martes, 7 de enero de 2014

La Central del Salto del Aguila


Al salir de la curva fuimos conscientes, de manera casual, de la existencia de una construcción, de apariencia industrial, en el fondo del barranco. Era una mañana gris, fría, con mucha nieve en las cumbres y en la carretera la justa para no impedir la circulación por la LR-415 que desde Ezcaray llega a Posadas y nos lleva, encaramada a las laderas, hasta el alto de la cruz de la Demanda…  Si, donde ha llegado algunas veces la vuelta ciclista España.
Desde el primer instante del encuentro visual con aquel paisaje, me pareció tan sugerente que no se me fue del pensamiento. De regreso a casa busque rutas publicadas de senderismo y antiguos caminos en viejas cartografías que me permitiesen acceder a la Central hidroeléctrica del Salto de Águila. Posteriormente tuve conversaciones con algunos lugareños con el fin de recabar más información e historias, testimonios directos ligados al territorio y a ese edificio que permanecía anclado al rio en lo más hondo del Alto Oja. De esta manera fui reuniendo datos y me entere de la existencia de seis pequeñas presas, que interrumpen el transito natural del agua de otros tantos arroyos y desvían una parte de su caudal a sendas acequias que recorren kilómetros de laderas, salvan profundos barrancos, en base a la ley física de los vasos comunicantes, y conducen el agua requisada a los riachuelos por la ingeniada red de canales hasta un gran depósito situado a 1400 m. de altitud, 450 metros por encima y a la espalda del Salto del Águila. El descenso brusco y acelerado del agua acumulada, por la tubería cerrada, hasta la central provocaba la rotación de las turbinas instaladas en el edificio y se generaba el flujo eléctrico para el que fueron concebidas estas titánicas infraestructuras. Algunos abuelos que trabajaron en ellas recuerdan el esfuerzo que supuso el asentamiento en este agreste paraje de estas venas amaestradas y dirigidas. Ahora, ya deterioradas, pues han sufrido la desatención de los propietarios y el inaplazable tributo que se ha cobrado el tiempo, son incapaces de cumplir los fines para los que fueron diseñadas.



He llegado hasta varias de estas presas, como las situadas en los arroyos de Turraguas, Escorlacia o Recila, siguiendo caminos poco señalizados,  veredas intuidas y poco transitadas, y en los recorridos he encontrado, además de las infraestructuras hidráulicas mencionadas, lo que queda de algunas majadas: restos de muros tapizados can musgos y emboscados en sugerentes hayedos salpicados de acebos o servales. También quisiera destacar que en algunos tramos de estos estimulantes caminos me ha encantado poder escuchar los escarceos del agua en el fondo del valle. Mientras las sendas se enmarcan unas veces entre tapias, se abren paso después entre los brezales de alto porte arbustivo o atraviesan testimoniales bosquetes de alerces o pino silvestre, abajo, las aguas del Oja se adivinan inmersas en un apasionado romance de roces y abrazos con el cauce rocoso, desigual y atropellado que las obliga a saltos forzados, sugestivos, que reclaman la atención de miradas atrevidas, para luego adormecerlas en remansos con hechizo, que bien pudieran haber propiciado el nacimiento de alguna conocida diosa mitológica, mas seguro que lo frecuentan ninfas del bosque o la montaña con menos pretensiones y fama pero no menor belleza; espejos de agua que se precipitan de nuevo, sin tregua, en nuevas y atolondradas persecuciones, carreras de caricias que acaban por eliminar las aristas de las rocas y modelar las aguas para describir un circuito variable de curvas de poderosa sensualidad y magnético atractivo visual. Si además el río se te muestra algo alejado, pero no demasiado, y semioculto bajo una enmarañada galería de sauces, arces, avellanos, mostajos o boneteros, se te antojará mágico.


