jueves, 30 de abril de 2015

Naturaleza e historias de viejos afanes



Simbiosis peculiar en el Arroyo del Vallaroso


Hoy compañeros, 1 de Mayo, día del Trabajo, este paisaje es para vosotros… Disfrutadlo, pues como decía el naturalista Joaquín Araujo, en una columna periodística como esta, hay pocas cosas más democráticas que los paisajes. En ellos, todos formamos parte de la obra de arte que son y a la vez somos los artistas que la modelan,… y todavía no tenemos que pagar por ello… Pero todo es cuestión de tiempo y de que sigan mandando estos gobiernos neoliberales… 



Son las tierras cornaguesas, exceptuadas las pequeñas vegas, un territorio montaraz y abarrancado, austero como pocos, que siempre ha demandado arduos esfuerzos, mañas e ingenio para hacer posibles los terrenos cultivables y sacar provecho de los rebaños de ovejas chamaritas y cabras. Tierras agradecidas cuando allá las aguas del invierno son prodigas, como así ha ocurrido este año, entonces se produce en la incipiente primavera una milagrosa  transformación: los tonos grises, pardos y verdes agrisados, que han pincelado durante el invierno un sin número de lomas, las terrazas de cultivo y las que ya quedaron baldías, o las quebradas talladas por arroyos inconstantes, han cambiado la paleta cromática con la estación estrenada y se prodiga en colores vivos y dinámicos debido a la irrupción precipitada de infinidad de diminutos labios azulados de aliento fresco y caricia aterciopelada que rebrotan de manera profusa de las ramas del romero, o la pronta respuesta, pudiera parecer que por envidia de las anteriores, de otra nueva infinidad de boquitas, doradas ahora, que emergen compactas para ocultar los tallos con aguijones de las aulagas y cuyo soplo dulzón embriaga la pituitaria de los caminantes,  hace olvidar los olores acres de la materia orgánica en descomposición por las humedades hibernales y atrae a las abejas que recolectarán en las “calzas”(1) el polen de estas flores. Contribuyen con posterioridad a la riqueza colorista de estos paisajes la floración de los tomillos, las jaras o mil variedades diferentes de plantas, las geométricas esmeraldas cerealistas repartidas en ellos o las discretas flores arracimadas de las encinas…



Parte “el viajero” del camino que nace bajo el puente de San Martín, localizado en la carretera LR-283, km. 5, donde han dejado el coche una vez cruzado el Arroyo del Cañizal por la zona de cauce encementado y habilitada para ese fin, a pocos metros de donde unen sus aguas el Arroyo del Vallaroso y el Barranco de Muro. El camino de transito fácil se empina ligeramente en dirección noroeste y discurre acercándose o alejándose del arroyo de aguas cristalinas, que se mecen ahora en un meandro de gravas finas para luego recorrer, aguas arriba, con movimientos ondulantes y caricias voluptuosas un tramo de cantos rodados y losas relamidas. Aguas que han escapado rezongonas de los paredones calizos del  Vallaroso, valioso enclave ornitológico, que las encorsetaban; aguas que son en los rebalses el paraíso de los nerviosos grupos de bermejuelas, dardos plateados guardianes del remanso, los timoratos barbos de montaña, especialistas en sobrevivir a los duros estiajes o las cada vez más escasas lamprehuelas, pequeños peces alargados y finos, diminutas escamas, hábiles en el camuflaje y en la resistencia a contra corriente,…ranas, tritones, aclara aguas, ditiscos, libélulas o caballitos del diablo son algunos de los residentes más visibles en este ecosistema acuático…



Dejan atrás terrenos aterrazados antaño, pequeños espacios acondicionados para el cultivo de trigos, avenas y centenos, tierras que se retenían mediante ribazos reforzados con paredes construidas mediante la técnica conocida como “piedra seca”(2), con piedras planas que daban gran estabilidad al muro,… terrazas ocupadas mayoritariamente en la actualidad por romeros, aulagas y tomillos.



 Están en el hábitat idóneo para currucas rabilargas y tomilleras, tarabillas o las vistosas collalbas, una comunidad de pequeñas aves que podréis  encontrar aquí, si decidís visitar este recóndito rincón esta primavera, las tres especies de collalbas existentes en nuestro país: la collalba gris, la más habitual, y la elegante y estilizada collalba rubia, rara de ver pero frecuente en este paraje, utilizan las paredes de las terrazas para anidar; y la collalba negra está presente y anida en las oquedades de algunos de los conjuntos rocosos de las laderas. En el blog http://unpastordepaisajes.blogspot.com.es/ encontrará “la chavalería” las claves para identificarlas.



Van tomando altura sobre los dos valles irrigados por los arroyos antes mencionados y en la visión panorámica resulta evidente la práctica desaparición de las tierras cultivadas, que únicamente se mantienen en los lugares más fértiles y cercanos al agua, tienden a la conversión de las mismas en grandes parcelas, lo cual  conlleva  la eliminación de ribazos y la explanación de terrenos, y observan una cierta propensión a la plantación en ellas de frutales, reservando las fincas alejadas del regadío para almendreras u olivares. De igual manera aprecian “el viajero” y su acompañante el gran número de corrales diseminados en el paisaje, testimonios mudos de la intensa actividad ganadera (lanar y caprina) que se desarrolló en estos términos, cuando, a día de hoy, resulta casi sorprendente encontrarse con un rebaño. Las abandonas majadas, camino de la ruina, nos detallan nostálgicas pero elocuentes, los afanes de los lugareños para levantarlas en los lugares idóneos, con los materiales que proporcionaba el terreno y con las técnicas apropiadas: “piedra seca” en unos lugares, “mampostería” en otros, techumbres de una vertiente, teja árabe…



Obvian ahora un cruce del camino  que toma dirección norte para remontar el Barranco de Muro y prosiguen por el que se adentra por las laderas altas del Vallaroso, transcurrido un breve espacio de tiempo sale a su encuentro un nuevo corral, tiene una almendrera cuidada en sus inmediaciones y fue probablemente el último del entorno en utilizarse,… y ha sido “la acompañante”, avezada observadora de la arquitectura popular, quien advierte la existencia de una construcción, en las proximidades, plana, circular y de ocho a diez metros de diámetro que había pasado desapercibida para “el viajero”, descubren que bajo la cubierta de hierba hay una antigua “era de trilla” (3) en excelente estado de conservación.






 En la superficie aparece una losa central redonda de la que irradian otras muchas de manera ordenada y que dibujan un gran sol enlosado medio oculto bajo la hierba. La factura de la era es magnífica, sirva como detalle, las losas clavadas en vertical que rodean la superficie de trilla, con el fin de evitar la pérdida de parva con el transito circular de las caballerías con el trillo. Por otra parte su ubicación en aquella loma facilitaba la tarea de aventar (4)  la mies trillada, pues el viento estaba prácticamente garantizado… Mas no acaban allí las sorpresas, desde la misma era donde están, se percatan de la existencia ladera abajo, encima de la cárcava por donde fluye el Arroyo Vallaroso, de otra majada con su “era de trilla” a las espaldas, con parecida construcción y resistencia al paso del tiempo. 



Estas son las historias que todavía son capaces de contar estos paisajes, historias que hablan de los afanes que ocupaban a los lugareños para optimizar sus esfuerzos y los recursos disponibles, para arrancarles a estas tierras cicateras y rácanas, agarradas, los preciados granos de trigo, avena o centeno, para transformar los pastos en las carnes tersas y jugosas de sus corderos y cabritos. Tierras hermosas y bravas, dicharacheras y amenas para el paseo, el disfrute sensorial o detenerse a escuchar las historias que cuentan… Qué mejor homenaje se puede brindar hoy, 1 de Mayo, día del Trabajo, a los artífices y conservadores de estas increíbles obras de arte,  estos paisajes naturales y humanizados, a estas mujeres y hombres que lograron sacarle producción al territorio sin destruir su riqueza natural,… que escuchar sus historias, aprender de ellas y evitar que se pierdan.



