de terreno que desde el pie de los farallones calizos, donde residen los buitres leonados, el búho real, el halcón peregrino, el cernícalo común, el roquero solitario, los aviones roqueros o el culirroyo entre otros, a la par que una particular comunidad botánica, una pedriza suelta, de canto menudo, que desciende hasta los pinares, un espacio ocupado, como lunares sin orden, por pudios (rhamnus alpinus) y guillomos(amelanchier ovalis), y donde es frecuente sorprender, desde las alturas discretas, a corzos, jabalís o zorros sesteando a la sombra en días de calor o en la piedra caliente por el sol, los de frio… 

Ha tomado resuello “el caminante” antes de enfrentar el último repecho exigente que le queda hasta la cumbre, un cuarto de hora de pasos cortos y mirada al suelo,… puede que ahora encuentre algún anmonite, terebrátula o rinchonella, habitantes marinos de hace 120 millones de años,… fosilizados y frecuentes en este paseo… Con la respiración entrecortada,… y apenas sin darse cuenta, ha llegado al Alto de la Cabezuela (1.403 m.). Otra pequeña parada y un nuevo respiro, la panorámica y él se lo merecen,…

Enseguida prosigue la ruta, le quedan tan solo diez minutos de subida, menos fatigosa que la resuelta, para tocar el poste geodésico de Peña Isasa (1.472 m.), el centro y cúspide de este hermoso jardín de montaña que hemos recorrido, un jardín sin amaestrar, donde las ciclópeas calizas cortadas a cuchillo comparten protagonismo con los piornos azules o el amarillo intenso de las genistas, donde los pudios con sus hojas recién brotadas y los níveos guillomos en flor hacen de teloneros y algunos tejos (taxus baccata), protagonistas verdes durante el invierno, pasan ahora a ser tramoyistas de este espectacular escenario ajardinado… Se toma ahora su tiempo “el viajero” y se pierde en el enigmático laberinto rocoso que resulta la cumbre de Peña Isasa y descubre los cientos de pequeños jardines diseñados por la natura en cada hueco de tierra que encuentra libre, en cada agujero de la roca donde germinó su ingenio o allí donde solo la magia que encierra esta bella montaña hace florecer a las delicadas  espuelillas (chaenorhinum origanifolium)… ¡¡¡Qué buena la preparó El Forzudo Sansón” cuando lanzó aquella peña desde Andosilla…!!!

Adéntrate en este paisaje ajardinado, consulta el mapa y la ruta que siguió "el viajero" para disfrutar de él...


  Algunos protagonistas de este bello paisaje: