sábado, 1 de marzo de 2014

Huele a miel entre Peña Redonda y el Balneario de Grávalos




En tierras riojanas la primera manifestación significativa que nos hace pensar que la primavera quiere hacer acto de presencia en sus paisajes, desperezarlos  de su atonía invernal y matizarlos con pinceladas propias y colores  elegidos de su rica y atrevida paleta, es la floración de los almendros en el Valle del Cidacos y en menor medida, aunque con rincones sin parangón,  del Linares y Alhama. La primavera pinta con manos diestras, sutiles,… valientes, en tonos blancos níveos y rosados estos paisajes con miles de almendros, cuando el invierno se resiste a marchar de los valles  y es todavía dueño y señor en las cumbres nevadas de Moncayo, incluso frecuente en Peña Isasa, dando lugar a estampas de gran belleza, propias de las pinturas Yamato-e Japonesas(1).
Hoy quiero que me acompañéis a un rincón increíble de la geografía riojabajeña, a medio camino entre el Cidacos y el Linares, próximo a la población de Grávalos, de ella parten varios caminos que nos acercan al entorno de “Peña Redonda”, una elevación caliza que destaca del archipiélago de pequeños islotes que sobresalen de la campiña aterrazada de almendros. Un espacio al abrigo de la Sierra de Yerga abrazado por sus estribaciones sureste y suroeste (con 1.101m. en su punto más elevado).



Acostumbra “el viajero”, elija el camino que elija, partir de la fuente, balsa, lavadero… de “Fonsorda”, construido hacia el 1.911, pues gustaban para hacer la colada  sus finas aguas, y recuperado recientemente. Las balsas que resultan por el desagüe del manantial se aprovechan para el riego y sus aguas limpias son el paraíso de culebras de agua, ranas, tritones, girinos, ditiscos,… o caballitos del diablo, reptiles, anfibios o insectos querenciosos de estas charcas en las que no han introducido, como en otras cercanas, carpas, especie que acaba por resultar nefasta, dado que su reproducción invasiva acaba transformando las aguas transparentes en lodazales sin apenas biodiversidad… A ellas acuden también aves y mamíferos en los periodos de estiaje. Toma el camino que discurre entre los cerros de “Las Peladas” y la  ”Costeruela” que conforman el “Barranco del Gollizo”, todos ellos nombres que te resultarán lógicos y entendibles cuando recorras el espacio, pero ninguno tanto como el termino al que acabas de llegar, “Tira del Canto”, pues las tierras trabajadas de las pequeñas fincas de almendros están sembradas de “cantos”, piedras menudas y planas, ya que las de mayor tamaño han sido separadas para levantar los ribazos. Parece imposible que en aquellas tierras sea viable algún cultivo. Sube ahora con “el caminante” a  una loma cercana pues vas a contemplar uno de los paisajes humanizados más bello que podéis encontrar al despertar la primavera: cientos de almendros en flor distribuidos en pequeños basales flanquean la senda en el término de las “Piezuelas”  en su ascenso hacia “Peña Redonda”




En este tramo del trayecto te verás envuelto en una atmosfera amable, cálida, que huele a miel y en la que te sentirás acogido; arrullado por el vuelo infatigable de las abejas, que liban, concienciadas de su responsabilidad, el generoso néctar de estos árboles de floración temprana, o por el canto encelado de las cogujadas, escribanos montesinos, pardillos,… y una miríada de pequeñas aves que tienen estos parajes como espacio de nidificación; acariciado por una cálida nieve aterciopelada de pétalos volados al peinar el viento las rizadas cabelleras canas de los almendros. Sigue el ritmo pausado que lleva “el caminante” cuando sube hacia el mirador privilegiado y podrás observar así las interesantes especies animales y vegetales, propias del roquedal calizo, que pueden aparecer a su paso; acompáñale y  te toparas también con corrales medio arruinados encaramados en los abrigos, testigos mudos pero comunicativos del destacado pasado ganadero del paisaje, guardaban en ellos ovejas chamaritas y cabras que pastaban y ramoneaban en aquellas laderas agrestes y propias de montaraces. Alguno de ello debiera ser indultado de la pena dictada de abandono y de su brazo ejecutor, el tiempo.




