jueves, 10 de enero de 2013

La ronda del Ighil Mgoum (II)

El valle de Tessaout: entre toufghine y Tasgaïwalt pasando por Megdaz


Acompañados de Ibrahim, el guía de las próximas jornadas, dejamos atrás la bulliciosa y vitalista ciudad de Marrakech, para dirigirnos, en cómoda furgoneta, allí donde comenzaría nuestra "ronda", todavía, más al sur. Recorrimos un paisaje llano y fèrtil, mayoritario de olivos, acompañados de cereales, leguminosas y algunas hortalizas, con avejentadas estructuras de regadío y numerosas barranqueras poco profundas y de aguas estacionales.
Pasada la población de Demnate comenzó el terreno montañoso, la carretera que lleva hasta Ouarzazate se estrechó y comenzó a serpentear hasta el mareo, subimos y bajamos  puertos vistosos, de nombres que nos resultaban impronunciables y de difícil memorización. Accedimos a la Cordillera del Atlas, allí por donde los macizos occidental y central se diferencian geológicamente  y pierden su bravura. Desde las ventanillas de la furgoneta nos cruzamos por primera vez con el Río Tessaout que descendía en dirección sur-norte, propiciaba abruptas quebradas en la caliza y nos enfrentó a panoramas muy estimulantes. Pinos, encinas y sabinas se agarraban con pericia y músculo leñoso a las descarnadas laderas que ascendían con  cabezonería por encima de los 2.500 m. de altitud. Estábamos adentrándonos en unos paisajes naturales y humanos nuevos para nosotros.

Abandonamos el furgón, el guía y nosotros cinco,  para encontrarnos en Toufghine (1.685 m.), junto al puente sobre el Río Tessaout, con el cocinero y los tres muleros, el equipo estaba completo. Después de cargar las tres mulas, iniciamos espectantes, ilusionados y llenos de interrogantes una travesía que iba a rondar durante ocho días el Ighil Mgound.



Fue el primer contacto con estos valles altos modelados por los ríos montaraces que se precipitan tajantes desde las cumbres, aguas desalojadas con prisa de los horadados y meteorizados suelos del macizo central de la Cordillera del Atlas. El primer encuentro con las gentes bereberes ancladas en estas reducidas y aisladas poblaciones que, como un rosario, hemos ido visitando a lo largo del Valle de Tessaout.


Sonidos del Valle de Tessaout: el susurro permanente de las aguas y canciones mientras tomamos un te.
Grabaciones en directo.

Solo tuvimos que recorrer un breve tramo de camino para estar inmersos en la nueva realidad que íbamos a conocer en las próxima jornadas. Pasado Inbrar, pequeña agrupación de viviendas, la actividad en torno a las pequeñas parcelas, todas cercanas al cauce del Ouet Tessaout, era incesante: las patatas estaban recolectadas; los maizales cortados y tendidos, verdes entredorados, en espera de ser cargados en las espaldas de las mujeres o las mulas; las manzanas llegando a la madurez... El trasiego de gente y ganado entre una orilla y otra del río, sin puentes, caminando o a lomos de los borriquillos era incansable.



Sin dejar el camino, llama nuestra atención en la parte baja del mismo, los pequeños habitáculos alineados y adosados unos a otros, que abrirán sus dobles puertezuelas, ahora con candado, cada semana. Ese día los lugareños intercambiarán sus productos por los que llegan ajenos al valle en esta calle zoco, el souk en las afueras de Ifoulou.
Las construcciones de piedra y adobe no resultan extrañas, sí, sus  techumbres planas de madera, ramas y tierra, que nos hacen pensar en las Alpujarras granadinas, no en vano, hay teorías que emparentan a los habitantes de estos valles con las reclutadas en la Serranía de Ronda, allí por el año 1.030, para una campaña de islamización por la región del Río Senegal y que, una vez en Africa, se convierten en desertores y parten hacia los altos valles del Atlas. Uno de estos grupos, de la tribu de los Tessaout, se asentarían en este valle al que darían su nombre.