Encuentran más adelante un tercer corral, en medio otra plantación de almendros, con la “era de trilla” cercana y en lugar bien aireado. En esta los romeros y aulagas impiden describir su dibujo enlosado. Se acercan por una senda menor que desciende hasta el río a otro corral encastillado sobre él, observan ensimismados y con discreción, desde aquel mirador excepcional, a tres corzos que beben y retozan ajenos a nuestra presencia o la grácil, mas poderosa, silueta recortada en la pared caliza de la rapaz cazadora, ella no pierde detalle… Vuelven sobre sus pasos, sin bajar al arroyo a refrescarse o retornar por él al Puente de San Martín, al camino principal que continua pleno de estímulos y alicientes… Animad ahora a “la chavalería” a descubrir entre la infinidad de romeros en flor, dos curiosos ejemplares blancos que destacan en el azul dominante. 



Notas aclaratorias:

(1)  “Calzas”: llaman así, en la Rioja baja y en muchos otros lugares, a las pequeñas bolas, de entre 5 y7 miligramos, de colores que van del blanco al amarillo intenso, que portan las abejas en sus patas traseras donde tiene dos adaptaciones para esa finalidad, a modo de cestas. Son el resultado de mezclar el polen recolectado con néctar y saliva que regurgitande su buche.  
(2)   "Pierdra seca": técnica constructiva basada en el uso de la piedra para construir sin argamasa, por asentamiento, apilando o equilibrio de las mismas. Se trata de obtener una estructura estable, que perdure en el tiempo y con una finalidad.Tiene sus origines en la revolución del Neolítico.
(3) "Era de trilla": espacio habitualmente circular, empedrado o enlosado, donde se extendía la mies, bien seca, para luego pasar sobre ella, dando vueltas durante horas, las caballerías con el trillo. Solían elevarse sobre un pequeño muro para salvar las escorrentías de la lluvia y se localizaban en pequeñas lomas o collados para facilitar la labor de aventar.
(4) "Aventar": separar por acción del viento la paja del grano después de la trilla.






 Sigue la ruta que han llevado "el viajero y "la acompañante" por este paisaje de las tierras cornaguesas.





 

sábado, 21 de marzo de 2015

El cierzo huele a miel


Moncayo apadrina desde la lejanía la belleza de este paisaje




Son marionetas en las manos caprichosas de la meteorología, la floración de los almendros dependerá de todos y cada uno de los fenómenos que propician la climatología de un territorio: precipitaciones que han empapado los suelos estoicos de las plantaciones, hielos lacerantes, nieblas envolventes o vientos lisonjeros que encaran al árbol desnudo y acarician traicioneros sus ramas maduras, las generosas en yemas florales, y movilizan así la sabia aletargada en las entrañas de los almendros… Resulta difícil prever unos días de vacaciones que te permitan coincidir y asistir a este asombroso espectáculo que cada año se representa en el agraciado Valle del Cidacos y algunos otros parajes próximos a él. Por ello, al no poder concretar de antemano las fechas propicias para acudir al evento y disfrutar del mismo, la semana pasada ha sido para el “viajero” un sin vivir de idas y venidas para encontrar estas apoteosis paisajísticas, la culminación floral de miles de almendros.
Arboles austeros y sufridos donde los haya, se permiten durante quince días, de manera escalonada y desigual, un derroche tan grande de energía vital que dotan a este territorio de una belleza sin parangón. Así pues, acarreo trípodes, máquinas fotográficas, acompañantes entusiastas, y la mente y los sentidos alerta en un nuevo intento, un año más,… una vez más,… de revalorizar estos paisajes riojabajeños, con un interés humano, natural y potencialmente económico todavía sin reconocer…



El domingo de madrugada se acercó a las laderas arnedanas de Gatún, desde Valdelavía, desplegado el espléndido mosaico de almendreras, viñas y olivares entre Arnedo y Quel, y los Pirineos nevados en el horizonte, constató que habían perdido la flor los almendros cercanos a la ribera, mientras los que le rodeaban, con las yemas reventonas, permanecían sin abrir… Un par de días más tarde, con temperaturas altas de primavera, subió “el viajero” a la Fuente del Prado de nuevo a las laderas de Gatún, esta vez entre Quel y  Autol, y la floración de los almendros estaba ya de bajón, las hojas lanceoladas comenzaban a tornar verdes sus ramas pasteleadas todavía en blancos y rosas… El jueves, último día antes del cambio que restituiría a los paisajes las sensaciones invernales, se acercó al entorno de Prejano, pues también allí, en las faldas de Peña Isasa y Peña Almonte que se descuelgan hacía el Cidacos, abundan las plantaciones de almendros entre los centenarios olivares, panorámicas sugestivas que tenían como telón de fondo los cortados bermellones de Herce y Santa Eulalia. Otra vez llegó tarde para plasmar en imágenes la singular belleza de unos paisajes en los que habían confluido los numerosos campos floridos de almendros, las luces envolventes del atardecer y la calidez de los tonos carmesís de las areniscas,… solo quedaban retazos del paño florido tejido un par de días antes… le vino entonces a la cabeza el verso inicial de un poema de Antonio Machado (1) en el que manifiesta  sus desvelos en pos de la belleza…


                           “Siempre fugitiva y siempre
                            cerca de mí…”




Fue ya el sábado pasado, con el cierzo instalado en los paisajes, cuando decidió volver a tentar la suerte y regresó al rincón que él había bautizado como “luna de almendros” en el municipio de Grávalos, allí, la floración efímera y tan supeditada a la climatología de estos árboles, suele ser más tardía y esto le daba pie a la confianza… Era el último intento, hasta el año que viene, de perseguir la inusitada perfección que encierran estos paisajes, e intentar mostrarla a través de las bellas imágenes que trataba de componer y de la búsqueda  y conjunción de las palabras idóneas y estimulantes que los describan…
A pasado un año desde el paseo que “el viajero” hizo desde esta población a la ensoñada Peña Redonda (2), para descender luego cansados físicamente y embriagados de sensaciones, y buscar la relajación en el recién inaugurado Balneario de Grávalos.   Partió de nuevo, el sábado pasado, del Lavadero  de Fonsorda y su balsa vivaracha y recoleta en dirección al anunciado Mirador de los Almendros, un camino que discurre en sus comienzos entre pequeñas huertas y algunas viñas de reciente plantación, y que deja pronto entrever que los almendros ocuparán poco a poco las laderas aterrazadas y los terrenos más pobres e improductivos. Pasó “el viajero” junto a un vertedero y le resultó inverosímil su permanencia en el tiempo, pues parece este  recorrido  un paseo apropiado para vecinos y visitantes, para los usuarios de las instalaciones termales, y no entiende pues, que no se hayan acometido actuaciones para dignificar esta infraestructura que tanto afea el tránsito por este apetecible camino… Y más aún tan implicados como aparentemente se les siente al Ayuntamiento y al Gobierno de La Rioja en el devenir del Balneario, pues, dicho por ellos, debería ser este un poderoso acicate en la regeneración del tejido social y económico de la comarca.




No dejan indiferentes las vistas desde el Mirador de los Almendros a quién goza de la fortuna de llegar allí, esta balconada habilitada cerca de los Corrales de la Costeruela (Hace pocos años y ya descuidada y bastante deteriorada… Qué poco cuesta gastar el dinero de los contribuyentes,… y luego nadie asume la responsabilidad de mantenerla…), un lugar accesible, muy aconsejable para el reposo y la contemplación de esta obra de arte laborada a partes iguales entre las sucesivas generaciones de gravaleños y una naturaleza privilegiada: la protectora Sierra de Yerga por el norte, coronada por los “gigantes tribraquiales” que fácilmente reconocería Don Quijote, enérgicos voceadores cuando sopla la cercera, y Moncayo, el vigoroso, peine de vientos y borrascas provenientes del sur, que apadrina orgulloso, desde  la lejanía, la belleza de este paisaje…
El día inseguro y frío exigía no demorarse más, descendió garboso “el viajero” hasta cruzar la Llasa de Valdeladrones, y comprobó como el cierzo, que galopaba sin riendas valle abajo, era goloso,  su aliento frío que le interpelaba con descaro olía a miel, robaba su perfume a las flores de los almendros, querenciosas de calor y calma (estímulos para la producción de néctar que atrae a las abejas para recolectarlo y aseguran así las flores su ligazón). No es el cierzo, ladrón, un buen aliado de los almendros...



Tomó una pista ancha hacia la derecha trazada en paralelo al barranco, dejó atrás una destacada corraliza medio arruinada, testigo en pie de la historia del territorio y se desvió por el primer camino a la izquierda que  subía en dirección norte hacia unos peñascales calizos que a media ladera tomaban relevancia en el paisaje, allí quería llegar “el viajero”. La subida la hizo hechizado por los muchos estímulos naturales y humanos que salían a su encuentro: una pareja de escribanos cerillos, de colores pardos, negros, grises y amarillos se dejaban ver en las copas de los almendros, aparecían desperdigados restos de cabañas y corrales, inquietas como siempre las currucas rabilargas jugaban a un escondite interminable entre los romeros ya plenamente floridos en los abrigados barranquillos que descienden de Yerga, la cara se relajaba fustigada (ahora está de moda) con pétalos blancos y sonrosados de las flores ya desnudas, por el cierzo goloso,… y en lo alto, sin perder detalle “la real”, la rapaz más poderosa de la Península Ibérica, es su territorio y casi nunca falta a la cita.



A la altura del primer conjunto rocoso se desvió a la derecha en busca de un promontorio, junto a unas redondeadas chaparras, que le permitió ser testigo de una excepcional visión: a sus pies, una “luna menguante de almendros” estaba apeada en aquel rincón privilegiado, mayoritarias salpicaduras de brillo anacarado dibujaban al capricho de la luz antojadiza e inconstante  de aquella mañana un arco lumínico impensable en el “valle almendrado” de Grávalos… La visión quiso rozar la belleza perfecta en algunos momentos,… breves instantes que son recuerdos eternos… Mas la perfección tampoco se alcanzó el sábado pasado, Moncayo permaneció oculto, no creo que por timidez, indiferente tras la nubarrada que lo coronaba.




Sereno, sentado “el viajero” en la abrigada atalaya,... recordó completos los versos dolidos del poeta: 

  

Siempre fugitiva y siempre
cerca de mí, en negro manto
mal cubierto el desdeñoso
gesto de tu rostro pálido.
No sé a dónde vas, ni dónde
tu virgen belleza tálamo
busca en la noche. No sé
qué sueños cierran tus parpados,
ni de quien haya entreabierto
tu lecho inhospitalario.
 Detén el paso belleza
esquiva, detén el paso.
Besar quisiera la amarga,
amarga flor de tus labios.


Y pensó, que quizás por la propia dificultad para alcanzar la belleza,  en cualquiera de sus manifestaciones, resulta su búsqueda tan atractiva y adictiva.  


Pequeños narcisos trompeteros que nacen entre las piedras calizas de las laderas... 


Notas aclaratorias:

(1)  “Poema XVI”: recogida en el libro publicado con el título Soledades (1899- 1907) por el poeta Antonio Machado

(2)   "Huele a miel entre Peña Redonda y el Balneario de Gravalos" Entrada del blog Un Pastor de Paisajes realizada el sabado, 1 de marzo de 2014











sábado, 28 de febrero de 2015

¿Carnaval helado o marea blanca… en el Cordal de Cebollera?