Ahora cuando alguna de las sendas no lleva justo allí donde el Arroyo Zeteluria, recaudador de las aguas sobrantes del Turraguas y el Escorlacia, se juntan con el Oja y recalcan su fuerza, un túnel horadado en la loma te resultara tentador y te adentraras en él, y adivinaras la invisible compañía de algunos murciélagos en esos escasos cien metros que te permiten acercarte a las puertas de la central hidroeléctrica del Salto de Águila. Ahora resulta sencillo comprender este nombre, pues a pesar de su localización en el fondo del valle, que nos parecía tan evidente cuando nos percatamos de su presencia, una vez en ella, nos encontramos en un mirador increíble sobre el rio Oja, sobre sus bosques mixtos caducifolios y de coníferas, que trepan decididos los abruptos desniveles desde la ribera hasta las cumbres nevadas del Gatón, el Pico Necutia o el Peñón Espelzia y sus correspondientes collados… Es un espacio donde se palpa el alma de este paisaje, donde se percibe la presencia del águila.

Y ahora, allí, junto al corazón de este complejo entramado de producción eléctrica te invade la nostalgia y el desánimo, te contagias de la decadencia, abandono y desidia que se respira allá donde miras o te asomas,… y no logras entender nada… Quieres recordar espacios de similar interés paisajístico y humano en algunos valles del Pirineo francés como los de Troumouse o Gavarnie, y sientes envidia (creo que empieza a ser patológica) solo de pensar como, con toda seguridad, se hubieran recuperado estas instalaciones en el país vecino…. Estos espacios deberían de tener futuro e incorporarse a los valores que encierra este territorio.
Como no vas a pensar que este edificio y toda la red de tuberías, canales, presas o depósitos forman parte del patrimonio histórico y natural que encierra este lugar, que este paisaje del Alto Oja se singulariza, todavía más, con esta intervención de ingeniería hidráulica en él, como no vas a rechazar que este trabajo humano tan encomiable se pierda en el olvido del tiempo y la desidia… Como no vas a imaginar que todas estas infraestructuras vuelven a estar operativas, ya, posiblemente, con distinta finalidad a la inicial.
Ahora las conducciones canalizarían el agua hasta el gran depósito, recuperado, encima del Salto del Águila, y podría ser utilizado como reten de agua para combatir los incendios, frecuentes los últimos años en estos parajes. Además el descenso del agua entubada hasta la central, como antaño, permitiría generar una cantidad de electricidad suficiente para cubrir las necesidades de un pequeño hotel rural, adaptándolo a las nuevas tecnologías de acumulación y producción energética. También sería posible poner en marcha en su entorno una explotación apícola, actividad que no resultara desconocida en este espacio, pues aquí ya hubo colmenas, lo cual daría al establecimiento una impronta de sostenibilidad todavía más creíble… Podemos imaginar infinitas posibilidades para este alojamiento rural autosuficiente. 
Finalmente os propongo dos fuentes de información para recorrer este paisaje de la Sierra de la demanda que me parecen las más apropiadas para acercarse al conjunto de intervenciones que hicieron posible la Central del Salto del Águila:
           *Ojead el libro: Las mejores excursiones por… La Sierra de la Demanda.
                                        Editorial El senderista.
            *Elegid el paseo más apropiado de la carpeta de rutas editada por la Asociación de
               Amigos de Ezcaray en el año 1994: Paseos por Ezcaray, Ojacastro y Zorraquin.



                

miércoles, 18 de diciembre de 2013

De cuevas y atalayas por el Cidacos



Recorrí los primeros días de noviembre, en compañía de un “pastor de paisajes” caminos que ya poca gente recorre en estas tierras abarrancadas, con laderas aterrazadas y la mayor parte de las fincas baldías; con cortados fracturados de conglomerados y areniscas, que eran nuevos para mí entre Herce y  Santa Eulalia. Guiado por la animada conversación y sus pasos conocedores, vigilantes, acostumbrados a trochar por estos parajes, la vista curiosa fue encontrándose con diversas construcciones encajadas en los abrigos rocosos, con tipologías pensadas para los fines que fueron concebidas. 


Corrales excavados en los estratos más blandos que aprovechaban la betas de conglomerado, más consistente, como techumbre, que se mimetizaban en el paisaje con una tapia de mampostería que ocultaba y protegía el  ganado que se guardaba.
Ubicaban los colmenares o “abejeras” en las cuevas naturales someras que cerraban con colmenas, “piones” o “vasos” en estas tierras, cestas cilíndricas o troncocónicas (de 20 a 30 cm. de diámetro y entre 80 y 100 cm. de profundidad) trenzadas con mimbre o caña que servirán de alojamiento a los enjambres de abejas.
Palomares o columbarios, trabajosas oquedades labradas en las paredes de arenisca, de difícil interpretación y que  generan, cada cierto tiempo, polémicas enconadas en congresos y publicaciones, mientras, estos conjuntos rupestres se hunden o deterioran sin que administraciones, organismos científicos o culturales, asociaciones o entidades privadas hagan nada para evitarlo. Tan difícil resulta entender que lo interesante en dichas construcciones, es el ingente trabajo realizado por los bisabuelos de nuestras generaciones o por los eremitas de los albores del cristianismo. Luego, una vez hallamos asegurado que las ruinas no seguirán avanzando, ya nos pararemos a reflexionar e investigar sobre la época de construcción y fines de los mismos.

Bodegas, gallineros o cuevas de usos múltiples completan el llamativo e interesante conjunto de construcciones que aquél día descubrí, acompañado por el “pastor de paisajes”, encaramados en las paredes de roca roja, manifestaciones de la arquitectura popular que utilizaba los materiales constructivos más asequibles y las técnicas artesanales que conocían y dominaban.


Encontrareis estos habitáculos trogloditas en los cortados rocosos que acompañan, en su margen derecha, el descenso del río Cidacos por la carretera LR-115 entre Arnedillo y Autol. De igual manera están presentes estas construcciones en los numerosos  barrancos que suben, en dirección norte, hacía Sierra La Hez. Adentraros en ellos por los caminos que se abren paso en el laberíntico complejo geológico y que aprovechan la morfología del mismo. Atentos, sin perder detalle y seguramente apabullados por los numerosos estímulos paisajísticos que vais a ir descubriendo, es posible que perdáis el rumbo… Mantened la calma, aquí no hay perdida, tomad alguno de los caminos que sigan cuesta arriba, más ahora en dirección sur, en busca del
valle que abandonasteis. Tras numerosas vueltas y revueltas, sorpresas vegetales, animales y minerales, llegareis hasta alguna de las atalayas que custodian este fantástico valle del Río Cidacos. 

Relajaros con el panorama, descansad y mirad, dejad que la vista vuele tras las estelas firmes pero cansinas de los buitres leonados, o cabalgue encabritada a lomos del cierzo, si este hizo acto de presencia,… reparad en el vuelo nervioso, corto, de repisa en repisa, de una figura menuda de color negro carbón, salvo el obispillo blanco que deja ver cuando vuela (¿Qué es el obispillo…? Interésate por la collalba negra, y seguro que algo encuentras al respecto). Es difícil que la mirada se detenga en un punto concreto ¿Dónde fijarla…? En las acuchilladas paredes rocosas o en el remanso hortícola de la vega del Cidacos, en la prometedora Peñalmonte o en Peña Isasa tan pródiga en leyendas, en Prejano con su milenario olivar o en los miles y miles de almendros de Autol, Quel o Arnedo….Son tantos los motivos para mirar.
Es esta una comarca vitalista que vive con perplejidad y contradicción un debate permanente entre las actuaciones encaminadas a un desarrollo industrial y comercial, innovador y creativo, que lidera Arnedo, seguido de Quel y Autol, y aquellos que proyectan su futuro en la conservación de los valores etnográficos, naturales y paisajísticos, que representan más las localidades de Herce, Santa Eulalia, Arnedillo y Prejano. Precisan reinventarse y ser capaces de hacer compatible ambas opciones, considerar que solo un enfoque encaminado hacia el desarrollo integral y sostenible del territorio, de la industria y el comercio,  de su agricultura, la ganadería, de su cultura popular e histórica, podrá mantener en los municipios del oeste, la vecindad, la capacidad productiva y su calidad de vida y  los del este, su empuje económico y evitar un desarrollismo invasivo del territorio, que degrade el horizonte vital de sus propios ciudadanos, aunque aumentasen sus beneficios económicos a corto plazo. Un reto de difícil encaje, pero de indudable atractivo humano, y seguro que rentabilidad económica a la larga.