Sin capacidad ni tiempo para ir asimilando tantas novedades como nos sobrevenían, debíamos proseguir el camino, pues este no había hecho mas que comenzar. Los pequeños núcleos habitados se sucedían sin descanso, tras Ifoulu llegamos Fakhour y nuevas sensaciones e imágenes se agolpaban en las retinas y en el pensamiento, pasamos por esta población, que invitaba a detenernos y callejear, a visitar un agadir, granero comunitario, recuperado gracias a la Cooperación Francesa y al Ministerio de Cultura Marroquí, sin parar. Acompañados por el murmullo río, llegamos a Aït´Ali-n-Ito (1.749 m.), allí conocimos la buena mano de Mohamed, el cocinero, que nos permitio un breve descanso, recuperar fuerzas y acercarnos, aprovechando la tarde, a Megdaz.


En el camino de Megdaz seguimos encontrando una actividad denodada en los pequeños cultivos ubicados en el amplio cauce del Assif-n-Tifticht, deudatario del Río Tessaout. En la otra orilla, contraria al transito de la pista en construcción, aparece como una fotografía antigua virada en sepias y verdes, la población de Imziln, la imagen resulta casi perfecta y destaca con discreción  el agadir.
La denominación de las construcciones va a depender de las regiones: en esta zona llaman kasar - en plural kasur- a un grupo de casas en torno a una torre fortificada, generalmente de planta cuadrada y esquinas reforzadas, que da protección y sirve de almacén de las reservas alimentarias. Es el igren en bereber, podéis ver dos de estos kasur en las fotografías: el de Inzilin a lo lejos y uno de los que hay Megdaz.




Entramos en Megdaz por el camino que ofrecía la panorámica menos vistosa de esta interesante ciudad bereber, para algunos la más bella del Alto Atlas, y hemos llegado al caer la tarde, momento en el que los tonos pardorosados de las construcciones se  integran en las tierras rojizas  de las laderas muy pendientes   y contrasta con los verdes intensos de nogales, manzanos y maizales, de las limitadas tierras fértiles, de la vega. Mi mirada era incapaz de atender con sosiego a tantos estímulos. Estaba atónito.
Cuando callejeamos por Megdaz lo primero  que nos llamó la atención fue el gran numero de personas que vivía en ella, se aproximan a 2.000 los habitantes, que la actividad era incesante, pero no estresante, y que en el abanico poblacional  se veían muchos niños y ancianos, pocos varones jóvenes y por contra eran muy abundantes las jóvenes mujeres.



Superada esta primera impresión, fueron las construcciones de piedra, madera y barro el objeto de nuestro interés. Levantadas con la pericia y el conocimiento que dan los siglos de trabajo y buenos resultados utilizando estos materiales, se yerguen orgullosos ante nosotros edificios que se elevan hasta las cuatro, cinco o seis alturas, de factura sobria y con detalles en ventanales, rejas y celosías que ponen la impronta de estos, apegados a la tierra,  arquitectos bereberes.
A los Tessaout y otras tribus hermanas como los Bulli y los Bourguemez asentadas en estos valles altos del macizo central de la Cordillera del Atlas, cerrados y de difícil comunicación, aunque de climas relativamente benignos, la ganadería resultaba complicada debido a lo escarpado del terreno, abrupto extremo en algunos espacios, sin llegar a ellos las grandes vías de la trashumancia. Por otra parte, la agricultura aunque productiva, en la estrechez de los profundos valles, solo permitía la subsistencia.
Todos estos factores obligarán a estas tribus sedentarias a cambiar sustancialmente sus costumbres, se convertirán, principalmente los hombres, en magníficos artesanos arquitectos, que recorrerán el Sur de  Marruecos, requeridos para la construcción de kasbahs y ksur, quedando la actividad actividad agrícola y ganadera en manos de las mujeres.

Regresamos al pueblo de Aït´Ali-n-Ito con la noche pisándonos los talones  y la cabeza repleta de imágenes y sensaciones apelotonadas,... y solo era el primer día del recorrido.



No acababa de amanecer,  estaba despierto y los sonidos que habían roto el sueño no fueron los habituales : hacía tiempo que había sonado metálica, por la megafonía de calle, la voz del muecín desde la mezquita... y también el encendido y participado debate matinal cantado de los gallos, que estaba en alza por las calles,… y así continuaba, ya bastante apagado, cuando reiniciamos la marcha camino de Aït Hamza, arrullados por el murmullo de las aguas del  río y las voces gritonas curiosas y precipitadas de los muchachos con quienes compartíamos hora y senda. Ellos para asistir, meritoriamente a la escuela, nosotros para seguir adentrándonos en este valle de Tessaout, que se nos antojaba a cada paso más sorprendente y cautivador.

Ait Hamza nos recibe con olor a sabina, envuelta en los primeros humos del alba, los que hornean los panes y calienta la generosa leche de las menudas cabras de estos paisajes, que encuentran sus delicias en los paredones rocosos donde solo crecen salpicados matorrales espinosos, quebradizos y correosos, con poca sustancia. La actividad discurre pausada, los únicos que corren son los chiquillos, con sus calzados simulados que apenas dejan marca en el camino de la escuela.
Destacaré de esta población, por novedoso, su molino de maíz o centeno, con la misma tipología  que los visitados en los acantilados de Estaca de Bares (Coruña), Vega de Horreo (Asturias) o en la cuesta de Huebro (Almeria), con una notoria salvedad, en este, el rodezno que movía las muelas del molino era todavía de madera labrada, posiblemente de sabina. 



Continuó el camino junto al río, a veces por senda confusa y en ocasiones por una pista incipiente y sin consolidar por la que transitan con dificultad algún camioncito colorista, que transporta las nueces, manzanas o patatas que el valle produce, y  se entrecruzara con las mulas o burros sin poder evitar el sobresalto de unos u otros.
Vamos encajonados entre imponentes paredones calizos que o bien se lanzan verticales hasta el mismo cauce del río o se desploman en bloques ciclópeos entre pinos o sabinas, modulando un paisaje caótico y abarrancado en el que se perfilan, esculpidas con paciencia geológica, formas caprichosas y sugerentes. Es una pena no tener tiempo de encaramarnos a lo  alto de estas escarpaduras de Aghoulid-n-Ichbbakene que se prolongan en dirección este-oeste, acompañando al río Tessaout. Espectacular



En este tramo del recorrido dejamos atrás un conjunto de pequeños núcleos habitados todos ellos encaramados en las laderas rocosas, con pequeños huertos y cultivos junto al río o en incipientes terrazas, y que merecerían cada uno una parada y un té… un paseo y observación sosegada… Por contra, pasamos garbosos y algo alejados de estas pequeñas aldeas que forman el conjunto de Ichbbakene, a una altura media entre 2.200 y 2.400 metros.

Dejamos atrás estas poblaciones y el camino atraviesa ahora un espacio que me resultó sobrecogedor geológicamente y demoledor anímicamente: los farallones rocosos que nos habían acompañado se desmoronaban, sus estratos se intuían comprimidos hasta la quiebra en algunos tramos, ruptura que ofrecía un espectáculo de texturas, colores y formas que resultaban apabullantes,… además hacía calor y el camino picaba ligeramente hacía arriba…. Pero tanta maravilla tuvo aquí su contrapunto, este valle que yo comenzaba a idealizar en mi cabeza, nos presentaba otra realidad, durante casi una hora un grupo de muchachos nos iba a escoltar en permanente demanda, mediante gestos y frases cortas  memorizadas en francés… d`argent ….. un stylo, … o en castellano …. Madrid, Barcelona,... Mesi, Xavi, Pujol,….. para volver al francés,… un stylo,... un bonbon... Eramos turistas y  sabían que por pena, o por cansos, podían conseguir alguna dádiva... Nosotros no queríamos dar limosna, podíamos ofrecer algunas pequeñas curas sanitarias, adquirir artesanías sencillas o comprar alimentos,… pero  esto  no lo ofrecían,… solo pedían por pedir,... pues al extraño hay que pedirle. ¡¡¡No,... tienen que hacerse de valer!!! ¡¡¡ Tienen mucho que ofrecer y enseñar!!!
Contrastaba, esta actitud, con la hospitalidad que habíamos encontrado en otros momentos.