Sensaciones que “la Chavalería” no conoceráa través de la Tablet, el Smartphone,



A sabiendas de que calificarán de imprudente la propuesta que va a hacer hoy en la columna, “el viajero” no puede dejar pasar la oportunidad de invitar a “la chavalería” a disfrutar de la Alta montaña Ibérica, pues las copiosas nevadas que han cubierto nuestras sierras estos primeros días de febrero han dejado panoramas increíbles: atractivos paisajes que animan a gozar en ellos , bien con la práctica deportiva como con el paseo exigente, y de ellos con la contemplación sensual de las más bellas estampas invernales, así como de admirar las voluptuosas esculturas de nieve marmoleña, cinceladas por “cierzos” y “sorianos”, expuestas en las ilimitadas “galerías del arte de la montaña”, iluminadas de maneras tan especiales y ubicadas por encima de los 1.800 m. de altitud… No os dejéis convencer por las voces que en nombre de la prudencia y la sensatez destilan comodonería y, sin olvidarse de dichas actitudes, aventuraos a descubrir un mundo nuevo de sensaciones, imposibles de conocer por “la chavalería” a través de la Tablet, el Smartphone, la PlayStation o el ordenador,… un mundo que requiere esfuerzo físico  para sobreponerse al cansancio, abnegado sacrificio frente al frío y disciplina mental que, “a priori” aconsejará documentarse sobre el recorrido que vamos a acometer, “in situ" hará posible mantener el aplomo cuando aparezcan lo imprevistos inevitables, y “a posteriori” motivará el plasmar de alguna manera las experiencias acontecidas…






Entre la Mesa de Cebollera (2163 m.) y el Buey (2029 m.) discurre un cómodo cordal por encima de los mil novecientos metros de altitud, enlaza seis picos que superan todos ellos los dos mil metros, un espacio por el que menudean pastores, cazadores y montañeros, que encuentran en este transitado corredor entre La Rioja y Soria alicientes y estímulos apropiados a sus intereses o búsquedas. Uno de esos transeúntes habituales de esta cuerda montañosa es “el viajero” y ha accedido a la misma desde lugares muy diversos: a la Mesa de Cebollera, desde la Ermita de Lomos de Orio; Cebollera (2141 m.), desde el Puerto de Piqueras; Santocenario (2058 m.) o Telégrafo (2081 m.), desde La Blanca; Castillo de Vinuesa (2083 m.), desde Hoyos de Iregua y sobre todo desde el Puerto de Santa Inés, tras superar primero el Buey. Esta última opción es la más recomendable para acceder al Cordal de Cebollera en días como los presentes con mucha nieve acumulada, pues superar el fuerte desnivel inicial resulta relativamente asequible y en media hora coronas el pico del Buey, recuerda que entonces  estás ya  2.029 metros de altura y muchas  opciones por delante…





Así lo hizo “el viajero” y sus acompañantes la mañana del sábado pasado, con -2oC en el Punto de Nieve de Santa Inés, sin dejar de neviscar, con ventisca moderada y bastante animación de esquiadores en el único remonte existente o en la pista de iniciación. Ascendieron por el orillo los 850 metros que tiene la pista de  esquí, cuyo mantenimiento para la práctica de dicha actividad facilita ese tramo del recorrido. Superado el remonte, la huella que habían dejado en la nieve los practicantes del esquí de travesía y los caminantes con raquetas, el había apostado por los crampones, creía que el hielo iba a ser dominante y se equivocó, por ello les tocó bregar más y avanzar una quinta parte, hecho que no les impidió disfrutar de unos paisajes que, como se anunciaba al comienzo de la columna, estaban espectaculares, que animaban con cada paso a ir más allá, a internarse en este mundo entre fantasmal y fantástico, entre amenazador y cautivador,... gélido y ardiente a la vez…









No es recomendable aventurarse solo en estos grandes acontecimientos naturales, salvo si portas a la espalda un amplio bagaje de experiencias… y diría que ni aun así. Cuando ya vio “el viajero” y su inmejorable compañía el poste geodésico de este primer pico del cordal, se encontraban inmersos en un paraje aparentemente inhóspito, dominado por nieblas volubles y una cellisca que azotaba sin miramientos la nariz y la pequeña porción de rostro que quedaba al descubierto, pero también estaban ante un paisaje misterioso, parecía irreal, que incitaba a seguir hacia el pico siguiente,… a  averiguar quiénes eran  los personajes que allí comenzaban a tomar forma.