El viajero sube a seis atalayas de la margen derecha

Seguir el itinerario que propongo y subir a estas seis atalayas historiadas, permitirá descubrir todos los elementos que he tratado de revalorizar en estas líneas. El viajero iniciará el recorrido en el Castillo de Autol, excelente balcón desde donde apreciará la singularidad de los monolitos esculpidos por las manos caprichosas del río y los meteoros: el Picuezo y la Picueza,… y la Harinosa, proclamaría rápidamente, cualquier autoleño que se precie, pues sólo ellos la destacan.
Para llegar al siguiente destino el caminante subirá al consolidado Castillo de Quel que ofrece una visión muy especial del entramado urbano de la población, en él destaca la Iglesia del Salvador, construcción barroca adosada al farallón rocoso, al igual que sus muchas casas cueva, levantadas y excavadas al abrigo y capricho del mismo. Al frente, la mirada se encontrará con la vega, con sus bodegas cueva al otro lado del río, y las infinitas plantaciones de almendros que ascienden faldas arriba hacía la Sierra de Gatún. El caminante no quedará impasible y regalará algún suspiro cargado de nostalgia.
Ahora la parada del viajero será en el Castillo de Arnedo, lo llevan allí cuesta arriba, las callejas del entorno de San Cosme y San Damián y las de Santa Eulalia. Creo adivinar el fruncido de su rostro, son tan llamativos los desastres urbanísticos y paisajísticos inflingidos al entorno, tan evidente que esta Ciudad conjuga mal la fantasía tallada de los cerros (con más cuevas que un queso emmental) como el de San Fruchos, San Miguel o las yasas que descienden de los Planos a las calles de la población, con la dureza prosaica escrita con hormigón hierro y acero en los polígonos industriales o comerciales, las canteras de extracción de arena o en la baja calidad de su diseño urbano, salvo detalles aislados.
Y detrás del Castillo, los Planos, allí debe subir el caminante y responder a la invitación al paseo que reciben todos los que visitan este paisaje, que guarda, desde lo alto, las espaldas de Arnedo. Una proyección de imágenes con enorme poder visual se enfrenta a la mirada, que devuelve a la realidad al viajero y piensa en el pequeño desembolso económico que supondrían algunas intervenciones en el paisaje y como beneficiarían las mismas la belleza integra del mismo… Reiniciará el camino y se dejará mecer por el oleaje adormecido del mar de almendros por el que transita. Salva las yasas el caminante y salta la vega del Cidacos, y se pierde con la mirada en el mar abierto de almendros, cuyo manso oleaje la abandona en las laderas de Peña Isasa, donde están “las puertas del infierno” según rezan algunas leyendas, que se yergue desafiante y tentadora en este equilibrado territorio.
La siguiente atalaya que aguarda al viajero es la Ermita del Salvador y restos del Castillo de Herce. Acceder a ellas hará sudar al caminante, más el mirador que descubre cuando llega, compensa con creces sus esfuerzos. La panorámica del soñador pueblo de Prejano entre Peña Isasa y Peñalmonte, la montaña minera, y la visión desde allí del bello mosaico antiguo, de teselas en tonos verdes, pardos y rojizos, coloreados por olivares, almendreras, fincas baldías, huertas o choperas, tornarán el resuello fatigado del caminante, que le provocó la ascensión, en sosegada respiración interrumpida por suspiros de satisfacción


Transitará ahora el viajero por caminos interiores, sin salir a la LR-115, en dirección a Santa Eulalia, final de su encuentro con estos paisajes olvidados, y se enfrentará a la metamorfosis que sufre un territorio cuando el paisano deja de atender las fincas agrícolas o el ganado de visitar los terrenos que antes pastaba o los corrales donde se cerraba. Motivos, muchos: dificultad para el cultivo en laderas aterrazadas, infraestructuras ganaderas carentes de condiciones,… y poco reconocimiento moral y económico a sus singulares productos, así como a su descomunal esfuerzo por mantener vivo el territorio. El resultado, la campiña productiva desaparece y la soledad humana se adueña de la misma… ¿A quién se le puede pedir que mantenga los cultivos, los rebaños, las colmenas…? ¿A las administraciones quizás…? Por qué no… ¿Por qué el medio rural de países europeos como Francia, Italia o Alemania no ha dejado de ser productivo ni se ha abandonado? Creo que los gobiernos, gestores del territorio, tienen mucho que decir… El caminante llegará a Santa Eulalia Somera y, tras preguntar, se dirigirá a la Cueva del Ajedrezado, localizada encima del pueblo, uno de esos columbarios o palomares, que ahora han protegido para evitar su deterioro y el viajero quedará impactado por la fuerza que trasmite la obra allí ejecutada: los espacios comidos a la arenisca, las escaleras y pilares labrados en la roca, los nichos esculpidos en las paredes… cuando salga, el viajero, no lo hará con la seguridad de saber lo que ha visto, pero si con la certeza de que es necesario proteger estos espacios, que se preserven para posteriores estudios y para que sean conocidos por las generaciones venideras.

Y si queréis bordar la visita hacedla al  amanecer o en el ocaso del día, cuando el sol radicaliza las sombras y los contrastes y matiza sin complejos con pinceladas carmesí los cortados rocosos. Es un momento mágico, una conjunción espacio-temporal que invita a dar rienda suelta a la imaginación, os resultará difícil controlarla, vais a recrear e inventar historias ligadas a este paisaje tan singular del Valle del Cidacos.




miércoles, 6 de noviembre de 2013

Radio Paisajes. blog:Joaquín Cazcarra, guarda del Refugio de Viados…








No logro encontrar la fórmula para darle vida a esta radio simulada que me pareció adecuado llamar Radio Paisajes. blog, y que es un intento de ponerles voz a los paisajes, más no cesaré en el empeño de buscar nuevos caminos que puedan conducir a este fin.
En esta emisión, hoy, quiero haceros participes de la entrañable conversación que tuvo lugar, al comienzo del otoño, entre Fernando Ezquerro, “Fer” apasionado a la vez que sereno montañero, sensible y exquisito fotógrafo y Joaquín Cazcarra, guarda del Refugio de Viados y parte del alma de ese paisaje de ensueño, donde bordas, prados y bosques se muestran al amparo de las impresionantes moles rocosas, de estratos torturados, de los picos Espadas y Posets, dos de las cumbres más atractivas de la cordillera pirenaica…


 Os dejo con sus palabras…





Joaquín ha vivido, vive y vivirá siempre en este paisaje, este espacio ha modelado  matices destacados de su carácter y personalidad, y él también ha dejado su impronta en el mismo y forma, sin duda alguna, parte del alma de este territorio, aquella que confiere al mismo su condición de humanizado y lo hacen más acogedor, pero sin resultar para nada su característica dominante.
Prevalece, todavía en este paisaje un equilibrio entre los Pirineos bravos, salvajes, con rincones donde podemos encontrar el espíritu de la alta montaña, todavía sin alteración, y su otra cara, la más amable, la de los prados listos para la siega junto a los otros donde la hierba, ya recogida, se ha guardado en  las bordas, construcciones mantenidas según patrones arquitectónicos nos trasladan al pasado; la de los bosques que invitan al paseo sereno y a la sorpresa, que los hace más interesantes y atractivos; la de los ibones y pequeños lagos solitarios, por encima de los 2.300 m., que te motivan para intentar el encuentro con el gorrión y la perdiz nival, el  acentor alpino o el armiño,… con el espíritu de la alta montaña.
Cuando escuchas las palabras de  Joaquín te enfrentas a la historia de este paisaje y llegas a ser consciente de la fragilidad de alguno de los elementos que le confieren su particularidad y sientes la necesidad de que Joaquín siga siempre allí… y que sus palabras son tesoros que no deben perderse.


Esta es la finalidad de este blog y de esta sección Radio Paisajes. blog.






               




martes, 5 de noviembre de 2013

¡¡¡Qué buen comienzo de estación…!!!




El otoño me  parece cada año, salvo que la sequía del verano haya sido muy rigurosa, un tiempo de sorpresas y disfrute de los sentidos para los residentes de cada territorio o para aquellos que transitamos de unos lugares a otros, cual nómadas, en busca de las sensaciones más estimulantes que cada paisaje pueda proporcionarnos…

El martes, decidimos perdernos en el Valle de Chistau, en el Pirineo de Huesca, subir al Refugio de Viados y mimetizarnos en las montañas durante varias jornadas, para intentar, entre otras cosas, olvidar la monotonía del día a día y las tomaduras de pelo del gobierno de  “Don Mariano y compañía” que, también día a día, nos trata como a ignorantes tanto con sus acciones como con sus dichos. Sirvan de ejemplo, las lacónicas  declaraciones del ministro, siempre ocurrente y  presto a la gracia, Don Cristóbal Montoro, cuando nos habla ya, sin cortarse ni un poco, de la “subida de los salarios” en esta resignada España, donde “…ya ha comenzado la recuperación”  según él, o en fiasco de la presentación de la Candidatura Olímpica de Madrid por parte de la distinguida Doña Ana Botella, con su “…relaxing cup of café con leche in Plaza Mayor,…”, que dio la vuelta a mundo. Cuando además se sabe, que un tal Terrence Burns,  estadounidense, cobró 300.000 dólares para evitar situaciones como esta,… o que la Agencia Británica M-is, recibió 2,4 millones de euros (mas IVA) para procurar la mejor imagen de la Candidatura…


El miércoles, disfrutó el gusto, mientras ascendíamos por el Barranco de la Madera, cuando nos permitíamos el lujo de  paladear las bayas jugosas recogidas en las arandaneras que tapizan el frondoso bajo bosque de pino negro, salpicado en los claros de servales diseñados para destacar, enjaezados con numerosos y vistosos pendientes rojos arracimados. Luego fue el tacto, las manos sintieron la textura estriada y fría de los esquistos oscuros y oxidados, de brillos metálicos, cuando se aferraban a las rocas que componían la trabajosa cresta de las cumbres encadenadas de la Punta Cabalera (2.902m.)  y Picos de Coulfreda (3.031m.- 3.027m.- 3.032m.)…En el exigente descenso el paso se torno farragoso, la senda intuida discurría entre espadas, lanzas o esquirlas, todas ellas de consistencia pétrea, amontonadas como botín  de guerra arrebatado a los vencidos, en este caso las aguerridas masas rocosas que se descarnan sin tregua frente a la perceptible invisibilidad de los agentes atmosféricos. Todavía resonaba en los oídos, varios días después de abandonar las adictivas montañas, el particular sonido semimetálico que producían las armas de piedra, arrastradas ladera abajo a nuestro  paso…


El jueves, un día tranquilo, el olfato tuvo su protagonismo en el bosque de pinos silvestres y pinos negros, acompañados de servales, arces, arándanos o rododendros, el olor penetrante de las rusulas, las amanitas, agaricus, cortinarius o…, sí, también los boletus, impregnaba el ambiente de muy diferentes rincones del Barranco de la Ribereta, frente al Refugio de Viados. ¡¡¡Que aromas tan especiales…!!! ¡¡Me encantan!!