Y sin tiempo de asimilar tantas sensaciones, te enfrentas de nuevo al espectáculo de los almendros en flor, que son ya miles, con Moncayo nevado, desdibujado hoy tras una cierta neblina, que pone la nota de perfección a este paisaje difícil de olvidar. Gracias gravaleños por mantener productivas unas cuatrocientas hectáreas de almendreras, con los problemas que este cultivo acarrea y que lo han puesto en peligro de desaparecer en las últimas décadas, tendencia que parece empezar a cambiar… Alrededor de setenta mil almendros bien cuidados, longevos muchos de ellos, posibilitan hoy este panorama equilibrado y bello, que nos aporta serenidad, que nos invita a quedarnos pues tenemos la mente en paz. Aparcar por un momento su sentido crítico “el viajero” incluso aleja de su mente el decepcionante,… el desesperante Debate del Estado de la Nación… Qué lejos están los gobernantes de los ciudadanos… Siempre que llega hasta aquí se ensimisma ante la perfecta conjunción entre la naturaleza y la mano laboriosa  y experimentada de los agricultores… Si esto, no es una obra de arte digna del máximo respeto y protección, me cuesta saber que es el arte… Quizás debiera recordar las palabras de León Tolstoi “…Las grandes obras de arte no son grandes sino porque todos pueden comprenderlas perfectamente… Si un arte no alcanza a conmover a los hombres, no es porque los hombres carezcan de gusto o inteligencia, es porque el arte es malo o no es arte en absoluto”(2). Sí, está convencido  “el viajero” que este paisaje es una obra de arte y como tal se le debiera de tratar.




Acompaña “al caminante”, de vuelta a  Grávalos, ahora por los términos de “Pedregales” “Cabañuelas” o la “Palancona”, seguirás embriagado por intensas sensaciones táctiles, auditivas, olfativas y visuales, el gusto paladeará las almendras a posteriori. Regresarás al pueblo con la mente relajada, pero no físicamente, pues los kilómetros recorridos por este reiterado tobogán paisajístico aconsejarían la visita al Balneario de Grávalos que está a punto de abrir sus puertas. Rehabilitadas las nuevas instalaciones a partir del edificio del S. XIX, modernas y aparentemente acogedoras, pueden resultar un revulsivo económico y social para esta comarca, a desmano de los centros turísticos y productivos riojanos, que aplaude “el viajero” pues siempre reivindicó la necesidad de poner en valor los recursos que el medio rural tiene como medio para fijar la población y ser generador de riqueza, mediante un desarrollo sostenible, y estas apuestas responden perfectamente a ello. Más él, que conoce esta comarca como ninguna otra, pues están sus orígenes en el pueblo vecino de Villarroya, anima a los gestores del Balneario de Grávalos a ofrecer a sus usuarios, como complemento a sus servicios, los recursos naturales que tienen próximos: la excepcional conservación de las almendreras de Grávalos, el Carrascal de Villarroya, el encinar  más longevo de La Rioja o la Sierra de Yerga con vistas panorámicas tan singulares como la fuente del Piojo… Y se comprometan en su mejora y conservación. De igual manera considera “el viajero” esencial ganarse como clientes, por presentarles precios atractivos a los ciudadanos que residen o tienen su segunda vivienda en Grávalos o pueblos del entorno. Así como captar la atención de los senderistas y amantes de la bicicleta que recorren estos paisajes y ofrecerles de forma asequible los servicios del Balneario como colofón a su actividad deportiva en la naturaleza… Pues también conoce “el viajero” experiencias similares lejos de estas tierras,…  le viene a la cabeza las obras ostentosas entorno al Balneario de Panticosa, lugar con renombre en el turismo de montaña, para captar clientes de alto poder adquisitivo… Han resultado ruinosas antes de acabar. Está ilusionado “el viajero” con esta inauguración y ofrece sus reflexiones a quién desee ojearlas, ya que él está convencido en apoyar estas iniciativas si se gestionan desde la realidad del territorio donde se implantan.




… Pierde su mirada “el viajero” por los campos de almendros que empezaran a estar precioso los próximos días, su efímera floración apenas dura dos semanas,… mas no obviéis recorrer estos paisajes en cualquier otra época, no os van a defraudar.






Sigue la ruta en el mapa y descubre los diferentes rincones y términos de este paisaje gravaleño.



(1)  Pinturas Yamato-e: es un estilo de pintura japonesa inspirado en las obras pictóricas de la dinastía Tang y desarrollado a finales del periodo Heian. Es considerado como un estilo mundano, ya que esta basado en temas nativos provenientes de la literatura tradicional de dicha nación y caracterizado por el uso de matices fuertes.
Desde el período Muromachi(siglo XV), el término Yamato-e ha sido utilizado para distinguir las pinturas japonesas de las contemporáneas bajo el estilo chino Kara-e, las cuales fueron inspiradas por las pinturas en género zen de las dinastías Song y Yuan. Las obras pictóricas Yamato-e generalmente están acompañadas por textos que relatan narrativas y que muestran la belleza de la naturaleza por medio de representaciones de lugares famosos o meisho-e, y de las cuatro estaciones oshiki-e. Las imágenes no son simbólicas y tienen el objetivo de ilustrar la belleza de la naturaleza.
(2)   TOLSTOI, León, ¿Qué es el arte? (1898), Barcelona, Mascarón, 1982, p.90.





sábado, 15 de febrero de 2014

La Ermita de la Rosa nombra el paisaje




Hacía años que no subíamos a este oteadero propio de las rapaces del roquedal, la ermita, que permanece oculta a los ojos indiscretos en el rellano de la Peña de la Rosa, se me antoja vigilante, o quizás cotilla, del discurrir vital de la Sonsierra (calificadla si queréis, pues no entraré yo en el absurdo debate de territorios…). Tiempos atrás, su elegante y dulce virgen titular, desde el siglo XIV, reunía en su entorno a fervientes, y seguro que necesitados de fiesta, romeros  de las poblaciones de Samaniego, Peciña, Ribas de Tereso, Baños de Ebro, Villabuena y por supuesto Ábalos,  que en la actualidad son los incondicionales cuando llega el 8 de Septiembre.


Recorre el caminante, esta vez en compañía, las calles pasmadas, solitarias, de Ábalos y salen  en dirección norte, enfrentados a la enharinada con desgana Sierra de Cantabria, por la Calle Virgen de la Rosa. Pasan cerca de algunas bodegas que mantienen las líneas arquitectónicas que predominan en el casco urbano, remozado y conservado, edificaciones de los siglos XVII al XIX, no obstante, observan que algunas se han atrevido con proyectos innovadores y rompedores. Van dejando atrás varias balsas para retener y reconducir las aguas provenientes del hontanar que llaman el Hondo, vaguada pantanosa tapizada con densos herbazales, juncos y zarzas, por las numerosas acequias que murmuran chismosas a su paso, a la vez que irrigan algunas viviendas de ocio ajardinadas o con huertas que ladran desconfiadas, o fincas de avellanos y nogales. Han superado unos doscientos metros de desnivel desde que abandonaron la población y el sol, anunciado por las previsiones, no evita el suelo carrascudo, helado, en estas primeras horas de la mañana… No es un camino entre viñas, algunas a la salida de Ábalos, están  a 810 m. de altitud en la Fuente de la Rosa, en ella puedes mitigar tu sed en días de calor, aunque no descarta el viajero que los cambios en el clima, cada vez más evidentes y tozudos, permitan ver estas laderas, abancaladas tiempos atrás para el cultivo de cereal y ahora salpicadas de enebros, gayubas y aulagas, replantadas de cepas,… pero no corran que van cuesta arriba. La pista espaciosa que recorrían se transforma ahora en una senda que asciende con rapidez y se abre paso a través de una galería cubierta entre ejemplares arbóreos de boj, encinas de pequeño porte y un suelo con rocas y tronqueras a los que han crecido profusas barbas musgosas, que se han tornado canas en la noche allí donde se abren reducidos claros boscosos…



Han recorrido motivados los 3 kilómetros y salvado los 350 metros de desnivel que separan las ruinas de la Ermita de la Virgen de la Rosa del pueblo y debe rendirse el viajero, una vez más,  a la evidencia: importa muy poco el “Patrimonio menor”, el que relata hechos y cuenta leyendas que fueron importantes para la gente de a pie, la que labra las historias del territorio, la que modela los paisajes… No esperaba, ni deseaba, una recuperación de la ermita, pues  también es su historia el incendio que provoca en ella el General Zurbano durante las Guerras Carlistas, pero estaba convencido que los restos de la misma iban a estar consolidados, limpio de sus escombros y estudiado el espacio, despejado de algunos árboles que impiden disfrutar  los pocos detalles que quedan, en su fachada principal apenas dejan ver el arco que llaman carpanel, la hornacina que acogía la imagen titular (hoy encontramos bajo ella una pequeña imagen de la Virgen de la Rosa que algún enamorado del lugar ha pegado con cemento cola,… que se puede esperar ante la desidia de quien debiera de preocuparse) o los tres óculos que permiten datarla en el siglo XVIII. 



No argumenten crisis, necesidades prioritarias y urgentes,… ni argucias parecidas, el viajero ya no les puede creer. Si “…se ataban los perros con longanizas” y se gastaba en obras de escaparate, se le podía haber prestado a este rincón un poco de atención, que no muchos euros, para evitar el avance de la ruina (…ahora debería de tener su hueco en los “Paisajes de vino”). Refunfuñando y mascullando sus desazones se acercan hasta el privilegiado mirador de la Peña de la Rosa, delante de la ermita. Reconcilia con el mundo el panorama que contemplan, es difícil de describir (debes subir a disfrutarlo…): de fondo Urbión, San Lorenzo y el San Millán, además de las cimas que los  rondan, una cresta que se muestra hoy altiva con su manto regio de armiño; un plano central muy abierto, con un sinfín de lomas y poblaciones que descienden de la sierra al encuentro con las serpenteadas caricias del Ebro, en su feudo, el valle ajedrezado, domesticado por siglos de fecunda simbiosis entre las manos esforzadas y emprendedoras de agricultores, bodegueros y comerciantes y los naturales y caprichosos condicionantes fluviales que impone el “Gran Río Riojano”. Nunca defrauda llegar a la Ermita de la Virgen de la Rosa y  su mirador en la Peña… de la Rosa.




El “cierzo calado” les hace abandonar aquel rincón privilegiado para acercarse, un poco más arriba, a una nevera que recordaban y, visto lo visto en la ermita, suponían lo que iban a encontrarse: se intuía todavía el perímetro de la misma pero las paredes habían desaparecido tras una tupida cortina de hiedras y era imposible precisar donde se localizaba el fondo pues una selva vegetal crecía en el interior de la supuesta estructura cilíndrica… 





La compañía impidió con elegancia que el caminante incidiese en sus devaneos y prosiguen la senda que ascendía exigente a través de pinos, robles quejigos y el boj que llena el bosque bajo. Sin parar de subir han vuelto al camino soleado aunque el suelo continúa resbaladizo, brillante y helado, la ligera nevada nocturna solo resiste de forma testimonial en algunos espacios en sombra. No ha transcurrido media hora desde que abandonaron el conjunto de ruinas  y están ya asomados en un resalte rocoso del Puerto de la Rosa, no era difícil suponer como le llamarían, a 1.100m. de altitud disfrutan de un panorama sobre el Valle del Ebro y la Sierra de la Demanda tan sugestivo como el visualizado desde la Peña de la Rosa, mas ahora las paredes que se sostienen de la Ermita de la Virgen de la Rosa están a sus pies y a sus espaldas, en las laderas norte del puerto… Lo dejamos para otra columna.






viernes, 31 de enero de 2014

¿Volverá a las “casas cueva” el Belén de Alcanadre…?

Se sabe que “días de mucho,… vísperas de nada”, así suelen ser los días de navidad respecto a muchos asuntos. Esos días me cansé de escuchar en los  diferentes medios de comunicación la imposibilidad de representar este año el tradicional, y muy popular, Belén Viviente de Alcanadre en el  Monte Viso, ambientado en uno de los conjuntos de casas cueva en el existentes, pues las generosas lluvias de primavera habían ocasionado el hundimiento de dicho escenario. Me resultó curiosa, porqué será,... la unanimidad de criterios respecto a la importancia de recuperar el entorno del Monte Viso, de la Corporación Municipal y la Asociación Belén Viviente de Alcanadre, para volver a celebrar allí las representaciones en años sucesivos. Me constaba además que ya en el mes de junio se escucharon voces en el pueblo que señalaban la urgencia de la intervención en el mismo, para evitar un mayor deterioro de este patrimonio cultural, etnográfico y paisajístico.


Pues bien pasadas las navidades, ante la ausencia de noticias y las preocupantes fotografías aparecidas en los periódicos durante las fiestas, decidí acercarme al Monte Viso de Alcanadre. Este espacio no era nuevo para mí, en la colaboración radiofónica en la que participaba,  reclamé en varias ocasiones la necesidad de acometer la conservación integral de las casas cueva del Monte Viso de Alcanadre  y con ello potenciar también el belén viviente. Sabía también, ya entonces, que era más raro que un “perro verde” y no podía entender y era muy crítico con los apaños que hacían año tras año para sostener, de malas maneras y solo para la representación, aquel interesante conjunto de casas excavadas… Por no hablar de las verrugas que suponían en el particular paisaje: la estructura que figuraba el Palacio de Pilatos, la tapia para proteger del viento o la caseta para el control de efectos especiales  (que permanecen a día de hoy), todo ello levantado con bloques de cemento.

Con estas ideas en la cabeza, una mañana ventosa de la semana pasada, se acercó el viajero al Monte Viso y el panorama que encontró, desde su punto de vista, fue desolador, no quedaba nada del retocado conjunto de casas cueva donde se hacía la escenificación,… y si algo había quedado tras las lluvias primaverales, las excavadoras habían terminado por alisarlo todo: las pendientes y la explanada… 



Perplejo todavía por la visión tomó el camino que partía a media ladera, dirección suroeste, en busca de otros grupos de casas cueva que recordaba de visitas anteriores al lugar. El caminante se figuraba que visto lo visto en el conjunto de viviendas más conocido, los demás los encontraría hundidos e infranqueables… Cuál fue su sorpresa al llegar a la explanada del primer conjunto formado por dos viviendas y comprobar que estaba prácticamente como lo recordaba: las fachadas con algunas piedras menos, las puertas y ventanas más desvencijadas o inexistentes  y algunos tabiques interiores de adobe, encalados y coloreados con azulete, desplomados. 



Tomaba notas (había leído bastante los días previos sobre casas excavadas…)  el viajero  en su cuaderno sobre la distribución de estas casas cueva asentadas a media ladera y cuyo desarrollo de habitáculos en paralelo a la fachada principal les permitirá disponer de más luz y mejor ventilación o de un pasillo que separa esta crujía externa de una segunda en el fondo de la vivienda, más baja e incómoda por la pendiente del estrato de yeso que hace la función de techo, utilizada como granero, almacén o cuadras para el ganado...



 El camino de cómodo tránsito, se transformó en una senda que debía recorrer con  precaución el caminante, estos cerros yesíferos dan lugar a suelos arcillosos que, humedecidos como estaban esa mañana, propiciaban fáciles resbalones. Llegó a un segundo asentamiento de una sola casa cueva y una higuera en el pequeño rellano ante la fachada, de igual tipo que las anteriores y similar estado de conservación… Retornó a la senda envuelto en los penetrantes aromas vaporizados al pisar las plantas aromáticas propias de estos suelos de arcillas y yesos fibrosos o especulares, extasiado al observar el planeo calculado y elegante, las ráfagas de cierzo no le despeinaban ni una pluma en giros y piruetas, de la hembra de aguilucho pálido que acechaba la ladera en vuelo raseado a la captura ratones o pequeñas aves,… y llegó a un tercer conjunto formado por dos casas cueva con tres pequeños olivos en el lateral de la planada que daba  acceso a las mismas. Igual que en las anteriores, le sorprende su estado de conservación, que ha variado muy poco en los últimos siete años, han tenido más suerte que el grupo de casa cueva donde se representaba el belén.



Se acercó el viajero hasta uno de los cafés de Alcanadre, mas no encontró interlocutores con ganas de hablar,  le ocurrió lo mismo con las dos abuelas sentadas en un carasol, en contra de lo que estaba acostumbrado, se mostraron reticentes a la charla. Todo ello le hizo pensar que quizás él no tenía, esa mañana, su mejor versión de locuacidad, ocurrencia y oportunidad. De la poca información que pudo obtener, saco la impresión que la Asociación Belén Viviente de Alcanadre esperaba lograr la habilitación del espacio donde se llevaba a término la representación, pero no sentía interés en la reconstrucción de las casas cueva, ya inexistentes por otra parte, e incluso quiso percibir un cierto recelo al hablar de las mismas. Regresó a casa el viajero con estos interrogantes y un estado ambivalente de emociones: por un lado estaba entusiasmado pues tres conjuntos de casas cueva del Monte Viso eran factibles de recuperar, por otro no confiaba que alguna asociación o grupo de vecinos de Alcanadre apostase por la recuperación de los mismos como alternativa de futuro.
Ahora, soy todavía más consciente de mi condición de “perro verde” y también de las dificultades que tengo para encontrar argumentos convincentes, para quienes   habéis llegado a este párrafo, de que debemos evitar que estas construcciones alternativas se hundan y desaparezcan. Que tenemos que hacerlo incluso en épocas como la que vivimos de continua pérdida derechos en servicios básicos como la educación, la sanidad o los servicios sociales; con un paro galopante y desbocado que amenaza con llevarnos por delante a todos; con una población cansada del menosprecio que sufre de sus gobernantes, de las mega-obras carentes de viabilidad (… sin ir más lejos, aquí al lado de Alcanadre, el Aeropuerto de Agoncillo), de que le metan mano a sus cuentas corrientes, de supervivencia, una vez sí y otra también… Pues sí, en días como estos tiene sentido que nos planteemos la intervención en este paisaje. Si además os digo que tengo presente la complejidad técnica de estas obras de consolidación y conservación de las construcciones subterráneas, entenderé que seáis recelosos con la propuesta, mas debo intentar convenceros de que esta no es una obra faraónica y además es viable y sostenible.



Comenzaré por desmontar algunos prejuicios sobre este tipo de viviendas y recurriré para ello a las palabras de L.Torres Balbas, prestigioso arquitecto restaurador,  que nos invita a “ver en estas viviendas más que una supervivencia ancestral, basada en un estado de miseria, una feliz adaptación al medio geográfico, ya que debido a su orientación y disposición permiten más insolación y aireación que en la mayoría de las viviendas aldeanas formando callejas”. Como razones para evitar su desaparición me parecen  convincentes las conclusiones de una de las ponencias de la Convención de Ingeniería y Arquitectura, de diciembre de 2008, organizada por la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid: “…este tipo de construcciones aseguran la permanencia de una tradición histórica y cultural, se adaptan completamente al clima en el que se ubican, minimizando el impacto energético para alcanzar las condiciones de confort, y emplean materiales locales (tanto que la propia arquitectura se introduce dentro del material), con ciclo de vida cerrado; mano de obra local, fomentando la colaboración y participación de la ciudadanía en el proceso constructivo. Por todo ello las construcciones subterráneas pueden considerarse sostenibles, en las que convergen factores no sólo energéticos sino sociales, económicos y culturales.



Os imagináis el Belén de Alcanadre representado en estos conjuntos rehabilitados. Sería increíble... Os imagináis estas casas cueva recuperadas como alojamientos rurales y gestionadas por jóvenes de Alcanadre (…si no lo queréis imaginar, acercaros a la vecina localidad navarra de Arguedas), las vistas que desde ellas disfrutamos del conjunto urbano, la ribera del Ebro y sus fértiles huertas o los Cortados de Aradón son muy relajantes y sugerentes… Os imagináis el paisaje del Monte Viso con sus casas cueva en pie para conocimiento y disfrute de las siguientes generaciones…
 
Bibliografía consultada:
L.Torres Balbas, “La vivienda popular en España”, en F. Carreras y Candi (dir.), Folklore y costumbres de España, III, 137-502, Barcelona: Alberto Martín, 1933
A. Martin Criado, Cuevas habitadas en Castilla y León, 13-155, Colección Rutas para descubrir, Valladolid: Editorial Ámbito, 2008
14 Convención  Científica de Ingeniería y Arquitectura, Sostenibilidad y mecanismos bioclimáticos de la arquitectura vernácula española: el caso de las construcciones subterráneas, Fundación Diego Sagredo. Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid,  Diciembre de 2008
 

sábado, 18 de enero de 2014

Paja nueva de centeno en la "Cabaña de los Estopares"



Contra todo pronóstico, en ocasiones, se llevan a término esas propuestas, que por considerarlas necesarias y urgentes,  haces lo posible por darlas  a conocer a la administración pertinente, como entidad pública responsable (…y bastante sorda a estos menesteres que hacen referencia al “Patrimonio pobre”), o bien a alguna asociación ligada al territorio donde se pudiese llevar a término la intervención, que suelen ser animosas pero con pocos recursos económicos y materiales. 


En la primavera lluviosa de 2.010, el caminante partió del Barrio de Cuevas, en la población de Anguiano, por el camino que llaman de Valvanera con el único propósito de conocer mejor un paisaje que le gustaba. Aquella mañana, que también llovía, disfruto del paseo por un jardín asilvestrado, diseñado por la anarquía propia de la naturaleza, muy interesada, esos días, en mostrar la juvenil belleza y frescura de los brotes tiernos de la generosa variedad de especies vegetales que colonizan estos barrancos, riberas, acequias, terrenos baldíos, tronqueras de viejos fresnos, álamos, castaños (…preguntad por el Castaño de la Nisia),… o muros de piedra. El panorama que envolvía al caminante se pincelaba con nieblas altas, desmadejadas, que se agarraban sin convicción a las laderas boscosas y animadas por la agradable brisa cambiaban con facilidad de aposento.



En estas circunstancias suelen estar muy despiertos los sentidos y se recrean en cada detalle, con una cierta tendencia sublimarlos o magnificarlos, los pensamientos se suceden con rapidez y están sobrados de imaginación y creatividad… Así, una construcción llamo la atención del viajero y se detuvo en el ribazo, bajo el camino una cabaña pastoril resistía a duras penas los envites del tiempo. No era como las demás del término de los Estopares: algunas, arruinadas, conservaban únicamente restos de muros, otras mantenían por tozudez las cubiertas  de teja… Pero esta, que hizo parar al viajero, custodiada la puerta por una oveja arrumbada, preñada o pachucha, tenía huecos en la cubierta, hasta ahí nada original, claros abiertos entre la paja de centeno y las bardas de retama, materiales que formaban la techumbre, que dejaban ver algunas partes del costillar de la construcción, hecho que permitía alojarse con facilidad el agua en el interior,… y sin pagar. No se coló el caminante, por la puerta, pues no deseaba molestar a la oveja, igual era la “modorra” que suele haber en casi todos los rebaños,… y seguir los caminos del agua  no estaba a su alcance. Boquiabierto y sorprendido por el encuentro se quedó allí un rato haciendo especulaciones y viajando en el tiempo,… hasta quiso ver a los pastores de Anguiano remozando con paja de centeno, segada ese verano, la techumbre de la cabaña.Bajo una suave lluvia retornaba el caminante sobre sus pasos, con la sensación de haberse topado con un rincón de aquel paisaje que se había quedado dormido en el tiempo y con el convencimiento, tras repasar mentalmente muchas  majadas, con toda probabilidad, de que esta fuese la última “cabaña” con la techumbre de paja de centeno que quedaba en las Sierras Riojanas. El viajero regresó garboso y exultante al Barrio de Cuevas, con ganas de comunicar a quien quisiera escucharle, la existencia de la singular “Cabaña de los Estopares”.