Llegados a este punto, con -6oC y una sensación térmica de -12oC debida al cierzo que sopla, habrá ya voces concienzudas que tacharan la propuesta de temeraria: animar a jóvenes y familias a plantearse estos retos, encasillados dentro de lo que llaman “actividades de riesgo”, y además hacer hincapié en la idoneidad de las mismas para “la chavalería” no obtendrá otro calificativo. Basarán sus argumentos en la necesidad de conocer la técnica y disponer de un equipamiento apropiado para afrontar el desafío… Seguro que les quieren vender sofisticados equipos y restringir esta fantástica práctica deportiva o el disfrute sensorial de estos espacios a unos pocos privilegiados… No habla “el viajero” de subir al Aneto (3404 m.) o al más cercano Pico Urbión (2228 m.) que estos días exigen, efectivamente técnica y equipamiento. En la actualidad le resultará fácil  al personal equiparse adecuadamente entre la abundante oferta existente en el mercado, es cuestión de espabilarse, buscar el articulo con la mejor relación calidad-precio-necesidad y poder gozar así del Cordal de Cebollera sin hacer un gran desembolso.






También dirán de la propuesta que es irresponsable y puede generar un gasto inasumible para el “erario público”… ¿A qué gasto se referirán…? ¿Al que se necesita para mantener abiertas y en óptimas condiciones las estaciones de esquí y sus accesos,… al necesario despliegue de agentes de tráfico, con sus equipos de control y asistencia, que garantice la seguridad de los desplazamientos,… o a los gastos que le suponen a la “sanidad pública” la infinidad de lesiones ocasionadas cada temporada por la práctica del esquí…? No. Supone “el viajero” que no, se referirán al gasto que ocasiona el rescate de “montañeros irresponsables” con equipos y personal especializado… Está claro, solo los que puedan pagarse el rescate podrán practicar estos mal llamados “deportes de riesgo”, los demás… ya se sabe “ajo y  agua”.







El pico del Buey se ha perdido en la niebla y la cellisca, se encuentran inmersos en un evento difícil de nominar y rodeados por sus protagonistas, los atormentados (con todas las connotaciones de la palabra) pinos negros disfrazados, vestidos con su piel nival, espectros dolidos que dirigen sus intencionadas miradas allí donde puedan escucharse mejor sus airadas proclamas, hacia donde soplan los vientos dominantes y que , o bien habían regresado de formar parte de la muy concurrida comparsa “Marea Blanca”, que el sábado pasado recorrió las calles de Logroño  en el desfile de carnaval, merecedora del premio a la mejor representación de los sentimientos populares, muy trabajada y sin apenas eco en los más relevantes medios de comunicación, o se disponían a partir y participar también con la “Marea Blanca” en la  manifestación que por la tarde, también en Logroño, junto a las demás “Mareas Ciudadanas” reclamarían, entre otras muchas reivindicaciones, una Sanidad Pública de calidad y para todos.







Tiranosaurios escarchados, viejas hadas del bosque con armiños dormidos a sus espaldas, duendes obtusos y desconfiados mimetizados con hielo y nieve, dragones plateados de la suerte junto a otros de múltiples cabezas iracundas que expelían fumarolas de nieve airada, trasgos y jorobados del norte, princesas congeladas y enanos de nieve que las guardan,… una inmensa comparsa de personajes airados y gesto amenazante… Un Carnaval de hielo y nieve, transgresor, irónico e irreverente hasta en las fechas (como el Carnaval tradicional de Enciso el más auténtico de La Rioja), ya en plena cuaresma… Una Marea blanca montaraz y fantástica que excitará los pensamientos de “la chavalería” y les permitirá recrear e inventar historias y personajes para su virtual mitología juvenil.








La montaña y el poco acierto que tuvo “el viajero” al optar por los crampones en lugar de las raquetas les pusieron en su sitio, regresaron cansados, con frío y pletóricos con la sensación de haber contemplado una exposición de luz y esculturas, en la ilimitada galería entre el Buey y el Castillo de Vinuesa, que nada tenía que envidiar a las que este fin de semana se podían ver en la Feria ARCOmadrid 2015… Y gratis. No hay nada más democrático que los paisajes… Por el momento.







El Cordal de Cebollera es un recorrido entre El Buey (2029 m.) y La Mesa de Cebollera (2163 m.), señalizado con el sombrado verde en el mapa:





El recorrido que pudo hacer "el viajero" el sabado pasado lo encontraras en el siguiente mapa: