sábado, 8 de diciembre de 2012

La fiebre de las setas de oro

 
 
 
 

 
 
 

Con el otoño han llegado las lluvias, unas temperaturas agradables las han acompañado  y el frío, haciendo caso al refrán "por San Andrés la nieve en los pies", no ha querido ser protagonista de la estación.
¡¡¡Por fin!!!... ¡Un otoño normal!
 

Y como era de suponer una procesión de gente con la cesta en una mano, los más curiosos, otros muchos con bolsas grandes del supermercado, y en la otra mano la navaja bien afilada,... se ha de utilizar con rapidez y corte limpio, pues hay mucha competencia y no se puede perder tiempo,... hemos salido a  recorrer todos los generosos y variados paisajes de nuestra geografía, recolectando...o acaparando este manjar de dioses, no solo ya de cesares,... en que hemos convertido a las setas.
 


Nuestro paso por los diferentes espacios naturales que transitamos en búsqueda de los preciados tesoros, me refiero a las setas estrella comestibles por supuesto, lejos de ser sensible y respetuoso con el paisaje y los elementos que lo componen, vivos o inertes, suele estar imbuida de prepotencia e ignorancia, que son compañeros habituales, y no nos duelen prendas en cortar, arrancar o pisar todo aquello que  se interponga o frene nuestro propósito acaparador de los hongos o setas objeto de nuestra atención. Nada diferente a lo que hacen los poderes económicos, políticos, religiosos,... con las personas... Nosotros ejercemos el poder frente a una naturaleza que se nos muestra paciente, muy acogedora, que ofrece su imagen más atractiva y sensual,... y además apetitosa.
 
 
 
 
 Así constatamos con tristeza, en ocasiones con irritación, como, en el afán de sustraer la mayor cantidad de setas y con más rapidez (...el tiempo es oro y evita que otro se adelante), no se duda en levantar los mantillos de turbas y hojarasca, creados en años, en grandes extensiones e incluso con medios mecánicos, en lugar de hacerlo con mimo y cuidado, con las manos, para no dañar los micelios y el microecosistema que los contiene, y procurando reponerlo en la medida de lo posible... No,...no para evitar que otro sepa que allí hemos recolectado algún ejemplar de seta, sino porque se lo debemos al paisaje, a la naturaleza, a las siguientes generaciones.

 


Con frecuencia nos encontramos ejemplares de la preciosa, y muy sabrosa, Amanita rubescens arrancada o pisada, por confundirla con la igualmente preciosa y muy toxica, Amanita pantherina... Lo mismo ocurre con muchas de las setas que embellecen los bosques, sotos o praderas,... algunas acaban cortadas  por error o curiosidad y arrojadas después por desconocimiento o rabia de no encontrar la seta que motivó la búsqueda,... otras muchas pateadas o aplastadas con desden por no pertenecer al selecto "grupo de las nominadas" por los gourmets o las modas...

Dejamos los paisajes desolados cuando se corre la voz "están saliendo setas", enseguida, publicaciones, programas de radio y televisión se hacen eco de la noticia,  la "Fiebre de las setas de oro" se instala y extiende como la gripe, y me río yo de la gripe... Somos incorregibles, mejor imperdonables, nunca vamos a entender que el equilibrio es necesario,... que todos podemos disfrutar de todo,... que la naturaleza no es  rencorosa, y sí poderosa, una y otra vez renace de los desastres que le infringimos y nos sigue regalando sus mejores frutos y energías,... Pero la naturaleza no es infinita, si no la respetamos... se agotara.

 


Las setas y los hongos son las joyas que utilizan los paisajes para días especiales, momentos del calendario natural que resultan mágicos, en los que confluyen circunstancias muy diversas y se activan claves que no resultan fáciles de descifrar, aunque  parámetros como la temperatura y la humedad siempre deban acudir a la cita... He tenido la suerte de contar con muy buenos padrinos para acudir a estos encuentros, con ellos he conocido la magia de la micología, el buen hacer de los orfebres y joyeros naturales, el  gusto duende  de los  estilistas emboscados, el diseño matemático de los sabios ocultos en sus madrigueras,... que hacen posible tanta perfección y tanta diversidad.

 


Gracias amigos. Gracias  por enseñarme a recolectar  y no  a sustraer setas,... a ver a través del objetivo de la cámara fotográfica tanta belleza, tan efímera y susceptible de ser destruida,... a conocer otros misterios y secretos de la naturaleza que me permiten admirarla todavía más.
 
 

 

En la próxima campaña de la "Fiebre de las setas de oro" recordad que además de la cesta y la navaja podéis añadir a vuestro taleguillo, papel y lapices de colores o una pequeña cámara fotográfica,... si, almuerzo también,... incluso una lupa, sentiréis que un nuevo mundo micológico está esperando ser descubierto.
 
No os importe recolectar menos setas, hay suficientes para todos,... no pretendáis acaparar sino disfrutar,... descubrir y conocer resulta un manjar delicioso...
 
No podemos hacer, también de esto,  un pemanente negocio,  una competición por ver quien sustrae más de la generosa naturaleza...
 
Las setas y los hongos, como otras muchas cosas, si no las disfrutamos de forma sostenible desaparecerán.  
 
 
 

lunes, 26 de noviembre de 2012

La ronda del Ighil Mgoun

 

Un viaje en el tiempo

 
 
           Canción bereber al finalizar la jornada
 
 
Ha pasado más de un mes desde que regresamos del sorprendente sur de Marruecos,... y era necesario dejar madurar tantas sensaciones experimentadas en el contacto con este territorio y sus gentes, afianzar infinidad de imágenes irrepetibles y retenidas solo en la memoria, responderse gran cantidad de preguntas que surgieron en el viaje y allí no  pudimos resolver... Por ello, ahora que el calentón, propio del regreso, se ha templado, he recopilado nueva e interesante información que enriquece el bagaje que  llego en la mochila, y los archivos fotográficos almacenados en el disco duro me refrescan aquellas que se escondían ya en los pliegues cerebrales,.. es el momento de invitaros a conocer este rincón de la Cordillera del Atlas, desde el punto de vista  de un viajero agradecido, que sabe que el aprendizaje no terminará nunca y estos días han sido muy fecundos.
  

Recorrer los aislados valles de Tessaout, Oulilint, Mgoun y el bajo Dades, nos ha permitido hacer un viaje hacia tras en el tiempo del desarrollo técnico del hombre, hasta tal punto, que en muchos momentos de este singular y exigente itinerario, solo  reseñados detalles en el paisaje, alguna antena parabólica o placa solar en las techumbres de las pequeñas poblaciones que atravesamos, y a las que todavía no habían llegado los tendidos eléctricos ni el agua corriente, nos recordaban que estábamos en el siglo XXI.

 
 
 
Una feraz agricultura limitada al fondo de los profundos valles, que aprovechaba las ricas tierras de alubión depositadas por los ríos embravecidos que se precipitaban de las impresionantes cumbres del Ighil Mgoun, y anclada en las hoces, el arado y la mula o el burro y el trillo, nos revertían a tiempos pasados.
 
También sus rebaños trashumantes de ovejas, cabras y dromedarios, que encuentran en estos valles altos las hierbas, arbustos y matorrales que solo ellos, adaptados a estos terrenos, son capaces de pastar y ramonear, nos hacían pensar en aquellos grandes rebaños de ovejas merinas que transitaban la Península Ibérica, por la red de cañadas sabiamente trazada, siguiendo el ritmo estacional y la riqueza de pastos en sierras y dehesas.
 
 


 


 
Estos días también hemos retrocedido durante el viaje en el discurso del pensamiento humano. Nuestra ideología occidental, ecléctica, acomodada, prepotente... y en crisis, contrastaba con el cerrado vitalismo de las mujeres y hombres bereberes de estos valles altos del Atlas, reforzados por una filosofía de supervivencia frente a una naturaleza dura y hostil, a la vez que generosa y fértil; un imperativo patriarcado, que organiza, manda,... y tiempo atrás, iba a la guerra; y una particular religiosidad, que les condiciona, pero no asfixia.
 
 


Hemos compartido con ellos, en la medida de lo posible, pues nunca dejamos de ser turistas, extraños que están de paso, interesantes conversaciones de trabajosa comprensión e interpretación, y que solo hemos podido descifrar tras superar los babeles idiomáticos (castellano, bereber, francés e inglés) y las solidas e interesadas murallas levantadas por la tradición y los fundamentalismos.
 
Finalmente el recorrido nos permitió disfrutar de un colorista abanico de paisajes , algunos todavía muy humanizados, que nos invitaban permanentemente a retroceder en el tiempo, paisajes vivos que contaban historias como únicamente  lo saben hacer  los paisajes...  Historias que traían a nuestras cabezas territorios de la Península cuyos relatos, escritos tiempos atrás, nos los recordaban: los cultivos aterrazados en el entorno de todas las poblaciones; las laderas pendientes e infinitas salpicadas de sabinas centenarias, ramoneadas y recortadas sin tregua para satisfacer las necesidades de los pobladores; la utilización como únicos materiales constructivos de la piedra del terreno, el barro con paja, la madera de nogal y la sabina (el jenjibre bereber)...
 
 
 
 
 
Otros paisajes, por contra, resultaron casi salvajes, nos sentimos a merced de aquella naturaleza poderosa: el increíble Oumsoud con sus 4.068 m., sus picos acompañantes y los apabullantes circos glaciares que se desplomaban, hasta perderse la vista, por las laderas norte, o el descenso menos abrupto del Macizo del Mgoum por el sur, en busca del desierto del Sahara; la interminable bajada hacia la llanada de Oulilimt y su infinita travesía; las paredes calcáreas de hasta 400 m. de altura de las Gorges de Achabou y sus apenas 2 m. de anchura en algunos de sus tramos, horas caminando mojados por su cauce,... a merced de su voluntad, a merced de los paisajes,  en todos los casos.
 
 
 




Esta era la realidad, los paisajes podían resultar apabullantes, inaccesibles, caprichosos o condescendientes, y los días que estuvimos en aquellos entornos privilegiados y pudimos acceder a sus encantos y disfrutarlos, fuimos muy afortunados. Si a todo esto, le añadimos el buen ambiente que reino entre los componentes del grupo: Ibrahim, Mohamed, otro Mohamed, Aisa, Hamed, Jose, Mercedes, Fer, MªAngeles y Carlos.
¿Que más le podía pedir al viaje, un pastor de paisajes?
 
¡¡¡Gracias Ighil Mgoun!!!
 
¡¡¡Gracias compañeros de viaje!!!
 
 
En la próxima entrada titulada:

La Ronda del Ighil Mgoun

El Valle de Tessaout

Recorreremos este territorio en el mismo sentido que  nosotros lo hicimos. Hasta pronto.
 
 
 
 


 
 
   

martes, 9 de octubre de 2012

Un bosque con duendes en el Barranco Cobarajas


Recorrido el día 21 de Septiembre de 2.012




Sin prisas, con conversación fluida, pues el ascenso es constante pero bien dosificado,  fuimos dejando atrás el entorno de Villavelayo (950 m.) y nos adentramos laderas arribas por el Barranco Cobarajas, teníamos como fin subir al pico Cabezo Herrera (2.002 m.), y si para bien han sido muchas las sorpresas que este recorrido nos ha deparado, una de ellas perdura en mi  cabeza con más fuerza que las demás y coincide esta fijación con la de otros amigos que ese día estuvimos juntos en ese paisaje lleno de magia.

Al comienzo las praderas agostadas (... amayadas, ajuniadas, ajuliadas,...), salpicadas de robles de porte adusto, fresnos, arces (...) espinos albares,...forman un panorama adehesado que quiere vestir ya galas otoñales, mas la perseverante sequía afincada en este territorio en los últimos años  impide a los protagonistas, los árboles, mostrar su rica gama de colores encendidos, provocadores, brillantes que estimulan los sentidos e invitan a disfrutar de los misterios y fantasías ancestrales que los bosques encierran. Se presentan, los árboles, ante nosotros mustios, deshojados, bajos de tono,... y sin la banda sonora que en estas fechas suele ser fiel a su cita, la berrea de los ciervos, lugareños, pastores y forestales refieren las calamidades que están padeciendo la fauna en general y los grandes mamíferos en particular, a causa de la sequía. Al paisaje se le nota triste, carente de vitalidad, que se adapta a duras penas al evidente cambio de clima.






Nos adentramos en el bosque en busca de  frescura, pero los pies no transitaban por una alfombra  tierna que acallaba nuestros pasos, no dejaban huella de su tránsito,... demasiadas hojas tapizaban ya el suelo y se quejaban, crepitando su ruptura, de nuestro transito; los arroyos  fluían escondidos y sin convicción, el agua se dejo ver de forma discreta cuando la ascensión  nos hacía  ya respirar jadeantes y el aire  resecaba las gargantas.

Y fue entonces, cuando los duendes decidieron guiar nuestros pasos y las miradas. Se prestaron a enseñarnos uno de esos rincones que reservan para sus andanzas y la magia.

Nos percatamos de la presencia entre los robles de una silueta  sombría y aspecto robusto que requería nuestra  atención, no hicimos oídos sordos a su llamada. Era un acebo centenario el que nos invitaba a recostarnos a tres de nosotros a la vez en la braceada tronquera, reposar las espaldas en su fornida constitución era recibir un calambre de energía silenciosa que reconfortaba el cuerpo... y hasta el alma !!!






Su presencia nos inspiraba confianza e invitaba a pasear las manos por su fina, nodulosa y redondeada corteza, creo que en el fondo buscábamos arrancar con nuestras caricias sus    favores, sentir que formamos  por un rato   parte de su fuerza, de su longeva sabiduría vegetal. Él se deja querer y se siente, también hasta el fondo de sus raíces, alagado con el calor de nuestros cuerpos, los mimos han roto  por un instante la querida y sedente soledad de su centenaria existencia.





Comprendí entonces las palabras de Joaquín Araújo en su libro La sonata del bosque, cuando contaba:
" Los árboles sueñan sobre todo en tendernos amables emboscadas para que acabemos siendo emboscados. Por eso, algún día se despertarán y se encontraran con la mirada, al fin fraternal, de los humanos. "

Sentados y relajados nos dimos cuenta que aquel abuelísimo de los acebos no estaba solo, en el espesor del robledal comenzaron  a dibujarse nuevas siluetas y formas escultóricas que recuerdan a Botero se exponen de manera permanente en esta  galería natural. Nos vamos desplazando con asombro  de un ejemplar a otro de acebo y no podemos evitar acariciar sus lomos vegetales, rozar sus redondeces y sentimos que se ha establecido una indescriptible comunicación que solo  puede explicarse por la magia que encierran los bosques.





Proseguimos la ruta en busca de la cumbre del Cabezo Herrera con la sensación de haber sido agraciados con la suerte de los duendes del Bosque de Cobarajas y con la sensación de que en los Barrancos del Reato o la Capellania, en el Vallejo los Lobos,... nos encontraremos otra vez con los caprichosos duendes del bosque

viernes, 5 de octubre de 2012

Otoño


El Vallejo de los Lobos, subiendo al Cabezo Herrera.

El 21 de Septiembre de 2'012

 








jueves, 4 de octubre de 2012

Tomates de hoja vuelta en la Huerta de Alfredo





Hacía tiempo que nos  hablaba de la huerta, de los devaneos y trajines que a su hermano y a él les suponía satisfacer los requerimientos de la misma,...y como su traslado laboral a la urbe se lo ponía todavía más difícil... Pero lo cierto es que se le ilumina la cara cuando nos cuenta como mima  cada año el vivero de esos tomates que siempre se habían plantado en las huertas de Briones, los Tomates de hoja vuelta, para lo cual elige cada verano los dos mejores frutos de sus tomateras y los deja madurar para seleccionar sus semillas; preparan la tierra de la huerta para acoger  las plantas, todavía muy tiernas, seleccionadas entre aquellas que mejor han soportado los rigores del invierno; mantienen lleno de agua el discreto estanque que les permitirá mitigar la sed de los frutales, un pequeño numero de  cepas de capricho, algunas hortalizas,... y sus Tomates de hoja vuelta... 


          


Nos cuenta Alfredo con pasión,... pues su habitual serenidad se enciende cuando se tocan determinados temas y hablar de Briones es uno de ellos,... como años atrás el entorno del pueblo estaba rodeado de pequeños huertos donde lechugas, puerros y tomates eran los  productos más demandados y prueba de esta actividad, casi febril, son las numerosas casillas de huerta que todavía se ven en las proximidades, algunas en muy buen estado de conservación. Las viñas se laboraban entonces en terrenos más alejados  del Río Ebro.




No es un hortelano al uso, su vida no gira entorno a la huerta, ni mucho menos, pero le gusta el contacto con la tierra y a través de ella  acercar y disfrutar un poco más con la gente, no perderá ocasión para paladear un sabroso tomate acompañado de un bien elegido vino en su  bodega siempre abierta, un entrañable mirador sobre el meandro del Ebro. La conversación fluida, animosa, comprometida,... está asegurada.



Han comprobado, con buenos resultados, que a las tomateras de los Tomates de hoja vuelta  es mejor dejarles solo una guía, obteniendo con ello menos frutos, pero más grandes, de carne jugosa y con pocas pepitas, piel muy fina  y un punto de acidez agradable... ¿Qué más se les puede pedir? ¿Por qué se ha perdido, en la practica, esta excelente variedad de tomate?... Los mercados nos llevan donde les da gana,... y perdemos en el camino a tantas buenas personas,... tantas ideas creativas y llenas de posibilidades, tantas especies de animales y variedades de plantas que a buen seguro mañana echaremos en falta... 

 


El amigo Alfredo tiene la posibilidad de disfrutar amenudo de uno de los paisajes mas bellos y singulares de La Rioja, entendiendo como tal: no el espacio indicado por las divisiones legales y políticas, que tanto tienden a crear fronteras y a dividirnos, sino al territorio delimitado por la lógica geográfica y la naturaleza, que  posiblemente es menos rígido, más permeable y  propicio a la charla sosegada y fructífera, al brindis y al acuerdo,... que propicia el paseo amigable y el disfrute sensorial.

Este territorio nada tiene que envidar a la Toscana italiana, pero nosotros debemos creérnoslo y actuar en consecuencia: intervenir en él de forma sostenible, realzando y conservando sus muchos valores del pasado y generando otros para el futuro guiados por la creatividad,el buen gusto y la honestidad.

Iniciativas como la de Alfredo son tan necesarias en la actualidad, pues carecen por completo de  interés lucrativo y solo responden a un respeto convencido por los valores de la tierra, que solo podemos animarte a proseguir año tras año con tu vivero de Tomates de hoja vuelta.