El viernes, tuvo su día la vista, desde el comienzo de la jornada buscaba con intención y mayor viveza que las piernas, pues mostraban ya cansancio y algunas magulladuras, las bellas panorámicas proyectadas en la ascensión a los solitarios Ibones de Barbarisa a lo largo de la Aigüeta de Llisat. Este rincón es  un remanso sereno, reina la quietud en condiciones climatológicas como las que teníamos aquella mañana, y la visión de los lagos diluyó el cansancio acumulado en el seno de las aguas calmas, la vista se sumergía, buceaba, surgía, se deslizaba en las superficies de cambiantes colores verdeazulados que ganaban o perdían intensidad siguiendo irregulares formas concéntricas y abarcaban una rica gama de tonalidades, dependientes de factores tan diversos como: la hora o luz del día, el paisaje estacional que las rodea, la profundidad de las aguas o la diversidad de minerales depositados en su lecho… ¡Un paraíso visual!
Pero fue el oído quién puso el remate sensitivo a la jornada,… un grito fortuito nos permitió advertir la presencia del eco y ello puso en marcha, entre los presentes, un juego de palabras intencionadas que no pretendían explicaciones ni comprensiones, solo buscaban el placer de escuchar en aquel grandioso anfiteatro el sonido hueco, terminal y sin sentido de las palabras elegidas,… quizás la única manera de descifrar los mensajes en clave de las montañas… Tienen que sonar terroríficas las tormentas desatadas en este paraje…


El sábado, regresamos a Logroño después de disfrutar del placer de la conversación con el artesano David Echevarría, alfarero de Naval, recrearnos con el trabajo conjugado de sus manos con el barro y el fuego, y con Simón, sastre jubilado, que tuvo la amabilidad de acompañarnos a callejear por este  pueblo singular, mientras nos contaba sustanciales historias y mostraba los rincones más entrañables de este atractivo municipio oscense… La ciudad estaba inmersa en la marabunta social de las Ferias y Fiestas de la Vendimia de la Rioja.  San Mateo 2.013…  Y volvimos a escuchar la voz ungida de nuestro paternal Gobierno de la nación, velando por nuestros intereses, que presentaba los presupuestos para el 2.014, los “Presupuestos de la recuperación…”. Sí, debe ser así, nos  sirve de ejemplo: la indiscutible pérdida de poder adquisitivo de los pensionistas con la pretendida nueva reforma (bien aconsejada por un conjunto de técnicos que muy mayoritariamente pertenecían a empresas aseguradoras…), la congelación del sueldo de los funcionarios (… que era ya glaciar) o el aumento insignificante de la partida de presupuestos en I+D+I… ¿Los presupuestos de la recuperación…? ¿Recuperaremos los derechos sociales perdidos…? Me temo… No, estoy seguro de que no, que solo recuperaran beneficios los que ya tienen beneficios… A los trabajadores, ya se sabe, a pagar,… pues vivían por encima de sus posibilidades…

Y el domingo,… fue otra vez  el gusto quien finalizo esta primera semana de otoño en Valdeperillo, en el valle riojano del Río Linares, allí recogimos, mientras comíamos a carrillos llenos, grandes y jugosas moras de zarzal (…como melones de Villaconejos). Recolectamos dos preciosas cestas de moras que acompañaran, congeladas, las coloristas macedonias de frutas navideñas, y en melosas mermeladas las sabrosas tartas de queso…


¡¡Qué más se le puede pedir al comienzo de este prometedor otoño…!!

Bueno, sí… Que por fin, nuestros gobernantes comiencen a tratarnos como ciudadanos, no como siervos al servicio de sus intereses.