Las citas y encuentros se sucedieron con algunos gestores del territorio, pretendía dar a conocer y poner en valor este elemento de la cultura y la tradición pastoril, con interés etnográfico y paisajístico,… más quizás no llamé a las puertas apropiadas. Me hice eco, en el programa de Radio Rioja Cadena Ser, “La ventana de la tarde”, en la Rioja, con Lucia Ripa, con la cual colaboraba en la sección “Paisajes con historia”, allí tuvo su protagonismo, en abril de 2.010, la “Cabaña de los Estopares”,… más no debí gritar lo suficiente. Finalmente ese verano, fruto de la casualidad o la coincidencia, me invitaron a una charla-paseo en Anguiano, durante  la semana cultural que organizaba la Asociación Cultural Aidillo. Durante la misma salió a relucir y hablamos largo y tendido de esta estructura pastoril a punto de desaparecer, de la perdida de esa parte del “Patrimonio pobre” de la historia de Anguiano, la que cuenta los afanes de los hombres y mujeres que conformaron este territorio, no los grandes hechos recogidos en crónicas y anales, sino el día a día de las personas corrientes…



Y estas reflexiones de una tarde de verano y otra tarde más de animadas charlas y paseos, al verano siguiente, por los montes y barrancos de Anguiano, no cayeron en tierra estéril… Un trabajo encomiable de la Asociación, tenaz y persistente como el de las hormigas, ha logrado unificar esfuerzos, implicar a la Consejería de Medio Ambiente y al Ayuntamiento, recabar el interés de otras Asociaciones y sobre todo embarcar a sus socios en un trabajo intergeneracional de veredas que difícilmente olvidarán. Pensar que este verano del 2.013 en estos tiempos del internet y de la crisis económica que da  al traste con todo tipo de iniciativas culturales, la Asociación Cultural Aidillo, asesorados y dirigidos por Ángel, el “zurdo” y su hermano Antonio, pastores que pusieron la última cubierta de la “Cabaña”, hayan sembrado, segado, acarreado y desgranado centeno,… reforzado los muros, remozado postes y cabrios, acarreado retamas y cubierto la techumbre con paja nueva de centeno,… es casi imposible de creer. Gracias por regalarnos esta lección de capacidad asociativa y por evitar que las Sierras Riojanas pierdan otro pedacito de su historia. Gracias por invitarnos a desplazarnos hasta el pueblo de Anguiano y ofrecernos este refugio a los viajeros y caminantes que recorremos estos paisajes, que vosotros con iniciativas como esta los hacéis más bellos y completos.



Puedes seguir el proceso de recuperación de la "Cabaña de los Estopares" en la revista "Aidillo", que publica trimestralmente la Asociación Cultural Aidillo:
En el nº 71, verano del 2.013, paginas 27 y 28:




En el nº 72, otoño del 2.013, paginas 4,5,6,7 y 8:
   
    









También reseño la noticia publicada en el periódico La Rioja el 24 de septiembre de 2.013:





martes, 7 de enero de 2014

La Central del Salto del Aguila


Al salir de la curva fuimos conscientes, de manera casual, de la existencia de una construcción, de apariencia industrial, en el fondo del barranco. Era una mañana gris, fría, con mucha nieve en las cumbres y en la carretera la justa para no impedir la circulación por la LR-415 que desde Ezcaray llega a Posadas y nos lleva, encaramada a las laderas, hasta el alto de la cruz de la Demanda…  Si, donde ha llegado algunas veces la vuelta ciclista España.
Desde el primer instante del encuentro visual con aquel paisaje, me pareció tan sugerente que no se me fue del pensamiento. De regreso a casa busque rutas publicadas de senderismo y antiguos caminos en viejas cartografías que me permitiesen acceder a la Central hidroeléctrica del Salto de Águila. Posteriormente tuve conversaciones con algunos lugareños con el fin de recabar más información e historias, testimonios directos ligados al territorio y a ese edificio que permanecía anclado al rio en lo más hondo del Alto Oja. De esta manera fui reuniendo datos y me entere de la existencia de seis pequeñas presas, que interrumpen el transito natural del agua de otros tantos arroyos y desvían una parte de su caudal a sendas acequias que recorren kilómetros de laderas, salvan profundos barrancos, en base a la ley física de los vasos comunicantes, y conducen el agua requisada a los riachuelos por la ingeniada red de canales hasta un gran depósito situado a 1400 m. de altitud, 450 metros por encima y a la espalda del Salto del Águila. El descenso brusco y acelerado del agua acumulada, por la tubería cerrada, hasta la central provocaba la rotación de las turbinas instaladas en el edificio y se generaba el flujo eléctrico para el que fueron concebidas estas titánicas infraestructuras. Algunos abuelos que trabajaron en ellas recuerdan el esfuerzo que supuso el asentamiento en este agreste paraje de estas venas amaestradas y dirigidas. Ahora, ya deterioradas, pues han sufrido la desatención de los propietarios y el inaplazable tributo que se ha cobrado el tiempo, son incapaces de cumplir los fines para los que fueron diseñadas.



He llegado hasta varias de estas presas, como las situadas en los arroyos de Turraguas, Escorlacia o Recila, siguiendo caminos poco señalizados,  veredas intuidas y poco transitadas, y en los recorridos he encontrado, además de las infraestructuras hidráulicas mencionadas, lo que queda de algunas majadas: restos de muros tapizados can musgos y emboscados en sugerentes hayedos salpicados de acebos o servales. También quisiera destacar que en algunos tramos de estos estimulantes caminos me ha encantado poder escuchar los escarceos del agua en el fondo del valle. Mientras las sendas se enmarcan unas veces entre tapias, se abren paso después entre los brezales de alto porte arbustivo o atraviesan testimoniales bosquetes de alerces o pino silvestre, abajo, las aguas del Oja se adivinan inmersas en un apasionado romance de roces y abrazos con el cauce rocoso, desigual y atropellado que las obliga a saltos forzados, sugestivos, que reclaman la atención de miradas atrevidas, para luego adormecerlas en remansos con hechizo, que bien pudieran haber propiciado el nacimiento de alguna conocida diosa mitológica, mas seguro que lo frecuentan ninfas del bosque o la montaña con menos pretensiones y fama pero no menor belleza; espejos de agua que se precipitan de nuevo, sin tregua, en nuevas y atolondradas persecuciones, carreras de caricias que acaban por eliminar las aristas de las rocas y modelar las aguas para describir un circuito variable de curvas de poderosa sensualidad y magnético atractivo visual. Si además el río se te muestra algo alejado, pero no demasiado, y semioculto bajo una enmarañada galería de sauces, arces, avellanos, mostajos o boneteros, se te antojará mágico.


Ahora cuando alguna de las sendas no lleva justo allí donde el Arroyo Zeteluria, recaudador de las aguas sobrantes del Turraguas y el Escorlacia, se juntan con el Oja y recalcan su fuerza, un túnel horadado en la loma te resultara tentador y te adentraras en él, y adivinaras la invisible compañía de algunos murciélagos en esos escasos cien metros que te permiten acercarte a las puertas de la central hidroeléctrica del Salto de Águila. Ahora resulta sencillo comprender este nombre, pues a pesar de su localización en el fondo del valle, que nos parecía tan evidente cuando nos percatamos de su presencia, una vez en ella, nos encontramos en un mirador increíble sobre el rio Oja, sobre sus bosques mixtos caducifolios y de coníferas, que trepan decididos los abruptos desniveles desde la ribera hasta las cumbres nevadas del Gatón, el Pico Necutia o el Peñón Espelzia y sus correspondientes collados… Es un espacio donde se palpa el alma de este paisaje, donde se percibe la presencia del águila.

Y ahora, allí, junto al corazón de este complejo entramado de producción eléctrica te invade la nostalgia y el desánimo, te contagias de la decadencia, abandono y desidia que se respira allá donde miras o te asomas,… y no logras entender nada… Quieres recordar espacios de similar interés paisajístico y humano en algunos valles del Pirineo francés como los de Troumouse o Gavarnie, y sientes envidia (creo que empieza a ser patológica) solo de pensar como, con toda seguridad, se hubieran recuperado estas instalaciones en el país vecino…. Estos espacios deberían de tener futuro e incorporarse a los valores que encierra este territorio.
Como no vas a pensar que este edificio y toda la red de tuberías, canales, presas o depósitos forman parte del patrimonio histórico y natural que encierra este lugar, que este paisaje del Alto Oja se singulariza, todavía más, con esta intervención de ingeniería hidráulica en él, como no vas a rechazar que este trabajo humano tan encomiable se pierda en el olvido del tiempo y la desidia… Como no vas a imaginar que todas estas infraestructuras vuelven a estar operativas, ya, posiblemente, con distinta finalidad a la inicial.
Ahora las conducciones canalizarían el agua hasta el gran depósito, recuperado, encima del Salto del Águila, y podría ser utilizado como reten de agua para combatir los incendios, frecuentes los últimos años en estos parajes. Además el descenso del agua entubada hasta la central, como antaño, permitiría generar una cantidad de electricidad suficiente para cubrir las necesidades de un pequeño hotel rural, adaptándolo a las nuevas tecnologías de acumulación y producción energética. También sería posible poner en marcha en su entorno una explotación apícola, actividad que no resultara desconocida en este espacio, pues aquí ya hubo colmenas, lo cual daría al establecimiento una impronta de sostenibilidad todavía más creíble… Podemos imaginar infinitas posibilidades para este alojamiento rural autosuficiente. 
Finalmente os propongo dos fuentes de información para recorrer este paisaje de la Sierra de la demanda que me parecen las más apropiadas para acercarse al conjunto de intervenciones que hicieron posible la Central del Salto del Águila:
           *Ojead el libro: Las mejores excursiones por… La Sierra de la Demanda.
                                        Editorial El senderista.
            *Elegid el paseo más apropiado de la carpeta de rutas editada por la Asociación de
               Amigos de Ezcaray en el año 1994: Paseos por Ezcaray, Ojacastro y Zorraquin.