El valle era más abierto en las proximidades de Amezri, la laderas quebradas y tortuosas dieron paso a lomas suaves y desmoronadas, de colores tierras y ocres muy intensos. La vega fértil en este tramo del Río Tessaout, es bastante amplia y productiva, los aterrazamientos trepan  laderas arriba con más decisión que en otros  puntos del recorrido y se presentaba a la vista un mosaico de texturas y tonalidades  propio de las campiñas de regadío: maizales y algunas  alfalfas, las patatas recolectadas, calabazas en espera de ser recogidas,… y dando volumen,  a este paisaje humanizado, con hombres y sobre todo mujeres afanados en las tareas, manzanos de variedades  diferentes y nogales, … nunca los había visto con semejante porte, me impactaban.
Amezri es una población populosa, la mayor de las que hemos atravesado, y hasta ella han llegado pistas, que permiten una incipiente comunicación con el exterior, y tendidos eléctricos que, ya sin complejos, se dibujan a lo largo del valle, para acabar de romper el equilibrio visual que este Río Tessaout nos había regalado y que es cada vez más difícil  encontrar.
¿¿Tendré que resignarme a pensar que esto es inevitable??   
... Parece ser que sí.


La tarde caía imparable y sumía en las sombras los campos de cultivo, los cantos lejanos de las mujeres sonaban, ya, nostálgicos y escondidos. Solo las primeras crestas del Ighil Mgoum recibían las falsas caricias del sol, impresionaban los paredones que debíamos empezar a superar la mañana siguiente.
En Tasgaïwalt (2.521m.), Ibrahin y Mohamed el cocinero, compraron a una de las mujeres del pueblo, en su vivienda, huevos recién cogidos de los nidales y un pollo callejero,... que no degustaríamos al completo, pues algún astuto animal parece ser que también había hecho méritos para disfrutar del jugoso manjar...El cocinero boceaba airado por el grado de participación de la alimaña en el festín,... pues había aprovechado la nocturnidad, que ya se había adueñado del austero grupo de viviendas donde pasaríamos la noche, alejados un par de kilómetros del pueblo.


Próximos a encontarnos con el sueño, el pensamiento se recreaba con las emociones vividas en el día, y en mi cabeza algunas ideas comenzaban a ser un tanto obsesivas: era consciente de que  las nuevas pistas de tierra que arañaban los paisajes y los tendidos eléctricos que comenzaban a erigirse alineados, siguiendo el discurrir de los valles, serán las puertas de entrada, a estas poblaciones alejadas del siglo XXI, de las nuevas formas de pensamiento, tecnología y consumo, que tienen derecho a conocer. Llegarán a estos pueblos un desarrollo humano, económico y cultural diferente al propiciado por el aislamiento y aprovechamiento actual del territorio. Espero que aprendan de nuestros errores y se enfrenten al futuro con imaginación, buscando un desarrollo sostenible sin abandonar el territorio, igualitario y justo para mujeres y hombres... Que no tengan prisa en sustituir las túnicas y vestidos, tan coloristas y llenos de sabiduría, por los vaqueros y la camiseta de su equipo de fútbol favorito -pasión por el Barcelona-,... que no abandonen el trabajo artesanal,... que lo completen y reinventen apoyándose en las nuevas tecnologías, sino, la riqueza que se genere solo beneficiará a unos pocos... 

Que no se olviden, que las canciones de los Tessaout también se pueden escuchar en el i-Phone y la belleza de sus inigualables paisajes se pueden ver en la Tablet.

Para ver los mapas con  detalle descargatelos.



Me pide Ibrahim, nuestro guía en las montañas del Atlas, que comunique la forma de ponerse en contacto él, por si alguien desea viajar al Sur de Marruecos. Nosotros valoramos que es un buen profesional.

Trekking en Marruecos 
Ibrahim Morocco Agent
Mountain and Desert Guides in Morocco
Ibrahim inside Morocco  Tel: 00212668 882 715
Rosio Inside Spain Tel: 0034 637205 554

Ibrahin, correo electronico:

toubkaltrekking@yahoo.fr


viernes, 21 de diciembre de 2012

Ha llegado el invierno

 
 

 
Hace frío en las tierras,en las aguas,... en el aire... Hace bastante frío en los paisajes.
 
Hace frío, mucho frío en el ambiente. Hace frío, mucho frío y gran desànimo en las escuelas. Hace frío, mucho frío, gran desánimo y pocos medios en los juzgados. Hace frío, mucho frío, gran desánimo, pocos medios y sensación de tomadura de pelo en los hospitales... Hace frío, mucho frío, gran desánimo, pocos medios, sensación de tomadura de pelo e impotencia... en la mayor parte de la sociedad...
 
¿¿ Será el invierno... ??   
¿¿ ... O será un mal Gobierno ??
 

sábado, 8 de diciembre de 2012

La fiebre de las setas de oro

 
 
 
 

 
 
 

Con el otoño han llegado las lluvias, unas temperaturas agradables las han acompañado  y el frío, haciendo caso al refrán "por San Andrés la nieve en los pies", no ha querido ser protagonista de la estación.
¡¡¡Por fin!!!... ¡Un otoño normal!
 

Y como era de suponer una procesión de gente con la cesta en una mano, los más curiosos, otros muchos con bolsas grandes del supermercado, y en la otra mano la navaja bien afilada,... se ha de utilizar con rapidez y corte limpio, pues hay mucha competencia y no se puede perder tiempo,... hemos salido a  recorrer todos los generosos y variados paisajes de nuestra geografía, recolectando...o acaparando este manjar de dioses, no solo ya de cesares,... en que hemos convertido a las setas.
 


Nuestro paso por los diferentes espacios naturales que transitamos en búsqueda de los preciados tesoros, me refiero a las setas estrella comestibles por supuesto, lejos de ser sensible y respetuoso con el paisaje y los elementos que lo componen, vivos o inertes, suele estar imbuida de prepotencia e ignorancia, que son compañeros habituales, y no nos duelen prendas en cortar, arrancar o pisar todo aquello que  se interponga o frene nuestro propósito acaparador de los hongos o setas objeto de nuestra atención. Nada diferente a lo que hacen los poderes económicos, políticos, religiosos,... con las personas... Nosotros ejercemos el poder frente a una naturaleza que se nos muestra paciente, muy acogedora, que ofrece su imagen más atractiva y sensual,... y además apetitosa.
 
 
 
 
 Así constatamos con tristeza, en ocasiones con irritación, como, en el afán de sustraer la mayor cantidad de setas y con más rapidez (...el tiempo es oro y evita que otro se adelante), no se duda en levantar los mantillos de turbas y hojarasca, creados en años, en grandes extensiones e incluso con medios mecánicos, en lugar de hacerlo con mimo y cuidado, con las manos, para no dañar los micelios y el microecosistema que los contiene, y procurando reponerlo en la medida de lo posible... No,...no para evitar que otro sepa que allí hemos recolectado algún ejemplar de seta, sino porque se lo debemos al paisaje, a la naturaleza, a las siguientes generaciones.

 


Con frecuencia nos encontramos ejemplares de la preciosa, y muy sabrosa, Amanita rubescens arrancada o pisada, por confundirla con la igualmente preciosa y muy toxica, Amanita pantherina... Lo mismo ocurre con muchas de las setas que embellecen los bosques, sotos o praderas,... algunas acaban cortadas  por error o curiosidad y arrojadas después por desconocimiento o rabia de no encontrar la seta que motivó la búsqueda,... otras muchas pateadas o aplastadas con desden por no pertenecer al selecto "grupo de las nominadas" por los gourmets o las modas...

Dejamos los paisajes desolados cuando se corre la voz "están saliendo setas", enseguida, publicaciones, programas de radio y televisión se hacen eco de la noticia,  la "Fiebre de las setas de oro" se instala y extiende como la gripe, y me río yo de la gripe... Somos incorregibles, mejor imperdonables, nunca vamos a entender que el equilibrio es necesario,... que todos podemos disfrutar de todo,... que la naturaleza no es  rencorosa, y sí poderosa, una y otra vez renace de los desastres que le infringimos y nos sigue regalando sus mejores frutos y energías,... Pero la naturaleza no es infinita, si no la respetamos... se agotara.

 


Las setas y los hongos son las joyas que utilizan los paisajes para días especiales, momentos del calendario natural que resultan mágicos, en los que confluyen circunstancias muy diversas y se activan claves que no resultan fáciles de descifrar, aunque  parámetros como la temperatura y la humedad siempre deban acudir a la cita... He tenido la suerte de contar con muy buenos padrinos para acudir a estos encuentros, con ellos he conocido la magia de la micología, el buen hacer de los orfebres y joyeros naturales, el  gusto duende  de los  estilistas emboscados, el diseño matemático de los sabios ocultos en sus madrigueras,... que hacen posible tanta perfección y tanta diversidad.

 


Gracias amigos. Gracias  por enseñarme a recolectar  y no  a sustraer setas,... a ver a través del objetivo de la cámara fotográfica tanta belleza, tan efímera y susceptible de ser destruida,... a conocer otros misterios y secretos de la naturaleza que me permiten admirarla todavía más.
 
 

 

En la próxima campaña de la "Fiebre de las setas de oro" recordad que además de la cesta y la navaja podéis añadir a vuestro taleguillo, papel y lapices de colores o una pequeña cámara fotográfica,... si, almuerzo también,... incluso una lupa, sentiréis que un nuevo mundo micológico está esperando ser descubierto.
 
No os importe recolectar menos setas, hay suficientes para todos,... no pretendáis acaparar sino disfrutar,... descubrir y conocer resulta un manjar delicioso...
 
No podemos hacer, también de esto,  un pemanente negocio,  una competición por ver quien sustrae más de la generosa naturaleza...
 
Las setas y los hongos, como otras muchas cosas, si no las disfrutamos de forma sostenible desaparecerán.  
 
 
 

lunes, 26 de noviembre de 2012

La ronda del Ighil Mgoun

 

Un viaje en el tiempo

 
 
           Canción bereber al finalizar la jornada
 
 
Ha pasado más de un mes desde que regresamos del sorprendente sur de Marruecos,... y era necesario dejar madurar tantas sensaciones experimentadas en el contacto con este territorio y sus gentes, afianzar infinidad de imágenes irrepetibles y retenidas solo en la memoria, responderse gran cantidad de preguntas que surgieron en el viaje y allí no  pudimos resolver... Por ello, ahora que el calentón, propio del regreso, se ha templado, he recopilado nueva e interesante información que enriquece el bagaje que  llego en la mochila, y los archivos fotográficos almacenados en el disco duro me refrescan aquellas que se escondían ya en los pliegues cerebrales,.. es el momento de invitaros a conocer este rincón de la Cordillera del Atlas, desde el punto de vista  de un viajero agradecido, que sabe que el aprendizaje no terminará nunca y estos días han sido muy fecundos.
  

Recorrer los aislados valles de Tessaout, Oulilint, Mgoun y el bajo Dades, nos ha permitido hacer un viaje hacia tras en el tiempo del desarrollo técnico del hombre, hasta tal punto, que en muchos momentos de este singular y exigente itinerario, solo  reseñados detalles en el paisaje, alguna antena parabólica o placa solar en las techumbres de las pequeñas poblaciones que atravesamos, y a las que todavía no habían llegado los tendidos eléctricos ni el agua corriente, nos recordaban que estábamos en el siglo XXI.

 
 
 
Una feraz agricultura limitada al fondo de los profundos valles, que aprovechaba las ricas tierras de alubión depositadas por los ríos embravecidos que se precipitaban de las impresionantes cumbres del Ighil Mgoun, y anclada en las hoces, el arado y la mula o el burro y el trillo, nos revertían a tiempos pasados.
 
También sus rebaños trashumantes de ovejas, cabras y dromedarios, que encuentran en estos valles altos las hierbas, arbustos y matorrales que solo ellos, adaptados a estos terrenos, son capaces de pastar y ramonear, nos hacían pensar en aquellos grandes rebaños de ovejas merinas que transitaban la Península Ibérica, por la red de cañadas sabiamente trazada, siguiendo el ritmo estacional y la riqueza de pastos en sierras y dehesas.
 
 


 


 
Estos días también hemos retrocedido durante el viaje en el discurso del pensamiento humano. Nuestra ideología occidental, ecléctica, acomodada, prepotente... y en crisis, contrastaba con el cerrado vitalismo de las mujeres y hombres bereberes de estos valles altos del Atlas, reforzados por una filosofía de supervivencia frente a una naturaleza dura y hostil, a la vez que generosa y fértil; un imperativo patriarcado, que organiza, manda,... y tiempo atrás, iba a la guerra; y una particular religiosidad, que les condiciona, pero no asfixia.
 
 


Hemos compartido con ellos, en la medida de lo posible, pues nunca dejamos de ser turistas, extraños que están de paso, interesantes conversaciones de trabajosa comprensión e interpretación, y que solo hemos podido descifrar tras superar los babeles idiomáticos (castellano, bereber, francés e inglés) y las solidas e interesadas murallas levantadas por la tradición y los fundamentalismos.
 
Finalmente el recorrido nos permitió disfrutar de un colorista abanico de paisajes , algunos todavía muy humanizados, que nos invitaban permanentemente a retroceder en el tiempo, paisajes vivos que contaban historias como únicamente  lo saben hacer  los paisajes...  Historias que traían a nuestras cabezas territorios de la Península cuyos relatos, escritos tiempos atrás, nos los recordaban: los cultivos aterrazados en el entorno de todas las poblaciones; las laderas pendientes e infinitas salpicadas de sabinas centenarias, ramoneadas y recortadas sin tregua para satisfacer las necesidades de los pobladores; la utilización como únicos materiales constructivos de la piedra del terreno, el barro con paja, la madera de nogal y la sabina (el jenjibre bereber)...
 
 
 
 
 
Otros paisajes, por contra, resultaron casi salvajes, nos sentimos a merced de aquella naturaleza poderosa: el increíble Oumsoud con sus 4.068 m., sus picos acompañantes y los apabullantes circos glaciares que se desplomaban, hasta perderse la vista, por las laderas norte, o el descenso menos abrupto del Macizo del Mgoum por el sur, en busca del desierto del Sahara; la interminable bajada hacia la llanada de Oulilimt y su infinita travesía; las paredes calcáreas de hasta 400 m. de altura de las Gorges de Achabou y sus apenas 2 m. de anchura en algunos de sus tramos, horas caminando mojados por su cauce,... a merced de su voluntad, a merced de los paisajes,  en todos los casos.
 
 
 




Esta era la realidad, los paisajes podían resultar apabullantes, inaccesibles, caprichosos o condescendientes, y los días que estuvimos en aquellos entornos privilegiados y pudimos acceder a sus encantos y disfrutarlos, fuimos muy afortunados. Si a todo esto, le añadimos el buen ambiente que reino entre los componentes del grupo: Ibrahim, Mohamed, otro Mohamed, Aisa, Hamed, Jose, Mercedes, Fer, MªAngeles y Carlos.
¿Que más le podía pedir al viaje, un pastor de paisajes?
 
¡¡¡Gracias Ighil Mgoun!!!
 
¡¡¡Gracias compañeros de viaje!!!
 
 
En la próxima entrada titulada:

La Ronda del Ighil Mgoun

El Valle de Tessaout

Recorreremos este territorio en el mismo sentido que  nosotros lo hicimos. Hasta pronto.
 
 
 
 


 
 
   

martes, 9 de octubre de 2012

Un bosque con duendes en el Barranco Cobarajas


Recorrido el día 21 de Septiembre de 2.012




Sin prisas, con conversación fluida, pues el ascenso es constante pero bien dosificado,  fuimos dejando atrás el entorno de Villavelayo (950 m.) y nos adentramos laderas arribas por el Barranco Cobarajas, teníamos como fin subir al pico Cabezo Herrera (2.002 m.), y si para bien han sido muchas las sorpresas que este recorrido nos ha deparado, una de ellas perdura en mi  cabeza con más fuerza que las demás y coincide esta fijación con la de otros amigos que ese día estuvimos juntos en ese paisaje lleno de magia.

Al comienzo las praderas agostadas (... amayadas, ajuniadas, ajuliadas,...), salpicadas de robles de porte adusto, fresnos, arces (...) espinos albares,...forman un panorama adehesado que quiere vestir ya galas otoñales, mas la perseverante sequía afincada en este territorio en los últimos años  impide a los protagonistas, los árboles, mostrar su rica gama de colores encendidos, provocadores, brillantes que estimulan los sentidos e invitan a disfrutar de los misterios y fantasías ancestrales que los bosques encierran. Se presentan, los árboles, ante nosotros mustios, deshojados, bajos de tono,... y sin la banda sonora que en estas fechas suele ser fiel a su cita, la berrea de los ciervos, lugareños, pastores y forestales refieren las calamidades que están padeciendo la fauna en general y los grandes mamíferos en particular, a causa de la sequía. Al paisaje se le nota triste, carente de vitalidad, que se adapta a duras penas al evidente cambio de clima.






Nos adentramos en el bosque en busca de  frescura, pero los pies no transitaban por una alfombra  tierna que acallaba nuestros pasos, no dejaban huella de su tránsito,... demasiadas hojas tapizaban ya el suelo y se quejaban, crepitando su ruptura, de nuestro transito; los arroyos  fluían escondidos y sin convicción, el agua se dejo ver de forma discreta cuando la ascensión  nos hacía  ya respirar jadeantes y el aire  resecaba las gargantas.

Y fue entonces, cuando los duendes decidieron guiar nuestros pasos y las miradas. Se prestaron a enseñarnos uno de esos rincones que reservan para sus andanzas y la magia.

Nos percatamos de la presencia entre los robles de una silueta  sombría y aspecto robusto que requería nuestra  atención, no hicimos oídos sordos a su llamada. Era un acebo centenario el que nos invitaba a recostarnos a tres de nosotros a la vez en la braceada tronquera, reposar las espaldas en su fornida constitución era recibir un calambre de energía silenciosa que reconfortaba el cuerpo... y hasta el alma !!!






Su presencia nos inspiraba confianza e invitaba a pasear las manos por su fina, nodulosa y redondeada corteza, creo que en el fondo buscábamos arrancar con nuestras caricias sus    favores, sentir que formamos  por un rato   parte de su fuerza, de su longeva sabiduría vegetal. Él se deja querer y se siente, también hasta el fondo de sus raíces, alagado con el calor de nuestros cuerpos, los mimos han roto  por un instante la querida y sedente soledad de su centenaria existencia.





Comprendí entonces las palabras de Joaquín Araújo en su libro La sonata del bosque, cuando contaba:
" Los árboles sueñan sobre todo en tendernos amables emboscadas para que acabemos siendo emboscados. Por eso, algún día se despertarán y se encontraran con la mirada, al fin fraternal, de los humanos. "

Sentados y relajados nos dimos cuenta que aquel abuelísimo de los acebos no estaba solo, en el espesor del robledal comenzaron  a dibujarse nuevas siluetas y formas escultóricas que recuerdan a Botero se exponen de manera permanente en esta  galería natural. Nos vamos desplazando con asombro  de un ejemplar a otro de acebo y no podemos evitar acariciar sus lomos vegetales, rozar sus redondeces y sentimos que se ha establecido una indescriptible comunicación que solo  puede explicarse por la magia que encierran los bosques.





Proseguimos la ruta en busca de la cumbre del Cabezo Herrera con la sensación de haber sido agraciados con la suerte de los duendes del Bosque de Cobarajas y con la sensación de que en los Barrancos del Reato o la Capellania, en el Vallejo los Lobos,... nos encontraremos otra vez con los caprichosos duendes del bosque